La novela, escrita por la autora Ana María Matute, fue finalista del premio Nadal en 1949, también premio de la crítica, pero no se publicó la versión autorizada hasta 1955 bajo el título En esta tierra, terriblemente mutilada por la censura. La versión original se publica en 1993, revisada por la autora y con el título de Luciérnagas, un nombre cargado de simbolismo que hace referencia a los pequeños insectos homónimos. Este animal es característico por emitir una pequeña luz a su alrededor desde la zona inferior con el objetivo de atraer a otro de su especie y aparearse, igual que hacen nuestros personajes.
Ana María Matute pertenece a la generación del 50 y a su vez a la de los “jóvenes asombrados”, nombre que ella misma acuñaría para designar a los autores que reflejan la situación de la Guerra Civil en su infancia. El título de esta evoca sensaciones únicas, reflejadas en una clara metáfora dentro de la novela: muestra, sin duda, la luz que desprenden dichos insectos, que simboliza valores como la amistad, el amor, o la fraternidad; ideales de la adolescencia en contraposición a la familia, que simboliza la infancia. Entre las miserias de los adultos, estos niños, que no las entienden, son breves luciérnagas que brillan quedamente en la noche, son la única esperanza que queda, porque se tienen a sí mismos.
El título de la novela es alegórico. Las luciérnagas son insectos cuya característica principal es la emisión de una luz propia. Esta luz les permite realizar el cortejo nocturno entre machos y hembras: los machos emiten una serie de destellos particulares durante su vuelo y son respondidos, o no, por las hembras. Si sucede, el apareamiento puede darse; también, las hembras pueden desactivar su luz si sienten que están en peligro.
Generalmente, cuando las luciérnagas aparecen en obras artísticas, se suelen relacionar con el significado de encontrar una luz de esperanza en medio de la oscuridad que plantea una situación angustiante.
En la novela de Matute, la mención de las luciérnagas comienza a aparecer, de manera reiterada, hacia el final de la novela. La primera mención se da en el octavo capítulo de la segunda parte, cuando la joven pareja conformada por Sol y Cristián está ya a salvo, ambos sentados en la alfombra, junto a la chimenea, mirándose, por primera vez con tranquilidad tras los momentos terribles acontecidos en la casa de la familia Borrero. Sol siente que hay una fuerza superior que los une y se compara con luciérnagas que supo ver en un camino:
"Dos animales anónimos, sin méritos ni heroicidad alguna, dos criaturas, esas que ella vio en el campo al borde de los caminos. Unos, arrastrándose sobre la tierra, otros intentando volar, golpeándose contra las paredes, con la cabeza encendida. Luciérnagas, barcos errantes en la noche". (252)
Ellos, juntos, brillan uno para el otro. Como esos insectos voladores, no tienen rumbo fijo, no saben dónde van, pero se tienen entre sí, y cada uno para el otro representa la claridad en ese mundo que les resulta incomprensible.
Esta idea de andar por una tierra devastada, cargada de problemas y sin saber qué hacer, casi como si los personajes tuvieran que ir inventando el destino propio a cada paso, vuelve a aparecer, acompañada por la idea de la luz de las luciérnagas como esperanza de que, a pesar de todo, las cosas mejoren. Sol se apiada de su condición:
"Los hijos, la comida, ganar o perder guerras, todo era excesivo, atroz, no estaba preparada para ello, no era sino un débil embrión incompleto, dando tumbos en el vacío. Cayendo, cayendo siempre sin chocar, siquiera, sin estrellarse, en un final. Cayendo en el vértigo, tras una parpadeante esperanza. «Luciérnagas —recordaba—, pobres luciérnagas». (277)
Una sola esperanza persigue Cristián cuando salta y escapa del camión en que se lo llevan para fusilarlo y es volver a reunirse con Sol. Sin fuerzas para seguir su viaje, herido, atemorizado y hambriento, no se detiene porque lo mueve la esperanza del reencuentro:
"La vida iba a rastras de una lucecilla tenue, de una lucecilla que flotaba sobre su cabeza, delante de sus ojos. Seguía con su cuerpo dolorido, con su cuerpo mortal y pesado, torpe, aquella frágil y tenue lucecilla" (306).
“Luciérnaga” tiene relación con el término ‘lucerna’ que en latín significaría ‘candil’. Por otra parte Lucerna es también una claraboya, una entrada de luz desde el techo, y aquí es donde entramos a relacionar esta idea con nuestros protagonistas: cuando se encuentran bajo ese foco de luz, surge su relación.
Cabe recalcar que otra característica de estos animales se basa en el género de los mismos. En esa especie de insectos la hembra por lo general tiene un tamaño más grande que el macho, demostrando la mayor importancia de estas. Además, la función de las mismas es principalmente la de reproducirse y cuidar de sus crías. Podemos ver un paralelismo entre estos y nuestros protagonistas: primero en la importancia de los personajes femeninos, como Sol, y la función que se les da socialmente a las mujeres también la podemos ver en esta historia, pues las mujeres parece que solo tienen una única meta: tener descendencia y cuidarla.
La evolución dentro de la obra se refleja claramente en los personajes, sobre todo en nuestros protagonistas: Sol y Cristián. Al igual que las luciérnagas, su relación surge debajo de esta claraboya, que representa las miserias y el dolor por el que se ven afectados los adultos con el paso del tiempo. Los protagonistas son unos adolescentes que deben de enfrentarse a la cruda realidad quizás demasiado rápido. la Guerra Civil estalla y Sol no puede permitirse seguir siendo una niña, la madurez conlleva que los personajes pasen por su etapa más dura y trágica, el más claro ejemplo es el del gran contraste entre la calidad de vida antes de la guerra y el derrumbe de la misma cuando el padre de Soledad es asesinado. La pasividad de Eduardo (su hermano) solo complementa la desgracia de la familia, no se ven capaces de avanzar y la evolución de la familia solo puede ir a peor. Finalmente cabe hablar de Cristián, un personaje que aunque no tenga gran repercusión durante la obra, al final se muestra una evolución que crea a una persona más cercana con un final bastante trágico.
No obstante, aunque vemos una clara referencia al insecto en la explicación de la novela, dentro de esta sólo encontramos referencias a los personajes como luciérnagas en cuatro ocasiones:
“Dos animales anónimos, sin méritos ni heroicidad alguna, dos criaturas, esas que ella vio en el campo al borde de los caminos. Unos, arrastrándose sobre la tierra, otros intentando volar, golpeándose contra las paredes, con la cabeza encendida. Luciérnagas, barcos errantes en la noche. Apenas le conozco, pero cuánto sé ya de nosotros dos, no de él, de nosotros dos. Las copas de cristal, entre sus dedos, retenían aún el temblor brillante. Parecía —pensó— contener entre las manos una galaxia distinta." (pág. 247)
“Cayendo, cayendo siempre sin chocar, siquiera, sin estrellarse, en un final. Cayendo en el vértigo, tras una parpadeante esperanza. Luciérnagas —recordaba—, pobres luciérnagas.” (pág. 273)
Por otro lado, también hay que mencionar la relación de la luz con la vida, la esperanza. Hacia el final de la novela, cuando Cristián decide saltar de un camión en marcha que le lleva a una muerte segura, leemos :" La vida iba a rastras de una lucecilla tenue, de una lucecilla que flotaba sobre su cabeza, delante de sus ojos. Seguía con su cuerpo dolorido, con su cuerpo mortal y pesado, torpe, aquella frágil y tenue lucecilla" (pág. 302)