Es la posición quirúrgica más problemática, tanto por su difícil colocación como por los efectos fisiológicos que conlleva. Calificada como la posición menos fisiológica que existe, sobretodo por el manejo imposible de la vía respiratoria para el anestesista.
Esta posición consiste en colocar al paciente boca abajo con lateralización de la cabeza hacia un lado y tener un mínimo acceso y control de la vía aérea. En algunas cirugías esta lateralidad no es posible y dificulta mucho más este acceso.
Las intervenciones principales en esta posición se realizan sobre el recto y columna vertebral. También se puede usar en pacientes de neurocirugía cuando requiere una craneotomía en zona occipital posterior (colocando el cabezal de Mayfield - videomontaje).
Las complicaciones más frecuentes son:
Dificultad de movimiento de la caja torácica por su propio peso y el riesgo de insuficiencia respiratoria grave que conlleva.
Dificultad para mover el diafragma por el contenido abdominal.
Compresión de la vena cava inferior, disminuyendo el gasto cardíaco y aumentando la PVC. Esto provoca un éstasis venoso abdominal, pudiendo quedar retenido gran cantidad de anestésico en todo el árbol vascular peritoneal. Puede provocar una parada respiratoria en el postoperatorio inmediato debido a la salida repentina de dicho anestésico al torrente circulatorio.
Debido al éstasis venoso en las extremidades inferiores, éstas ofrecen menor resistencia y puede causar mayor sangrado durante la cirugía.
Congestión a nivel de la cabeza. La rotación de la misma y el cuello puede producir isquemia por oclusión de la carótida o las arterias vertebrales. Una rotación de 80º de la cabeza, puede ocluir por completo la arteria vertebral contralateral, con graves consecuencias si se sospecha enfermedad arterial cerebral o arteritis, ya que al estar los vasos parcialmente ocluídos por aterosclerosis, pueden sufrir isquemia, trombosis o ictus embólico.
Los puntos de presión en este caso son:
La cara, tanto su parte lateral donde apoya como las zonas prominentes al quedar al descubierto por la lateralización.
Tórax y abdomen.
Rodillas y pies, siendo en el este caso lo más perjudicial los dedos del pié y el empeine (los talones quedan hacia arriba o bien, si se ladea el pié, conviene protegerlos adecuadamente con una talonera).
Cuidados de enfermería en la posición prona:
Es fundamental voltear al enfermo una vez que ha sido anestesiado en posición supina y para ello, son necesarias al menos 6 personas que deben efectuar esta maniobra de forma coordinada y cooperativa. Es esencial evitar la torsión de los miembros y mantener la cabeza estrictamente alineada con el tronco durante el movimiento. Las manos del paciente deben protegerse del peso del cuerpo que cae sobre ellas.
La cabeza hay que posicionarla correctamente; se ladea descansándola en una almohada, ya que en pacientes sanos se produce una compensación al aumentar el flujo cerebral a través de la arteria vertebral opuesta al polígono de Willis. Sin embargo, si se trata de un enfermo con antecedentes de patología arterial cerebral, tendremos que utilizar el soporte reposacabezas almohadillado en forma de herradura, que soporta la periferia de la cara sin presionar los ojos.
Para aliviar la presión sobre el tórax y abdomen pondremos dos rodillos almohadillados debajo a la altura de las axilas y otros dos a nivel de las palas ilíacas sin comprimir los vasos femorales.
Los brazos se colocan sobre 2 apoyabrazos con máximo cuidado, evitando hiperextensiones y caídas. Protección adecuada de los codos.
En los miembros inferiores deben protegerse las rodillas y los pies, evitando el roce de los dedos con la mesa. Se elevará la parte inferior de las piernas, favoreciendo el buen drenaje.
Evitar presiones en las mamas de las mujeres y en el aparato genital masculino.