Luca y Mariam eran dos amigos que vivían en una ciudad costera. No les importaba nada el cuidado del planeta, ni la limpieza de su ciudad. Se pasaban el día desplazándose en moto o coche por muy corto que fuese el trayecto, incluso en los semáforos apretaban el acelerador para hacer salir humo del tubo de escape y hacer que sonara un ruido estruendoso del motor de sus vehículos. Esto les hacía sentirse importantes.
Nunca reciclaban y tiraban la basura en la misma bolsa y, a veces, la tiraban al suelo sin ningún tipo de rubor. Solían comer comida precocinada y cuando iban a la playa, tiraban los plásticos al agua del mar o los dejaban en la arena. No respetaban el trabajo del personal de limpieza ni de otras personas que ayudaban en la conservación de las ciudades. Pensaban que mientras más basura tirasen en la calle, más necesidad de personal de limpieza habría. Y que era bueno que hubiese muchas fábricas, aunque contaminasen sus gases tóxicos y el humo de sus chimeneas con energías no renovables.
Un día estaban aburridos y decidieron hacer una carrera con las motos por la ciudad, sin importarles si molestaban o ensuciaban la atmósfera, pero, al salir de una curva cerrada, de manera sorprendente e impactante cayeron en un agujero negro que los condujo a un lugar inhóspito, que no llegaban a conocer, pero que les era familiar.
Fueron paseando por unas calles donde de tanta polución y suciedad que había en la atmósfera casi no se podía ver el cielo. Algunas personas iban con mascarillas para evitar la polución. Las carreteras estaban tan llenas que era una caravana continua de coches, motos, autobuses y demás vehículos contaminando. El ruido ensordecedor de los motores era muy molesto, por lo que se metieron en un edificio que casi no tenía ventilación, ni plantas de decoración y que utilizaban energías no renovables para todo. Subieron varias plantas, se asomaron por una de las pocas ventanas que había y comprobaron que en la ciudad casi no había parques, ni árboles, ni plantas que pudieran oxigenar un poco el ambiente. Pero aun así, les parecía familiar y conocido lo que veían y se dieron cuenta que estaban en su ciudad, pero unos 50 años más adelante. Pensaron en irse a la playa, a lo mejor en un espacio más abierto había menos contaminación. Pero no, la arena estaba llena de plásticos, latas y cristales, por lo que decidieron meterse en el agua, donde también descubrieron muchos plásticos, algunos de los cuales tenían atrapados a varios peces. Se agobiaron mucho pensando que ellos habrían contribuido con sus acciones en el pasado a que existiera este lugar tan poco saludable para vivir. De repente, se empezó a formar un remolino de agua alrededor de ellos que los engulló y, al salir, se vieron de nuevo en la playa, en su ciudad, pero en la época actual.
Fue tal el impacto que sufrieron al ver en lo que se podía convertir su ciudad si seguían contribuyendo con sus malas acciones que empezaron a cuidarla y también sus alrededores, se compraron coches eléctricos, propusieron el uso de energías renovables como las placas solares en edificios y otros lugares. Empezaron a luchar porque hubiera más parques y naturaleza en la ciudad, ya si reciclaban y se dedicaban a difundir entre sus amigos, familiares y otras personas la importancia de todas estas acciones para que el lugar donde vivían y el planeta en general fuese un sitio mejor, con más calidad de vida. A partir de entonces, la ciudad fue un lugar mucho más agradable para vivir y ellos se sentían mucho mejor.