Los personajes de Luces de bohemia, más de cincuenta, responden a una variada tipología. En su intención de evocar la vida bohemia, Valle-Inclán introduce en la obra algunos personajes de la vida real, con su propia identidad (Rubén Darío) o bajo una ficticia: el caso más evidente es el del propio Max Estrella y de su esposa, madama Collet, inspirados en el escritor Alejandro Sawa, paradigma de escritor bohemio y poeta maldito, marginal e ignorado por la cultura oficial, y su mujer, Jeanne Poirier. Aunque hay otros reales, como Rubén Darío o Dorio de Gadex, pseudónimo con el que firmaba sus obras el también escritor modernista Antonio Rey.
También aparecen personajes reales por alusión: Maura, Romanones, Castelar… respondiendo al deseo de anclar la acción en la realidad de su tiempo, mientras que otros son puramente ficticios: la Pisa Bien, el Rey de Portugal, La lunares… Y el Marqués de Bradomín, personaje literario creado por Valle-Inclán (de quien se presenta además como trasunto o alter ego) protagonista de las “Sonatas”.
Además, al estructurarse la obra en forma de itinerario, la galería de personajes refleja distorsionadamente la realidad marginal o elitista del Madrid de la época. Por una parte, las clases populares (la Pisa Bien, el rey de Portugal, la portera, Zacarías el borracho…) y, por otra, ejemplos de clases acomodadas, que, hasta cierto punto, vivieron el pasado de la bohemia (don Filiberto, el ministro, Rubén Darío…). Ambos colectivos se expresan en una depuración o bien del habla popular madrileña, o bien en el registro culto propio de políticos, periodistas o escritores.
En el grupo de los personajes de ficción también hay que incluir a los arquetípicos o genéricos (el Sereno, los Guardias…), los colectivos (los Epígonos del Parnaso Modernista, el coro de voces de la escena XI…) y hasta personajes animales: los de la librería de Zaratustra…)
De los personajes de Luces de Bohemia dice Valle: “Son enanos, patizambos que juegan una tragedia”. De entre todos estos, sobresalen el protagonista y su acompañante, don Latino.
El primero de ellos, Max Estrella, es un personaje espléndido, mezcla de cobardía, vileza, egoísmo y momentos de grandeza. No se trata de un personaje noble precisamente, pero sí humano. Aparte de ser un trasunto de un personaje real, Alejandro Sawa, ejerce a veces como portavoz del propio Valle.
Max es humano, tiene virtudes y defectos, no está exento de contradicciones. En Max hay una perpetua síntesis de humor y queja, orgullosa dignidad (cuando se enfrenta a los policías ante la buñolería modernista) y mezquina indignidad (al aceptar una pensión vitalicia que le ofrece el ministro), conciencia de mediocridad y sentimiento de frustración. Ridículo o patético, furioso con la injusticia social, crítico, mordaz o profundo, tiene sentimientos hermosos de fraternidad hacia los oprimidos y ternura gratuita (hacia la madre del niño muerto), al tiempo que desatiende a su familia (recordemos que cuando recibe el dinero de manos del ministro no corre a su casa con su familia, sino que derrocha este dinero en champán, invitando a Rubén Darío y Don Latino). Su ceguera no le impide ver el sufrimiento del pueblo y las injusticias proferidas por el poder de las que va concienciándose a lo largo de su periplo nocturno, especialmente en algunas escenas (VI y XI). Hay que recordar que en la Antigüedad clásica, la ceguera de los vates se identificaba con la sabiduría, eran los que tenían acceso a la verdad.
A pesar de ser caracterizado como un héroe clásico se siente impotente ante la miseria intelectual y moral de España. Es, por tanto, un personaje complejo y contradictorio en suma. En él, Valle volcó, consciente o inconscientemente muchos rasgos de su compleja y extravagante personalidad.
La degradación de Max sintetiza el enfrentamiento de dos mundos: el de la bohemia como marginación voluntaria y el del poder indiferente y egoísta ante las penalidades del pueblo. Max es estafado por Zaratustra, engañado por don Latino, encarcelado, vende su dignidad al ministro. Incluso su muerte será confundida primero con una borrachera y finalmente, en un anticlímax que pretende evitar la gloria de la tragedia, con una catalepsia diagnosticada por un pretencioso e insensible Soulinake.
Hay que llamar la atención sobre el simbolismo de su nombre: Máximo Estrella, mucha luz para un personaje ciego. También su esposa Madama Collet, con origen francés, que nos remite a la vida cultural de París (referente máximo en la época) y al mundode la bohemia parisina.
Max es un personaje destinado a la cumbre por el apellido y el nombre: Máximo Estrella. Esta peculiar denominación del personaje es un elemento simbólico: la palabra “luz” es identificada en Luces de Bohemia con la inteligencia o la lucidez. El apellido de Max hace referencia a la capacidad del poeta para llegar a la verdad, para iluminarla, en un ambiente nocturno que, a su vez, simboliza “un mundo en el que la actitud más general es mantener los ojos cerrados”. Max Estrella está contrastado con la oscuridad que impregna toda la obra. Además hay que tener en cuenta que Max era ciego y en la antigüedad, la ceguera de los vates se identificaba con la sabiduría, eran los que tenían acceso a la verdad. El nombre “Máximo Estrella” está relacionado con el esplendor de la fama, incluso don Latino en la E. IX le llama “Estrella Resplandeciente”. Con el superlativo queda valorada su condición de poeta y lo eleva por encima de los demás personajes. Pero todo lo positivo que se encuentra en su nombre queda eclipsado cuando el propio Max revela su pseudónimo: “Mi nombre es Máximo Estrella. Mi seudónimo, Mala Estrella. (...)” Max es un soñador perdido en un ambiente injusto, en un Madrid absurdo, y su vida está presidida, como la de los héroes en la antigua tragedia, por la fatalidad.
