Resumen: Las ciencias sociales se han acercado a las ciencias cognitivas al menos de tres maneras distintas: desde el señalamiento de distancias conceptuales, metodológicas y epistémicas a partir de análisis críticos; desde la búsqueda de posibles puntos de encuentro y colaboración siendo “entusiastas” sobre sus resultados; y desde la búsqueda de interacciones experimentales entre ambos campos. La posición crítica ha sido la más generalizada. Desde fines del siglo XX y principios del siglo XXI se identifican un conjunto de argumentos que se reiteran en la bibliografía de distintas disciplinas sociales y que analizan: el incremento de perspectivas “biologicistas”; el surgimiento de investigaciones “neuro-reduccionistas”; las conexiones entre las producción de conocimiento y el modelo económico, político e ideológico neoliberal; y la generalización de posiciones ontológicas materialistas centradas en el estudio de procesos fisicoquímicos. Por otra parte, profesionales de las ciencias sociales han publicado en el último tiempo numerosos artículos académicos y de divulgación acerca del “boom” particularmente de las neurociencias y sus implicancias en la vida cotidiana en términos de sus efectos biopolíticos.
Ahora bien, ¿Qué suscita este tipo de análisis? En este seminario analizaremos una posible respuesta a esta pregunta: las posiciones críticas como las referidas, otorgan una primacía ontológica a lo social-cultural imponiendo tal dimensión por sobre otras como la natural-biológica a la hora de comprender los fenómenos. Esto se debería a que las investigaciones de las ciencias cognitivas trabajan en una frontera borrosa que desafía ciertos dominios tradicionales del campo social y altera la división intelectual del trabajo y el orden cognitivo y material sobre el que descansan tales fronteras.