El contexto histórico de la novela es la guerra civil española. La guerra estalló el 18 de julio de 1936, con el alzamiento de las fuerzas nacionales comandadas por el general Franco, duró 3 años y terminó el 1 de abril de 1939, con el último comunicado de guerra de la junta de Defensa de Burgos que otorgaba la victoria a Franco. La guerra dejó un escenario de miseria en todo el territorio debido al constante enfrentamiento entre los nacionales y las tropas republicanas.
En las ciudades se creó un clima de terror debido a diversos factores como las levas, los bombardeos en la retaguardia, las detenciones,…
La historia de esta novela está marcada por la Guerra Civil (1936-1939) periodo en el que se enfrentaron dos bandos. La autora pertenece a la generación de niños que han presenciado la guerra civil española y plasma en su novela a los niños asombrados, los niños que quedaron marcados por este trágico suceso.
Los protagonistas de la novela pertenecen a dos familias: La familia Roda y la familia Borrero. La familia Roda se trata de la familia más próxima al lector y la principal de la novela, es una familia con una buena situación económica y una familia tradicional que se ve afectada por la guerra, mientras que la familia Borrero es una familia pobre con una inestabilidad económica y familiar. Sol y Eduardo pertenecientes a la familia Roda son educados en una educación religiosa, ambos personajes van a escuelas religiosas aunque podemos ver cómo Eduardo tras el asesinato de su padre, causado por los milicianos, deja la fe a un lado.
“- Pero Dios dice…
Eduardo la cortó con un gesto de fastidio.
- Dios no dice nada. Yo no le he oído nunca.
-¿Tampoco crees en Dios?
- Te diré.. La vida tiene sentido desde el momento en que se prescinde de Dios…”
(Primera parte, capítulo 5)
Ya en el capítulo 2 Barcelona es vista desde otra perspectiva de la ciudad. Tras acabar el curso, estalla la guerra y, tras la muerte del padre, Sol llega a entender la situación del país. No frecuenta tanto la calle puesto que el ejército patrulla e irrumpe en las casas. Las calles están desiertas y sucias, los hombres están en el frente mientras que las mujeres permanecen en casa.
“ El Ejército se ajustó a una disciplina, y sus columnas uniformadas, sombrías, nada tenían que ver con las patrullas de los primeros tiempos. Una sombra triste, húmeda, iba cubriendo la ciudad. Los edificios oficiales tenían ahora un aire siniestro. Las matanzas crecían, pero sistematizadas, bajo un barniz de legalidad. No se traslucía una gota de sangre, de un incendio. “
(Primera parte, capítulo 4)
La primera parte es el inicio de la desgracia de todos los personajes, en ella se muestra el carácter de los personajes, personajes inmaduros que irán evolucionando a medida que transcurre la guerra. Es la parte menos tremendista y menos fría de todas. Los personajes procesan lo que está transcurriendo e intentan adaptarse a la situación.
La segunda parte empieza con la miseria, ya ha estallado la guerra. La autora en esta parte trata la guerra civil con un aspecto tremendista de la guerra, es decir con un lenguaje más frío y crudo. Lo primero que marca esta parte es el abandono de la madre de la familia Borrero, les abandonó porque ya no soportaba más la pobreza en que vivían, eran pobres y ya con la Guerra Civil les afectó más la pobreza. Los acabó abandonando con un perfumista .
La pobreza y la Guerra Civil afecta a la familia Borrero. Pablo es uno de los hijos de esta familia, y a quien le gustan los estudios; estudiaba en el comedor bajo una luz amarillenta. A Daniel la vida se le hace difícil por su clase social, la guerra tanto a él como a su familia les ha hecho más pobres de lo que ya estaban. Sus hermanos le ayudaron a sobrevivir administrándole alimentos de primera necesidad. Daniel conoce la Barcelona fría y cruda en primera persona. Por otro lado, Cristián es un personaje que también es bastante afectado por la guerra, estar encerrado en casa le parece estar en la cárcel.
Su voz se llenó de energía. Sol sintió la fuerza súbita de sus dedos clavándose en sus manos. —¡Cuántas veces pensé en la cárcel! —dijo Cristián—. Me hablaron muchas veces de ella. Acabé imaginándola casi exactamente como era. Pero llegó un día y me encerraron: me convertí en un preso. No fue a la cárcel donde me llevaron. Hay muchas cárceles sin rejas, ahora. Era una habitación cualquiera, no estaba sucia ni era húmeda pero, ¿qué más daba? No podía moverme, salir. Es tremendo. Te quedas solo. Solo, frente a ti mismo. Frente a tu pobreza, a la inutilidad de tus manos y de tus pensamientos. Solo con tus exigencias, con tu miseria, tus buenas y tus malas acciones, ya inútiles. Solo con tu sórdida realidad. Únicamente entonces conoces tus límites y piensas: toda mi vida era únicamente un gran deseo de romperlos, de traspasarlos... No, no. La cárcel la llevaba yo mismo, la cárcel soy yo. Creo que me entiendes tan bien como yo te he comprendido a ti. ¡Para qué luchar, para qué esforzarse en algo, para qué vivir y apetecer, si primero no nos liberamos de nosotros mismos, de nuestra cobardía, de nuestras claudicaciones! Pero, a pesar de saberlo, hay algo que me desespera: ¡yo no quiero morir! ¿Entiendes tú esto? Yo no quiero, no quiero morir...
