"Estábamos mi amigo el detective Jhonson y yo, tomándonos un café juntos cuando de repente llegó la señorita Fernández y nos dijo que teníamos un caso por resolver. Una vez habíamos arribado al lugar nos encontramos con un sótano en medio del bosque en el que habían policías en la puerta para que la gente no entrara, -somos los detectives- dijo mi amigo y nos dejaron pasar para ver una horrible escena en la que habían niños sin brazos y sin ojos, al lado de estos estaba un patólogo quien comentó que también les faltaba la lengua".