La protagonista se llama Soledad, pero, desde pequeña, la llaman Sol. Los dos términos, nombre y apodo, poseen una fuerte carga simbólica en la vida de este personaje y se conectan con los diferentes estados que atraviesa la protagonista a lo largo de la historia.
Por un lado, el nombre Soledad le parece distante, dado que nunca ha sido llamada de esta manera, y no le gusta por la oscuridad a la que lo asocia. Sin embargo, el significado del mismo, que es la carencia de compañía, es casi una constante en la vida de la chica hasta que conoce a Cristián. Lleva una vida solitaria y esto se evidencia en los diferentes ámbitos por lo que la joven pasa. En la escuela secundaria no tiene amistades: "Hablaba poco y no tenía ninguna amiga verdadera. La llamaban huraña y antipática" (23); con su hermano, antes de la guerra, mantiene una relación distante: "Se daba cuenta de que vivían retraídos, hoscos [...], por primera vez, se dio cuenta de que no se conocían, de que vivían aislados" (25); cuando comienza la guerra, pasa los días sola en su casa, mirando por la ventana, sin un confidente para depositar sus miedos.
Por otro lado, el apodo Sol es "como un disfraz, un bello y luminoso fuego" (11). Y, en principio, lo es, dado que, como vimos, su vida está más relacionada con la soledad que con la calidez o iluminación del sol. Sin embargo, hacia el final del texto, este nombre con esa idea de luminosidad incandescente toma mayor fuerza, dado que Sol se percibe a sí misma como portadora de una luz propia y, luego, como portadora de dos luces: la propia y la del hijo en el vientre. La luz como símbolo de esperanza toma fuerza en la novela.
Con el nombre de Sol Matute quiere mostrar la claridad de la niña: por una parte el sol es una estrella que ilumina y que por lo tanto crea sombras. Mientras que el foco de luz es una metáfora de la esperanza, este crea sombras alrededor que les atormentan.
Cuando hablamos de Cristián podemos identificar el carácter religioso dentro de la historia y connotación de este. Cristo era la luz que guiaba al pueblo al igual que el papel de Cristián en la novela, que representa la misma luz que el hijo de Dios. La relación entre ambos es muy especial: son, sin duda, dos candiles en medio del mar, cuando ellos dos están juntos desaparece la oscuridad que los envuelve e intentan guiar sus barcos errantes en la noche.