La intertextualidad con la Biblia se presenta en la novela desde el epígrafe. El texto de Matute se abre con la siguiente frase: "Verás de frente la tierra que yo daré a los hijos de Israel: Y no entrarás en ella" (7). Esta cita pertenece al Deuteronomio, uno de los libros del Antiguo Testamento, y hace referencia a las palabras que Dios le dirige a Moisés, que está guiando al pueblo judío hacia la tierra prometida: verá esas tierras, le serán mostradas, pero no podrá ingresar.
La búsqueda de la tierra prometida como un lugar de armonía y paz para el individuo es un motivo literario que se reitera desde la Biblia en relación con la tierra que Dios promete sus hijos, el pueblo de Israel. En esta novela, justamente, es este texto religioso el que se cita para fijar la idea de promesa de un lugar mejor. En un momento del mundo que se presenta atroz, porque los personajes están atravesando una guerra fratricida que cambia por completo su existencia y su modo de entender lo que los rodea, la promesa de un futuro mejor y de encontrar un lugar de trascendencia espiritual hace avanzar la acción.
Este tópico suele estar ligado al del homo viator ("viajero" o "peregrino") porque la persona debe salir del sitio en el que se encuentra para emprender la búsqueda de ese lugar añorado, dejando atrás todo lo que no le es útil para su fin. El primero en salir en búsqueda de su sitio, en la novela, es Pablo Borrero. Este ser inconforme pasa el legado de su búsqueda a Sol y Cristián, que creen, al irse juntos a la torre de Sarriá, haber llegado a la tierra prometida. Sin embargo, las dificultades acechan y los enamorados son separados. Al final, cuando se vuelven a unir y ya se han desprendido de todo y han forjado su propio camino -"Seremos libres, mira tus manos vacías, el centro de tus ojos abiertos y obstinados, seremos libres, nuestros hijos serán mejores" (309)-, al emprender el último viaje hacia su nueva y última morada, una bala mata a Cristián. El grito desgarrador que emite el joven es, para Sol, el grito de su tierra. En su vientre lleva al hijo que sí vivirá en la tierra prometida.
Barcelona, tras la destrucción bélica, puede estar simbolizando aquí la tierra prometida que imaginan para ellos los dos enamorados.
Luciérnagas, está presidida por la admonición bíblica: «Verás de frente la tierra que yo daré a los hijos de Israel: Y no entrarás en ella», palabras del Deuteronomio (1), que en el curso del relato aluden simbólicamente al espacio urbano como tierra prometida y cobran todo su significado al final de la novela con la muerte violenta en las laderas del Tibidabo de Cristián, el joven del que se ha enamorado Sol y del que está esperando un hijo. La tierra prometida es la ciudad, Barcelona, que ambos jóvenes contemplan a sus pies y que en el caso de Cristián una muerte fortuita y violenta le impedirá volver a ella.
1. La referencia exacta es: «Esta es la tierra que prometí a Abrahán, a Isaac y a Jacob, diciéndoles: Se la daré a tu descendencia. Te la he hecho ver con tus propios ojos, pero no entrarás en ella» (Deuteronomio, 34: 4) Las referencias al Deuteronomio aparecen al inicio de la primera parte y en diversos capítulos, por ejemplo, en el relato del pasado anárquico de Pablo "Pues yo voy a morir en este país, sin atravesar el Jordán" (pág. 194) "Sube a la cumbre del Pisgá, y alza los ojos hacia el poniente, el septentrión, el sur y el oriente, y contempla con tus ojos, pues no has de pasar este Jordán" (pág. 206) y en el momento de la muerte de Pablo se recuerdan estas palabras: " La estrella roja que llevaba en la frente se perdió en el inmenso vacío, en el interminable eco. Pablo sonrió, con los ojos abiertos, " pues yo voy a morir en este país, sin atravesar el Jordán. Mientras vosotros lo pasaréis y tomaréis posesión de esa hermosa tierra" (pág. 228)