El Manifesto Corrocho
Por: Deison Luis Dimas Hoyos
Fecha: 27 de noviembre de 2023
“No somos ni mejores ni peores que nadie, somos diferentes”. Juan Gossain
Voy aprovechar el zafarrancho noticioso y memístico que alimenta la falta de discernimiento de los últimos días para destacar la importancia del corroncho del Caribe sin necesidad de usar el trillado discurso que somos la tierra que trajo al mundo a Gabo, Shakira y El Pibe, si no, encumbrando el ser corroncho como esencia suprema de vida y patrimonio original de la nación, desvirtuando así, de una vez por todas, algunos estigmas con los cuales nos han etiquetado por muchos años fuera de las fronteras del Caribe.
A propósito, esta guachafita de escribir sobre esto empezó el año pasado cuando la primera dama de la nación se puso a bailar fandango en la casa de Nariño y, más recientemente, una cantante de vallenato con el recurso de onomatopeyas particulares, se puso hablar yo no sé qué en un show de entrega de premios musicales en Sevilla España. Ambos hechos fueron tildados como actos de corronchería por la culta y afamada clase parida del opinómetro de las redes sociales para denigrar de dichas personalidades, no obstante, de ambos puedo decir con total certeza que fueron actos de plena originalidad y espontaneidad, donde simplemente se aprovechó el momento para destacar lo que es el ser genuino y corroncho.
Siempre corroncho, nunca incorroncho. Ser corroncho para nada es un insulto, y si alguno así lo cree, ya creo que debe pensar lo contrario ya. Ser corroncho no es más que expresar nuestra identidad pueril sin importar el espacio y el tiempo.
En esta sintaxis de hechos, se me viene a la memoria cuando en una tarde de cervezas en Bogotá, un amigo de un compadre me decía que nosotros éramos demasiados flojos, que llegábamos tarde al trabajo y eso estaba afectando las mentes productivas del ciudadano de la capital. Lo que trataba de desconocer tan afable y carismático ciudadano era que la mayoría de las empresas y edificios de la ciudad están al cuidado de nuestra clase obrera del caribe, que expone sus neuronas, alerta sus pestañas, socava sus sentidos y sucumbe ante el chismorreo de la portería por varios lustros del día y de la noche, como dicen por ahí, uno no es chismoso, los hechos lo vuelven chismoso a uno.
Hago esto para sentar un precedente de respeto regional, y no espero señalar ni a ofender a nadie, salvo a aquellos que por años colocaron en sus letreros de arrendamiento – ‘No se aceptan Costeños’-. Exigimos respeto y un cambio de pensar, sobretodo en aquellos que siguen creyendo que somos flojos, bulliciosos, borrachones, coquetos, mama-burras, mujeriegos y mala pagas, instintos e impulsos humanos que no dependen del arraigo regional, sino del arraigo individual, e individuos así, nacen en cualquier hospital. A cambio de lo anterior, dígannos corronchos, término que nace de una reivindicación de nuestra alegría, de nuestra generosidad y esto ha sido un motivo de eterna amistad regional, por tanto, es menester, adicional a lo aquí considerado, que se deje en claro lo siguiente:
1. El ser corroncho debe, ecuánimemente y sin contemplación, resaltar la tierra que lo parió, basta ya de decir que somos de Montería, cuando realmente nacimos en Tijereta, de considerarse sincelejanos sin mencionar que son de la Sierra Flor, que nacieron en Riohacha y no en Cuatro Vías, y por supuesto, hay que dejar de decir que son del barrio Boston, cuando en la vida real vienen del barrio el Por Fin o El Me Quejo en Barranquilla.
2. El ser corroncho debe ser locuaz y hábil ante los insultos, demostrar plena tolerancia ante los mismos, tomarlo como chiste, nunca insultar al insultante, en lo posible, reír o ignorar. Por ejemplo, si un ser femenino de la capital le dice -Es que ustedes son muy perros-, usted puede responder- eso es falso, la mayor cantidad de perros finos y callejeros nacieron en la capital, son datos y hay que darlos-. Quizás ella no entienda la respuesta o quizás se ría y le acepte un tinto.
3. El ser corroncho debe vestirse como le venga en gana, recuerde que la moda solo se hizo para los maniquíes, y así no somos nosotros, no cabemos en un tubo de comodidades. Si en el closet lo que está disponible es una camisa verde viche, pues colóquesela, solo al cuerpo le sabe su gusto. Además, si algo tiene el ritmo y el andar en la capital es que a nadie le importa cómo se viste el otro, a menos que lo confundan con un semáforo.
4. Ser corroncho no es tomarse una selfie con un sombrero, es más que eso, debe tener sin pena un ring ton en el celular un porro, una champeta, un vallenatico clásico o un sonar de gaitas. Un ser corroncho debe empoderarse de las onomatopeyas y de la lengua de señas como propios, de hecho, tenemos un lenguaje de comunicación universal.
5. Mamar gallo debe ser una filosofía de vida, pero hay que hacerlo con cuidado, pues, debe primar el contexto y conocer bien el gallo antes de alborotar el gallinero, dado que, en la capital cóndores no entierran todos los días y eso puede ser motivo de disgusto.
6. Un ser corroncho debe conservar la esencia etimológica de las cosas y el sabor de llamarlas por su nombre, es decir, seguir diciendo vuelto y nunca vueltas; menudo y no menuda; parranda y no parrando; y que delicia un patacón y más ni nunca una patacona.
7. De igual manera, un ser corroncho nunca debe ocultar expresiones autóctonas de alegría, ohhh, epa, joa, judgo, iraaaa, nierda, venavepave, y avise cuando ya esto quedo listo ya.
8. Si está comiendo pescado en un restaurante no dude en usar las manos, es muy triste pagar por un alimento para no comerse la mitad del mismo por el simple hecho de atener el sabor de las espinas al gusto de la etiqueta. Pa las manos sucias el jabón y para el olor el limón.
9. Trate de saludar a todo el mundo, trate de dar a conocer su amabilidad, exprese su ser amable corroncho, decir buenos días, buenas tardes, adiós, cómo amaneció, eso nunca sobrará. No obstante, el día que comience a decir veci o sumercé, pregúntese si su esencia de ser corroncho está pasando a otros multiversos regionales.
10. Cuando se exprese y omita la s, por ejemplo, -a las do’, voy a cojé el bu’-, no le de pena, es mucho peor que se le pase la ruta o que resalte tal consonante de visita a su pueblo, porque allá si que le van a decir -no llevas ni un mes en la capital y ya hablas cachaco-.
¡Ah! Y para que le quede claro a nuestros amigos de la capital, sobre todo a aquellos que a veces quieren emular nuestro ser corroncho, cuando quieran hablar como nosotros nunca y jamás mezclen forzadamente el aja-eche-nojoda… Por favor, cada una tiene su contexto, cada una nace de un corroncho diferente.
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Deison Dimas, un corroncho más