Nos despertamos con calma la mañana del domingo. Acabamos de ajustar los relojes al horario de invierno y disponemos de una hora más para organizar nuestra partida. Nuestro último desayuno en Atenas está lleno de dulces momentos (y también salados).
Obligada visita antes de dejar el apartamento es el Primer cementerio de Atenas, solo a un paso de cebra de distancia. Paso de cebra imaginario... Como de costumbre, cruzamos la avenida al más puro "estilo griego".
Es casi víspera de Todos los Santos y el vetusto cementerio está siendo preparado para su gran día. Entre flores y lápidas descubrimos el mausoleo del gran Heinrich Schliemann, descubridor de los restos de Troya y Micenas. Está allí enterrado junto con la que fue su segunda esposa, Sofía, de origen griego.
En el camposanto descansan también otras figuras imprescindibles de la historia de Grecia como Theodoros Kolokotronis (líder en la guerra de independencia griega, llamado "libertador de Grecia"), Andreas Papandreu (fundador del PASOK y presidente griego durante varias candidaturas), los cantantes Melina Mercouri y Demis Roussos o los poetas Odysseas Elytis y Giorgos Seferis.
Todavía nos queda algo de tiempo para hacer una rápida visita al Estadio Panatenaico, construido para celebrar los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna.
El Mausoleo de Schliemann
La tumba de Kolokotronis
El estadio Panatenaico
Por fin ha llegado la hora de la despedida.
Miramos la Acrópolis por última vez antes de cerrar la puerta de nuestro apartamento y, con las maletas a cuestas y un peso considerablemente mayor que el de la ida, tomamos el metro en dirección al aeropuerto. Una vez allí, nos encontramos una tremenda sorpresa: nuestra compañía ha vendido billetes a más personas de las que podía alojar en el avión y hemos llegado tarde para obtener nuestra tarjeta de embarque. El temido overbooking nos hace pasar en vilo las dos horas de espera en el aeropuerto. Finalmente nos asignan un asiento, lo que hace que sangre la vuelva a fluir por nuestras venas con normalidad.
Tras un vuelo de lo más agradable, en el que nos ofrecen WiFi (aunque no funciona) y un refrigerio (enormemente bienvenido pues son las 15h. y nos ha sido imposible comer nada en el aeropuerto) llegamos a Barcelona. Aprovechamos las horas de coche para redactar este último relato de nuestro diario de viaje.
Ha sido una experiencia positiva en todos, absolutamente todos los sentidos. Hemos aprendido y disfrutado a partes iguales, hemos conocido gente fantástica y, sin duda, vamos a ser mejores profesoras al aplicar lo aprendido durante este curso.
Nos hemos dejado muchas cosas en el tintero, sin embargo. Aquí va una somera enumeración de lo que tenemos que hacer cuando volvamos:
• Subir al monte Filopapo y fotografiar la Acrópolis desde allí
• Usar el teleférico para subir al Licabeto, la colina más alta de Atenas
• Visitar el museo de arte cicládico
• Ver el Cerámico
• Visitar el sitio arqueológico de la Academia de Platón y del Liceo de Aristóteles
• Pillar abierto el templo de Sounion
• Dar una vuelta por el mercado de la carne y sus pintorescos alrededores
• Probar las croquetas de calabacín
• Tomar un zumo enorme por 1 euro
• Comer aún más pitas
• Beber aún más frapés
• Ver una actuación de bailes griegos
• Volver con un nuevo tatuaje
• και τα λοιπά...