Mi primer millón.
Por: Deison Luis Dimas Hoyos
Fecha: 28 de junio de 2024
Hubo un momento en la línea del tiempo que no fue tan fácil obtener dinero. Ese fue el tiempo en que aún no existían las Onlyfans y los influencers; a duras penas, incursionaban en el mundo del billete los primeros inversores de DMG y los prometedores emprendedores de Herbalife. Ese tiempo coincidió con mi grado de Economista y con ello, materializar el diploma en trabajo.
Hace un poco más de 20 años y unos días antes de graduarme tuve mi primera entrevista de trabajo en una convocatoria del Centro de Investigaciones para el Desarrollo -CID- de la Universidad Nacional.
Camino a la entrevista y sin saber para qué, justo antes de cruzar la entrada del edificio Camilo Torres, me detiene una señora con un caminar aculebrado que me saluda:
- ¡Hola! Tú no eras el joven que vivía donde Jaime, no sabes quién soy, soy Jazmín, soy la mamá de la hija de él ¿cómo estás?
Cuando quise responderle, me interrumpe para contarme:
- Nooo… Yo vengo estresada, vengo de una cosa que se llama el CID, de una entrevista de trabajo con un viejito, un señor canoso, chiquito y como creído, disque preguntándome si yo había trabajado en cadenas productivas, que esto y lo otro-
Cuando quise preguntarle más, nuevamente me interrumpe:
- Pues yo lo único que le dije, que yo había participado en un tema de la cadena productiva del ají, pero no sé, nada más, vamos a ver cómo me va y tú, ¿para dónde vas?
Fue cuando le dije meditabundo:
- Yo, yo voy a solucionar un tema del préstamo beca, chao, chao, saludos a Jaime-.
Efectivamente llegué a la entrevista en el CID y quien me entrevistó fue mi profesor de economía colombiana en el primer semestre, el doctor Ricardo Bonilla, actual ministro de Hacienda. Su primera y única pregunta fue contundente ¿Deison, cómo estás, veo aun no te has graduado, qué experiencia laboral tienes?
- Pues profesor, no he trabajado, pero hice mi pasantía en el observatorio del caribe de Cartagena, allá además del documento que hice, estuve en la coordinación de la CADENA PRODUCTIVA DEL MANGO EN MALAGANA.
¡Ah si! ¿Y qué hicieron?
- Primero fue un diagnóstico y luego reunimos a los productores de mango, fruta que se perdía mucho, los organizamos para procesar la pulpa y venderla a una empresa que hace jugos en Cartagena-
¡Ah si! ¿Y qué más?
- La concha del mango se la vendíamos a los dueños de marrano de la región para alimento-.
¡Ah si! ¿Y qué más?
- Con la pepa del mango hacíamos caminos en las zonas con más barro para ayudar al tránsito de las personas-.
¡Interesante! dijo el profesor.
- Gracias Deison, te estaremos llamando si acaso en esta semana-.
Esa misma tarde, en la calle 45, justo cuando iba acariciar una empanada con mi dentadura, me llamaron del CID.
- Deison fuiste elegido para el proyecto-
En ese proyecto trabajaría con grandes amigos, entre ellos Natalia Becerra, Camila Castañeda, Esperanza Aguilar, Luis Felipe y claro, también estaba Jazmín, aquella amiga que no me dejó hablar esa mañana.
Esa noche le dije a mi mamá que iba a trabajar, y claro, le comenté que me iba a ganar al mes un millón doscientos mil pesos, a lo que ella dijo:
- Un millón qué ¡Qué pocotón!-
EcoPol & PolEco
Por: Deison Luis Dimas Hoyos
Fecha: 20 de junio de 2024
Aprovechando esto de los jueves de #TBT o de recuerdos, voy a recordar dos eventos por los cuales creo que, para sacar adelante una carrera universitaria no es necesario sabérselas todas o ser muy inteligente, de hecho, alcanza con un poco de disciplina, resistencia y gestionar de forma adecuada las oportunidades (aprovechar los papayazos).
Eso fue en diciembre de 2004, mi cuarto semestre de economía y como resultado final, la única materia que perdí en toda mi carrera, 'Economía Política 1 o EcoPol' con el profesor José Félix Cataño (2.8), no fui el único, conmigo 33 más; de estos, 11 nos atrevimos a realizar la habilitación. Terminé mi habilitación y esa misma noche cogí carretera para Sampués en un Expreso Brasilia. Unas noches antes del examen me encerré en el cuarto y me aprendí todo el cuaderno de memoria, todo lo de Smith, Marx y el famoso modelo Benetti y Cartellier. Mi habilitación fue una respuesta a tres preguntas en 5 (CINCO) páginas. Unas noches después, llamé a mi amigo Pedro Lara para saber mi nota, esa noche me dijo que pasé la materia con 4.0, de 11 solo pasaron 3, entre ellos Pedro.
-¡Ah!, El profe le mandó a decir que a la próxima mejor escriba un libro-. Me dijo Pedro antes de colgar.
