Hay dos formas de pedirte o hacerte decirme lo que necesito oir. La primera soy yo, la segunda otra persona que no te gustaría nunca conocer, sólo con saber que existe y que estás en la muy cercana posibilidad de encontrarte con ella debería ser suficiente, porque una vez que pasas de mí y llegas a él, no podrás hacer otra cosas que olvidarte de ti y de cualquier esperanza excepto una, y si llegando el momento te encuentras en esta última y desgraciada situación, mas te vale que salgas en tu mente muy fuera de tu cuerpo porque será el primero que caiga y deserte y en tiempo te traicionará abriendo huecos, demoliendo los tabiques de tu mente y abrirá una a una ventanas tan duras que la luz que empiece a penetrar te deslumbrará tanto y arderá tanto que tu mas profundo escondite ira quedando expuesto como rebanadas de tu propia carne al sol. Ahí desearas renunciar, y quizás pensarás ser capaz de apagar la luz y escapar de la incesante penetración de dolor, pero ya te han cortado los pies y te será imposible huir, tu cuerpo y tu mente esta ahora contenidos dentro de un estanque y eres manipulable en absoluto a las manos de tu captor y finalmente, con suerte, también tu verdugo. Y la transformación de captor a verdugo será tu esperanza, ella te matará antes que mueras clínicamente, aun ahí tendrás esporádicamente consciencia de ti.
El otro camino soy yo, que no reconozco lo salvaje, te puedo dar una muerte rápida e indolora, tan espontánea que raya en virtuosismo para mí y lo imperceptible para ti. El problema de decisión no radica tanto en ti, sino en mí. Lo que debo de oír de ti debe decidirme a tomar uno u otro camino, con tanta convicción que no deba haber en mí ningún tipo de duda, ya que en mis manos esta tu alma en ingenua libertad o purificada liberación. Ésta, mi labor, podría dejarme mas horas de sueño si todos terminaran en mis manos, sin embargo mi labor es obtener aquella absoluta verdad que beneficie nuestra empresa, y si ella no aparece frente a mi, o no ha sido lo suficientemente nítida para poderla yo apreciar sin dificultad, obligación mía es llevarla al siguiente proceso de observación. Así, que tu decides cual es tu camino, y yo conduciré tu destino.