“Significado espiritual de la Cuaresma”



 

Este año 2023 conmemoramos el sesenta aniversario del documento conciliar SACROSANCTUM CONCILIUM. Este documento es, de todos los siglos que tiene la Iglesia, el texto que abarca la divina liturgia en todos sus aspectos. Desde inicios del siglo XX hasta nuestra época actual, podemos afirmar que el Espíritu ha impulsado cada una de las distintas etapas: la primera la conocemos como -Movimiento litúrgico-, esta etapa tan enriquecida por el anhelo de profundizar los misterios que celebramos; la segunda es la -Reforma litúrgica-, impulsada plenamente por el Magisterio del Concilio Vaticano II; y la tercera etapa, la cual nos toca vivir y hacer vida en nuestra Iglesia particular es: la -Espiritualidad Litúrgica-, donde la experiencia mistagógica de la comunidad de creyentes, tiene un papel fundamental.

 

En esta sintonía, es oportuno centrar el tiempo litúrgico que comenzamos con la ceniza. El prefacio de Cuaresma I nos expone su importancia:

 

“para que dedicados con mayor entrega

a la oración

y a las obras de caridad, 

por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida,

lleguemos a ser plenamente hijos tuyos.”

 (PREFACIO I DE CUARESMA, significado espiritual de la Cuaresma)

 

 

En un primer momento, impulsados por el Espíritu Santo, tomamos consciencia de la necesidad de cambiar y acercarnos a Dios. La Cuaresma es el tiempo oportuno de una autentica “metanoia” (cambio, conversión, opción por lo mejor). La cuaresma no surge en la Iglesia como camino penitencial propiamente dicho, sino como profundización en los misterios que giran en torno a la persona de Jesús, el Hijo de Dios. Para muchos ha sido el tiempo del “catecumenado”: tiempo para aprender más de Dios y de la comunidad de creyentes que forma la Iglesia.

 

La semana santa, tiene un núcleo central, del cual toma todo su sentido: el Triduo Pascual. Estos días, conmemoramos como fieles el Misterio más grande de nuestra fe, la Redención del género humano. Quien es la Vida, se ha entregado por nuestra salvación.

 

El acento definitivamente no está en la Cuaresma, lo que marca definitivamente la vida de todo fiel creyente en Cristo es el Misterio Pascual. Antiguamente se le llamaba “Pascua florida” es interesantísimo este concepto, profundicémosle un poco:    

 

 

¿Te has dado cuenta que el miércoles de ceniza con el que inicia la Cuaresma coincide con el retoñar de los árboles que han pasado por la crudeza del invierno? El ser humano, ha pasado por lo mismo y la cuaresma da la oportunidad de comenzar de nuevo.

 

¿Te das cuenta que la semana santa coincide con el inicio de la primavera? Es el tiempo en que las flores resplandecen en sus colores y aromas. Nosotros al vivir este proceso de conversión, llegamos a injertarnos en el Misterio de Cristo participando se su pasión, muerte, sepultura y resurrección.

 

¿Sabías que la fiesta de la cosecha, en el pueblo hebreo, se llevaba a cabo cincuenta días después de la Pascua? Los cincuenta días de la Pascua, inmediatamente después de semana santa, son tiempo de gracia para profundizar los misterios de nuestra Redención. Hacemos vida el Evangelio a través de las obras de Misericordia: ellas son fruto maduro de un corazón que se sabe moldeado por la infinita benevolencia de nuestro buen Padre Dios.

 

Comencemos este tiempo cuaresmal, acompañando con nuestra oración, a quienes, en este año en las festividades de la Pascua, recibirán el Bautismo, Confirmación y participarán plenamente de la Eucaristía, al recibir la primera comunión.

 

 

P. Víctor Isaí Herrera Vázquez

Director del Secretariado arquidiocesano de la pastoral litúrgica.

Arquidiócesis de Monterrey