Un año después me tocó ver Política Económica, con un profesor llamado Néstor del cual no recuerdo el apellido. Allí me fue mal para el primer corte, y entonces, para el segundo usé la misma estrategia, nuevamente me enclaustré, me aprendí esos modelos e integrales de memoria.
El día del segundo examen, el profesor da la orden de hacerlo en parejas. La verdad, yo lo iba a realizar solo, no sabía con quién hacerme, pero al rato se me acerca un amigo que si es brillante y actualmente trabaja para el BID en Washington, John Jairo León, que me dice:
-Bueno, me tocó con usted costeño, yo no pude estudiar, ya nos tiramos esto-.
Solo sonreí hacia mi interior, miré la hoja y le dije, -creo que algo se me quedó estudiando-. Resolví casi todas esas integrales y entregamos el examen bajo un manto de duda y la mirada resignada de mi amigo. Al final, nos sacamos 4.8, y esto me dijo JJ:
-¡Ah!, pero el costeño sabe-.
Arévalo.
Por: Deison Luis Dimas Hoyos
Fecha: 21 de febrero de 2024
Si hay alguien que recuerdo de mi infancia del colegio y que me mostró una rama de la vida que se ondeaba en el espacio de las sin preocupaciones y ver el acontecer del día en el espejo de la parodia y de la sátira, fue un compañero que por lo general era el número tres de la lista, veloz en el fútbol, bailador de champeta y, además, tenía una vasta enciclopedia de chistes que oscilaban entre el Fúnes y José Ordoñez, entre los serios y plebes: Arévalo Arias, Francisco Javier.
El talento de Fran fue anacrónico, pues tuvo su máximo esplendor en una época sin el dominio de los tiktok, los reels y los likes. Fue un tiempo donde la amistad mandaba, una época para vivir y guardar los recuerdos en el ser y no al yugo de la disponibilidad de memoria.
De Fran recuerdo que tenía una capacidad para hacer parodias de varias canciones, y en uno de estos días escuchando a Diomedes Diaz, precisamente me acordé de una de sus melodías: El escenario fue el salón de sexto de bachillerato en presencia del profesor Wilches.
“Porque amanecí en la calle no puedo entrar al colegio hoy
Me matará Bonilla si con el uniforme sucio voy,
Me matará Bonilla si con el uniforme sucio voy”
Sus canciones giraban en un carrusel de admiraciones y risas, también compuso otras, me acuerdo de la parodia de ‘Olvídala’ del Binomio, me acuerdo perfectamente del coro y no lo escribo porque pertenece al mundo de la plebedad.
Hoy en día la parodia, que por primera vez conocí gracias a Fran, me ha permitido tener una escala de preocupaciones sensatas y sin sobreactuaciones, un espacio en blanco para escribir y seguir viendo la luz del foco sin importar si está encendido o apagado.
Ahora, creo que el talento de Fran no estuvo acorde a su tiempo y tampoco hubo una materia que explotara todo su potencial artístico, son datos y hay que darlos.
La muerte del patio
Por: Deison Luis Dimas Hoyos
Fecha: 20 de diciembre de 2023
De los grandes momentos vividos en mi infancia fue presenciar ese matrimonio que se dio, hasta ahora indisoluble, entre el patio y la terraza de mi casa. La unión era más que perfecta, pues tanto el patio y la terraza eran los únicos que podían hacer perdurar los recuerdos.
Recuerdo del patio, los dos palos de guayaba, sobre todo aquella guayaba que tenia más gusanos que pepa. El palo de guanábana era una vara de belleza con sus gusanos peludos supuestamente transmisores de fiebre. El palo de limón esquinero era el árbol de edén, si bien el limón era sabroso con sal, mi mamá decía que al comerlo así la sangre se convertía en agua. El palo de almendra era un punto central de una ruta directa al baño cuando comíamos coquitos en exceso. En la parte trasera había un ejército de sapos que vigilaban constantemente el monte que rodeaba los palos de matarratón.
Y que decir de la terraza, ella, adornada con sus coloridas matas, era la que nos prestaba su espacio para las fotos cumpleañeras; un torbellino de juegos como el sacamanteca y juegos de mesa acompasado de charlas rutinarias que a veces terminaban en cuentos de terror; fue ese arco donde marqué mis primeros goles; un raspe y raspe en navidad para maquillar su fachada y, más importante aún, el punto de encuentro informativo de lo adultos para conocer lo que pasaba en el barrio y en el pueblo. En fin, el patio y la terraza era una invitación a la entretención en unas afueras carentes de atención.
Hoy me ha tocado asistir al funeral del patio, su paulatina muerte se ha dado a costa de la expansión de la casa, del progreso de los años y la armonía individual. La terraza, viuda y presa de la soledad, ha decidido encerrarse entre rejas y no salir más, añorando su encuentro en el más allá con su compañero. Lo que hasta ahora fue una unión indisoluble ha llegado a su fin, lo único indisoluble hasta ahora es, la unión que ha quedado entre mi memoria y lo más recóndito de mis recuerdos.
