La familia “perfecta”
Es muy fácil admirar algo desde la distancia, creer que algo es perfecto o asombroso sin conocerlo o envidiar algo o a alguien a quien simplemente crees conocer; sin embargo, ¿qué es realmente la perfección? En filosofía, la perfección es vista normalmente como algo inalcanzable para el ser humano y según Aristóteles la perfección es una ilusión. Esto dicho de forma más cotidiana podría ser simplemente que la perfección no existe, nunca.
Todo siempre esconde sus secretos por inmejorable que parezca.
Esto es un poco lo que pasa con mi familia. Me llamo Paula y tengo 16 años. Tengo una hermana pequeña, Lucía. Mi padre es dueño de una gran empresa de energías renovables y mi madre es cirujana. Vivimos en una casa preciosa y grande en el mejor barrio de Madrid.
Sí, lo sé, ahora mismo estaréis pensando que soy una quejica o una desagradecida y que tengo la familia que mucha gente soñaría, de esas que nunca salen mal en las fotos o a las que nunca les falta de nada. Y sí, tal vez tengáis razón y en parte sea así, pero no os centréis en lo que se ve desde fuera, sino en lo que pasa cuando cierras la puerta.
- ¡Paula! ¿Qué haces?
Esa es mi hermana.
- ¡Escribir!
- Pues, venga, déjalo ya que hay que ir a cenar.
- ¡Voy!
Abro la puerta de mi cuarto y me dirijo escaleras abajo directa al comedor.
- Venga hija que te estábamos esperando. Me dice mi madre
Y es entonces cuando comienza la misma cena callada de todos los días. Cuando te sientas a cenar con tu familia normalmente es para hablar sobre cómo os ha ido el día o para comentar una “peli" que hayas visto, lo que sea, pero hablar. Sin embargo, en mi familia nunca ocurre eso; de hecho hay días que ni siquiera cenamos todos juntos. Mi padre habitualmente llega bastante tarde del trabajo por lo que cena después, y si no, está tan cansado que solo saluda y cena, pero no dice nada más. Además tengo la sensación de que algo no va bien en la empresa, ya que últimamente casi no habla de ella y se pone
nervioso cada vez que sacamos el tema. Mi madre siempre está preocupada por algo del hospital, algún paciente, alguna operación, cualquier cosa, el caso es que está siempre sumida en sus pensamientos. Y mi hermana, desde que le dieron el móvil hace unos meses lo único que hace durante la cena es jugar a alguno de los juegos que tiene descargados o chatear con sus amigas.
Y la peor parte de todo es que esto no solo ocurre mientras cenamos, se podría decir que es nuestro día a día. Mis padres siempre están metidos en el trabajo y en la perspectiva que tiene el resto de la gente sobre nosotros, y mi hermana y yo siempre estamos concentradas en sacar las mejores notas para que luego nuestros padres estén orgullosos de nosotras.
Después de la cena subí a mi habitación y me tumbé en la cama pensando un día más en el silencio que siempre acechaba en mi casa, en lo poco que hablábamos. Entonces me pareció escuchar a mi hermana llorar, me levanté y me fui directa a su cuarto.
- Lucía, ¿estás bien?
- Sí, no te preocupes, estoy bien- me dijo secándose las lágrimas.
- ¿Por qué me mientes? Es evidente que no estás bien, si no, no estarías llorando.
- Bueno, es que estoy un poco preocupada por el colegio. Voy fatal, creo que me van a quedar cinco. Papá y mamá me matarán.
Me sorprendí mucho al escucharla decir eso. Lucía siempre había sacado muy buenas notas, incluso mejores que las mías.
- Lucía, pero siempre has sacado muy buenas notas.
- Ya lo sé, es que últimamente he estado muy distraída. Me desconcentro mucho cuando estudio, no puedo evitar contestar mensajes a la vez y a veces me meto en redes sociales y cuando me quiero dar cuenta han pasado horas que he perdido de estudio.
- Eso es un problema Lucia, ¿cómo no nos habías dicho nada antes?, te
podríamos haber ayudado.
- Es que no sabía cómo, sobre todo a mamá y papá que últimamente están muy preocupados con el trabajo y mamá muy cansada
- Bueno, no te preocupes, seguro que podemos solucionarlo, pero tenemos que hablar con ellos. Ahora acuéstate anda, que ya es tarde.
Esa noche me dormí pensando en mi hermana, en el problema que tenía. Y también pensé en mis padres y en cuánto los necesitábamos, las dos.
Yo también llevaba un tiempo mal, no por las notas, sino porque me sentía muy sola.
