La cultura está presente en todas nuestras localidades y se construye desde la práctica cotidiana, con los elementos propios del contexto y estructurados en el imaginario local, que le da un sentido y significado propio de la región que se comparte de generación en generación.
En este sentido, si comprendemos la cultura como “El sistema de creencias, valores, costumbres, conductas y artefactos compartidos, que los miembros de una sociedad usan en interacción entre ellos mismos y con su mundo, y que son transmitidos de generación en generación a través del aprendizaje” (Plog y Bates, 1980), entendemos que todos tenemos cultura y la expresamos día con día a través de prácticas culturales que son todos los eventos cotidianos o extraordinarios que permiten a las personas construir colectivamente una forma de entender el mundo.
Por lo que cuando la escuela se ocupa de la cultura tiene como obligación ética partir de los referentes y prácticas culturales que se desarrollan en el contexto en el que interviene, con el fin de construir el concepto junto con los individuos y descubrir las estructuras de esas expresiones culturales al compararlas con otras manifestaciones.
Así, desde este referente, el arte para educar trasciende los límites de la didáctica tradicionalista en la que se enumeran un conjunto de premisas y se convierte en una práctica reflexiva continua de acciones culturales compartidas; con el fin de observar la vida y el mundo más allá de los sentidos, descubrir las emociones y actitudes que se manifiestan e incentivan con estas prácticas culturales.
Se trata de hacer coincidir el intelecto con la intuición (Arnheim, 1993) en actividades en las que se estimulen los sentidos en conjunto y se reflexione en conjunto sobre las experiencias íntimas que se generan. Educar con el arte va más allá de sólo mostrar expresiones culturales extranjeras, se trata de hacer partícipes a los individuos a vivir la experiencia de hacer arte, de crear y mirarse en la creación.
Al trabajar el arte como dispositivo de comunicación de las ideas y percepción del mundo se desarrolla el pensamiento divergente, que permite la construcción de soluciones creativas y la flexibilidad para confrontar el cambio; se desarrollar un mayor interés por el conocimiento al identificar las sensaciones que este activan; y se enriquecen las actividades de aprendizajes que se plantean en el aula generando mayores vínculos con los contenidos y nuestras emociones.
El arte nos ofrece un espacio para imaginar y representar nuestro mundo de maneras distintas, para reinventarnos. Nos permite ser creativos y encontrar nuevas maneras de entender el mundo. La imaginación implica libertad interna, resistencia y creatividad que puede cruzar los límites de la realidad. Así, con imaginación y creatividad recrearnos para revitalizar nuestro mundo y transformarnos.