La técnica de reestructuración cognitiva es una parte fundamental de la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) que se utiliza para ayudar a las personas a identificar, desafiar y cambiar pensamientos distorsionados, irracionales o negativos, conocidos como "distorsiones cognitivas".
Algunas rutinas para ejercitarla:
El primer paso es ayudar al individuo a reconocer sus pensamientos automáticos, que son aquellas ideas que surgen espontáneamente en respuesta a situaciones específicas y a menudo son negativos o críticos.
Ejemplo Práctico: Un adolescente que recibe una crítica en la escuela puede pensar automáticamente, "Siempre hago todo mal. Soy un fracaso".
El terapeuta ayuda al adolescente a examinar la evidencia real que apoya o refuta estos pensamientos automáticos.
Ejemplo Práctico: El adolescente lista los momentos en los que ha tenido éxito y las veces que ha recibido comentarios positivos, para contrastarlos con el pensamiento de que "siempre" hace todo mal.
Se enseña al adolescente a identificar tipos comunes de distorsiones cognitivas, como la sobregeneralización, el pensamiento todo o nada, la lectura mental o el catastrofismo.
Ejemplo Práctico: El pensamiento "Soy un fracaso" es una sobregeneralización porque una sola crítica no define todas las capacidades del adolescente.
Se anima al adolescente a cuestionar la validez de sus pensamientos automáticos con preguntas como "¿Esto es siempre cierto?", "¿Hay otra forma de ver esta situación?" o "¿Este pensamiento me ayuda o me perjudica?".
Ejemplo Práctico: El adolescente reflexiona sobre si una crítica en un área significa que todo lo que hace está mal.
El objetivo es crear pensamientos más realistas y equilibrados que reflejen más precisamente la realidad y los resultados posibles.
Ejemplo Práctico: En lugar de pensar "Soy un fracaso", el adolescente podría aprender a pensar, "Cometí un error esta vez, pero puedo aprender de él y mejorar".
El adolescente pone a prueba los pensamientos alternativos en situaciones reales para experimentar su efectividad y para reforzar patrones de pensamiento más adaptativos.
Ejemplo Práctico: La próxima vez que recibe una crítica, el adolescente se recuerda a sí mismo el pensamiento alternativo y nota cómo se siente menos angustiado y más capaz de responder de manera constructiva.
La reestructuración cognitiva es un proceso continuo. Se alienta al adolescente a seguir practicando estas habilidades en diversas situaciones y a discutir los resultados en sesiones posteriores con su terapeuta.
Ejemplo Práctico: Cada vez que el adolescente se enfrenta a desafíos o críticas, utiliza la reestructuración cognitiva para mantener una perspectiva equilibrada.
Este enfoque ayuda a los adolescentes a desarrollar una mayor resiliencia emocional, a mejorar su autoestima y a reducir los comportamientos agresivos o negativos que a menudo resultan de pensamientos distorsionados.