En ningún otro personaje hay una caracterización tan profunda con sólo saber su nombre y su pseudónimo. Éste último es empleado por primera vez en la E. V; también es utilizado por dos personajes: don Filiberto y Dieguito en las escenas VII y VIII respectivamente y aparece en acotaciones de las escenas. IX y X. Su función en estos casos es la de recordar el destino al que está abocado el protagonista.
Don Latino, en cambio, encarna al antihéroe, y como tal es “la contrafigura de Max-Sawa”. Este personaje debe entenderse como un desdoblamiento de la personalidad del protagonista. Si Max representa la parte más noble, Don Latino es lo que en su vida hubo también de desengaño y sablazo. Animalizado como el perro lazarillo de Max, actúa al principio como escudero paródico del protagonista (como Sancho y Quijote) y es ,en definitiva, el fantoche con que Valle hace caricatura de la bohemia. Caracterizado con un lenguaje repleto de cultismos y, a la vez, coloquialismos y modismos madrileños. Don Latino es un tipo miserable, desleal, cínico, embustero, encanallado, insensible ante las penurias de Max. Llega a robarle la cartera, con el décimo premiado, en el momento de su muerte e, irónicamente, este miserable es el personaje favorecido por la fortuna.
Por otra parte, también reúne varias personalidades simbólico-míticas: la de Virgilio guiando a Dante-Max por los infiernos madrileños, o la del Lazarillo guiando y engañando a su ciego amo.
Sobre su nombre, es el mismo personaje el que explica por qué se llama así: “(...) Ustedes no conocen la cabalatrina de mi seudónimo: Soy Latino por las aguas del bautismo, soy Latino por mi nacimiento en la bética Hispalis, y Latino por dar mis murgas en el Barrio Latino de París.” (escena VIII). La respuesta al por qué este nombre para este personaje, quizás esté en la relación que ven muchos autores, entre don Latino y Alejandro Sawa: don Latino es considerado la contrafigura necesaria de Max Estrella, su cara oscura o, incluso, un desdoblamiento del propio Estrella-Sawa. Hay muchas coincidencias entre Sawa y Latino en el nombre “Latino de Hispalis”. Encontramos dos: Alejandro Sawa también nació en Sevilla y, treinta años después, se instaló en París, donde adquirió el prestigio bohemio por el barrio Latino de París. Don Latino es también equiparado con el perro que Sawa usaba de lazarillo. Apoya esta teoría el que Max llame a don Latino “mi perro” dos veces en la escena VIII.
Otra posibilidad es que el nombre de "Latino" no estuviera asociado al origen del personaje sino a la expresión popular "sabe latín", utilizada para dirigirse a una persona "ladina" (del latín "latinus"), es decir: una persona astuta, bellaca.
Tratamiento de los personajes: la deshumanización ( animalización y cosificación)
En general casi todos los seres que pululan por la obra han sido sometidos a un proceso de degradación. El rasgo más reiterado es la tendencia a la animalización de los seres humanos, esto es, a convertirlos en animales.
El proceso ya comienza en I, cuando se llama al director del periódico que despide a Max «el Buey Apis» y luego Collet pide a su marido que se ponga a gatas, como un perro o un gato.
En II, aparte de que en la cueva hagan tertulia el gato, el loro y el perro con Zaratustra, este es descrito como «abichado», es decir, con forma de bicho, «la cara de tocino rancio» y hasta la bufanda tiene color de «verde serpiente»; don Latino actúa de manera taimada ante el librero, aunque está de acuerdo con él: «interviene con ese matiz del perro cobarde, que da su ladrido entre las piernas del dueño», no sin tacharle de «zorro»; los tertulianos parecen «tres pájaros en la rama» la chica que entra luego preguntando por las entregas no tiene piernas, sino «patas».
La Pisa-Bien echará «la zarpa» al décimo en III y don Latino en XV tendrá «zancas» entre las que cae en billete; en IV, Dorio definirá los motines callejeros como «el rebuzno libertario» del pueblo; don Latino da «una nota más baja que el cerdo». En VI los patronos son equiparados a los elefantes; en VII y VIII el sonido del timbre del teléfono es un «grillo» (todo se trastrueca, también los sonidos)
En XII don Latino se ve transmutado en buey a los ojos alucinados del poeta y para cumplir con su faceta animalesca, en lugar de llamar normalmente para que abran, «volviéndose de espaldas, comienza a cocear en la puerta». En fin, en XIII, Soulinake tiene «testuz de bisonte obstinado».
Esta tendencia a la deshumanización no se ciñe solo a señalar la cercanía de los personajes con los animales; sino que también se conjuga con la manera de captarlos como muñecos, peleles( cosificación). Aunque ello se dé ya en Luces de Bohemia, lo hará en mucha mayor medida en el resto de la literatura escrita por Valle desde 1920. El término «fantoche» aparece seis veces ( en las escenas II y XIII). En el velatorio, los tres modernistas que asisten «arrimados a la pared, son tres fúnebres fantoches en hilera». No hace falta decir más para haberlos convertido en algo cosificado.
En la escena final, la XV, «Don Latino guiña el ojo, tuerce la jeta, y desmaya los brazos haciendo el pelele».