(Segunda parte, capítulo 2)
En esta parte de la historia están muy presentes los bombardeos que sufren a cada rato los protagonistas.
Había empezado el bombardeo, y muy cerca se oyeron dos explosiones que hicieron retemblar la calle rompiendo cristales en el patio. El estampido de las bombas apenas le afectaba. Sin embargo, el aullido de la sirena, prolongado y como lleno de miedo le era hondamente desagradable. Como si una lengua viscosa le recorriese la espalda.
(Segunda parte, capítulo 2)
Pablo después de mucho esfuerzo consigue estudiar magisterio y acabar la carrera. Se fue a un pueblo a ejercer de profesor, para así alejarse de la ciudad. Como no consiguió ser feliz pidió un traslado a un pueblo de Badajoz, donde su vida fue más triste y solitaria. En esta parte podemos observar la decadencia de España en su plenitud por culpa de la guerra:
Su sueldo era escaso, su vida insuficiente, su sed, sin principio ni fin. Con la camisa sucia y el traje arrugado, iba a la escuela. La barba le crecía descuidada.
(Segunda parte, capítulo 2)
Más tarde, después de un bombardeo Pablo resultó herido de gravedad en las dos piernas y sus dos hermanos le encontraron. Cristián intentó ayudarle, pero Pablo se negó, les dio las llaves de la casa y les dijo que se iba a suicidar, ya que él no quería ser un lisiado y dijo a sus hermanos que se marcharan. Cristián, Sol y Chano se quedaron con la casa pero por desgracia un día llamaron a la puerta y entraron unos agentes del Servicio de Información Militar. Sabían que Pablo había muerto y venían a hacerse cargo de la casa. Preguntan a Cristián por qué no está en el frente de batalla y se los llevan detenidos. En el cuartel les toman los datos y los meten en calabozos separados. Podemos observar gracias a esta parte de la historia el gran abuso militar que había en antaño, los hombres tenían que luchar por obligación y nada pertenecía a nadie.
La tercera parte trata del regreso de Sol a su casa, después de vivir con Cristián en la torre de Sarriá. En ella son detenidos y llevados a la cárcel de la calle Entenza. Después de varios días en la cárcel, Sol recupera su libertad y da un paseo por la ciudad.
“Al encontrarse en la calle entrecerró los ojos y se apoyó en un muro. Miró turbadamente en derredor y reconoció la Vía Layetana. «Allá abajo está el mar», y un deseo de ir hacia él la llenó, vivificándola, como si la vista del mar de su infancia, de un tiempo lejano, fuese a devolverle aquella niña que no murió ni estaba en ninguna parte . Como en sueños. (…) Sin saber cómo se encontró en la Barceloneta, entre paredes sucias o arruinadas, mujerucas trasegando extraños bultos, chiquillos que hurgaban en los escombros buscando tesoros inexistentes y luego, por fin el mar.”
(Capítulo 4, el regreso)
Ahora la ciudad (nos situamos en la entrada de las tropas franquistas comandadas por el general Yagüe el 26 de Enero de 1939) es un espacio sin energía, moribundo y con constantes bombardeos. Sol, a medida que sube las calles, que le parecen familiares, va percibiendo una mezcla de miedo y esperanza. La visión final de la ciudad es la más tremendista por sus descripciones. Sol ha podido contemplar lo poco que ha resistido de la ciudad, una ciudad sometida, silenciosa y desierta.
“En la calle Muntaner vio un grupo que avanzaba arrastrando sacos y cajones […] Cerca de la Plaza de Adriano, en lo que antes fue un garaje, convertido ahora en almacén una turba violenta y silenciosa se apiñaba, saqueándolo. Los aviones volaban cada vez más bajos […] En las calles grises, abandonadas bajo el débil sol de invierno, los golpes tenían un eco blando y la brutalidad parecía atenuada por el silencio. El día, apenas dorado, se extinguía en la noche que se acercaba, un viento suave….Sol vio un grupo de chiquillos descalzos, astrosos y renegridos, provistos de largos ganchos. Todo era un destripar escombros, un febril hurgar entre la podredumbre y la miseria, en busca de lo que fuese.”
(Capítulo 4, el regreso.)