Las tarjetas
Por: Deison Luis Dimas Hoyos
Fecha: 1 de diciembre de 2023
A propósito de la época de navidad y los regalos, el señor Nicolás Simanca, vecino del famoso barrio Balcones del Rio de Sampués y quien trabajó por mucho tiempo en el tema de la litografía y tipografía en Sincelejo, por allá en 2007 me regaló uno de los detalles que más recuerdo de mi juventud y, sin él saberlo, le daría la vuelta entera a casi toda Bogotá.
El regalo que me dio fueron mil tarjetas de presentación de color verde, donde estaba mi nombre, mi celular, una palmera, mi correo de Gmail y una nota que decía, pretensiosamente sin serlo, ‘investigador económico’.
Yo tenia un trabajo en la Universidad y, aprovechando los fines de semana me iba con mis amigos a las tabernas, tomaderos y discotecas de la ciudad, de las que recuerdo la pista, La Icotea, La Trampa, Donde el Gordo, Macondo, La Pescera, Pasto 26, área 59, Guadalupe, Donde Carabina y otras más.
En esos lugares me la pasaba metido con mis amigos, mujer que yo sacaba a bailar, mujer que se llevaba su tarjeta, algunas veces intacta, otras veces arrugada y descolorizada por el sudor. Una vez alcancé a repartir 20 tarjetas en Caturros, otrora discoteca de la zona rosa de Modelia. Una noche me preguntaron que si yo investigaba infidelidades, que si era del CTI y, otra noche hasta me reclamaron disque por coquetear con tres amigas que estaban en una misma mesa, solo porque a cada una le di su respectiva tarjeta. Luego de cinco años en las mismas, cuando me quedaban como 10 tarjetas alcancé a reflexionar que ese no era el fin de las mismas, sino, para vainas más serias.
Señor Nicolas, hoy en día le informo que repartí todas las tarjetas, el único problema que tengo es que no recuerdo a quien se las di.
Té lo tomas
Por: Deison Luis Dimas Hoyos
Fecha: 15 de noviembre de 2023
Lo único que yo conocía del té era que era una respuesta recurrente de los crucigramas que llenaba mi mamá- Infusión China-. Mucho tiempo después, en Bogotá vine a conocer de cerca lo que era un té de la manera más vulgar y amargada.
Cuenta la historia que hace 5.000 años un tal emperador chino Sheng- Nung una vez estaba aburrido tomándose un vasito de agua caliente, se sentó debajo de un árbol y luego esas hojas le cayeron en el vaso, se lo tomó, entró en relajo y a eso le llamaron té.
Pasaron muchos años y una mañana cualquiera de aquel segundo semestre de 2002, cuando tomaba clases del curso libre Biología del Comportamiento Animal y Humano, María Angelica nos invitó a su apartamento a realizar el trabajo final.
Una vez sentados, la anfitriona nos preguntó ¿Quieren té? Todos al tiempo alzaron la mano en respuesta positiva, hasta un compañero de Cartagena, el Lucho. En ese momento comprendí que los cartageneros en la capital se volvían cultos. Yo por supuesto no me iba a quedar atrás y también levanté mi mano izquierda.
- ¿Agua o leche?
Agua por favor, ‘porque leche solo para el café y el chocolate’, eso no lo dije, pero lo pensé.
Al rato, la compañera nos brinda un pocillo lleno de agua bien caliente y al lado dos bolsitas con hierbas secas, ese era el supuesto té. Mientras mi menté se preguntaba cómo se tomaba eso, me distraje un poco y cuando quise levantar la cabeza ya todos estaban tomando el susodicho té. No vi que hicieron con las bolsitas.
Entonces, en un par de segundos, antes de que saliera mi primera gota de sudor de la frente, rompí las bolsas, vacié el sobre y justo cuando me tomo el primer sorbo, veo como el Lucho saca en cámara lenta el hilito del vaso con las dos bolsitas.
Mientras tanto yo, tenía la boca llena de hierbas, fue mi primer sorbete de amarguras en la capital, con sigilo me paré a la cocina, boté todo y escondí las bolsitas rotas al fondo de la caneca de basura.
Si bien Sheng- Nung se relajó esa primera vez, Dei-son había pagado una amarga novatada.
- ¿DD y tu té?
- Ya me lo tomé.
Tú eres la reina
Por: Deison Luis Dimas Hoyos
Fecha: 07 de octubre de 2023
Hubo cierta época en la vida donde reinaba la ilusión, la ilusión por una corona, así sea de papel. Los reinados eran el pasatiempo de niños y niñas.
Arriba de un palo de Jobo presencié mi último reinado, Naila, Jesica, Vanesa y Daniela eran las favoritas del público. Esa tarde fue memorable, era una tarde nublosa, los aplausos iban y no volvieron nunca jamás.
Mi hermana, la que ahora es profesora, era parte de un selecto jurado, tan selecto que aplaudía y hacia porras por una de las candidatas.
Justo después del desfile en traje de baño, justo después de la pasarela de Jesica ya el jurado tenía a la ganadora. Justo después del veredicto final no había corona.
El tan anhelado premio había caído en manos de la prima de una de las perdedoras. Ese día no hubo corona. Los sueños quedaron convertidos en picadillo y el edecán no pudo desfilar con la reina.
Todo fue diversión después de la rabia, ese día la inocencia fue la reina de nuestra infancia.