Antes pensaba que la soledad era no tener a gente a tu alrededor, pero ahora, años después me he dado cuenta de que puedes sentirte sola incluso rodeada de gente. Eso es lo que me lleva pasando desde hace un tiempo a mí. Estoy como desconectada del mundo y creo que es porque últimamente no soy capaz de dejar de sobrepensar todo. Estoy continuamente nerviosa, preocupada y hay veces que ni siquiera sé el porqué. Tampoco he sido capaz de contarlo porque no quiero preocupar a nadie. Sobre todo con algo así, no
es nada grave, es una tontería. No debería estar preocupada por nada, pero el caso es que lo estoy y que no soy capaz de controlarlo.
Unas semanas después llegaron las notas a casa. Yo estuve intentando ayudar a mi hermana a recuperarlas un poco, pero fue imposible ya que no teníamos mucho tiempo.
Ella estaba asustada, primero porque tenía que recuperar un montón de asignaturas y no se veía capaz y segundo porque no sabía cómo iban a reaccionar mis padres.
Llegó la cena, pero esta sería una cena diferente.
- Mamá, papá, os tengo que contar una cosa- dijo mi hermana angustiada.
- Claro, hija, dinos- contestó mi madre.
- Es sobre las notas, nos las han dado hoy y están fatal. Últimamente no soy capaz de concentrarme y estoy mucho tiempo con el móvil. Lo siento mucho de verdad, sé que es mi responsabilidad, pero es que no sé qué me ha pasado. No he sido capaz de controlarme y he perdido mucho tiempo. Entiendo que estéis enfadados. Mis padres se quedaron sorprendidos, claro que no se esperaban que Lucía pudiese sacar malas notas. Mi hermana estaba asustada, como esperando el terrible castigo que le esperaba. Pero para nuestra sorpresa la respuesta fue otra muy diferente.
- Pero hija, ¿cómo no nos has dicho nada antes?- preguntó mi madre con
expresión de preocupación.
- Sí hija, tendrías que haber hablado con nosotros- añadió mi padre.
- Sí, lo sé, lo siento mucho, es que no quería preocuparos. Últimamente estabais muy cansados con el trabajo y no quería causaros más problemas, pero cuando intenté salvarlo ya era demasiado tarde para recuperar las asignaturas.
- Esto es culpa nuestra, hemos estado demasiado centrados en nuestras cosas y hemos estado muy poco con vosotras- dijo mi padre con voz triste.
- Sí, hijas, lo sentimos mucho. Lo más importante para nosotros sois vosotras, pero no hemos sido capaces de demostrarlo.
- No es solo culpa vuestra. Nosotras también hemos estado alejadas y tampoco hemos
confiado en vosotros para contaros ciertas cosas. Lo sentimos- dije.
- Hija, ¿tú tienes algo que necesites contarnos?, ¿tus notas han ido bien?
- Sí mamá, las notas están bien, tranquila. No son las notas. Mi problema es que últimamente me siento muy sola, estoy todo el día preocupada y nerviosa y lo peor es que no soy capaz de controlarlo. Además, no estoy agusto conmigo misma, me veo mal y nunca confío en mí misma. Creo que necesitaba ayuda, aunque no he sido capaz de pedirla.
Y sí, lo dije todo, les conté todo a mis padres: cómo me sentía, lo mal que lo estaba pasando.Y en cuanto terminé de hacerlo me sentí mucho mejor, me di cuenta de que no era una tontería porque me hacía pasarlo mal. Es como si antes llevara colgada una pesada mochila y ahora me la hubiese quitado. ¡Es genial!
- Yo estoy preocupado por la empresa. Cada vez va a peor y perdemos más dinero.
No sé si voy a ser capaz de sacarla adelante- confesó mi padre.
- Y yo estoy reventada de estar todo el día en el hospital- terminó confesando también mi madre.
- Creo que todos hemos estado muy aislados unos de otros. A partir de hoy vamos a contarnos todo, a ayudarnos entre todos. No vamos a estar solos nunca más. Y ese fue el día en el que mi familia cambió. Todo empezó a ir mucho mejor y me di cuenta de lo importante que es la familia y de cuánto yo necesitaba a la mía, aunque no me hubiese dado cuenta hasta entonces. Todo en la vida cambia, el colegio, los amigos, los estudios, los equipos, pero lo que nunca debería cambiar es nuestra familia. Ellos son los que de verdad te van a entender siempre, te van a apoyar a pesar de todo y te van a querer por
encima de todo.
Y sí, mi familia no era perfecta, y aunque nunca conseguimos que lo fuera, aprendimos a solucionar nuestros problemas y a ayudarnos más entre todos. Antes teníamos el superpoder de callarnos todo y de ocultar lo que sentíamos. Ahora tenemos el superpoder
de darnos cuenta de todo lo que nos pasa y estar ahí los unos para los otros. Porque al final del día eso es lo que siempre va a permanecer.
Emma Maía Romeo 4ºB