La utilización de moldes facilitó a los alfareros hispanorromanos no sólo la producción y seriación a gran escala de vasijas de Terra Sigillata sino también abaratar los costes de producción y permitir a las clases menos pudientes el acceso a la adquisición de este producto.
PROCESO DE ELABORACIÓN DEL MOLDE:
Centrado de la pella en el plato del torno.
Apertura de la pella de barro conformando un cuenco en cuyo interior se introducía la terraja con la que era definida la forma del molde.
Una vez obtenidas la forma y el tamaño deseados del molde, se procedía al alisado interior y exterior de sus paredes. Terminada esta operación, se cortaba con un hilo el molde dejando secar éste hasta alcanzar la dureza de cuero; pero suficientemente blanda para admitir la talla y decoración de su superficie).
Cuando el molde había alcanzado la dureza de cuero era centrado sobre el torno para proceder a su repasado o retorneado. Finalmente, se realizaba un agujero de 0,5 cm de diámetro en la base del molde, para permitir la salida del aire en el posterior proceso de reproducción de la pieza y favorecer el secado de la base de ésta.
DECORACIÓN DE LOS MOLDES
La decoración con las estampillas se realizaba cuando el molde tenía dureza cuero, y controlando la presión ejercida para que la impronta no fuera demasiado profunda. Existe una gran variedad de decoraciones de Terra Sigillata Hispánica. El proceso decorativo más frecuente fue la división del interior del molde en sectores o anillos que se rellenaban de motivos decorativos:
En primer lugar, se establecían los delimitadores, líneas de división.
Posteriormente, eran aplicadas las figuras principales: ovas vegetales, animales, figuras geométricas, etcétera.
La última fase consistía en rellenar los espacios libres con los motivos más pequeños.
El molde era cocido en el horno cerámico a 850° C, permitiéndole conservar un alto grado de porosidad para así poder absorber la humedad del barro de la pieza.