El paciente permanece tumbado sobre su espalda, al igual que en posición de decúbito supino, pero su diferencia radica en la inclinación de la mesa ya que ésta se modifica hasta quedar la cabeza por debajo de la línea de los talones sin arquear la estructura. Suele ser una inclinación no superior a los 15º (aunque en ocasiones se puede forzar aún una mayor inclinación, hasta los 45º utilizando bandas de fijación y sujeción para evitar el deslizamiento del paciente). Es recomendable flexionar las rodillas a nivel de la articulación para prevenir presión sobre nervios y vasos. Es muy recomendable el uso de soportes a modo de hombreras, para evitar el deslizamiento del paciente.
Las indicaciones para esta postura son:
Intervenciones en la parte inferior del abdomen o de la pelvis gracias al desplazamiento cefálico del contenido abdominal.
Las complicaciones de este posicionamiento son:
Descenso de la presión arterial en extremidades inferiores, compensada por la acción de los barorreceptores (vasodilatación y bradicardia) en pacientes sanos. Pacientes ancianos y enfermos con aterosclerosis generalizada pueden sufrir trastornos isquémicos severos durante el postoperatorio.
En pacientes cardiópatas, esta posición incrementa significativamente la PAM. (Presión Arterial Media) y la PPC (Presión Pulmonar Capilar), con mayor demanda de la oxigenación cardíaca. Si previamente el paciente presenta una baja reserva cardiaca o está muy disminuída, puede desencadenar una cardiopatía congestiva aguda o isquemia miocárdica.
Aumento del gasto cardiaco entre un 20 – 40%.
Elevación de la presión venosa yugular e intracraneal, con el consiguiente descenso de la presión de perfusión cerebral.
Restricción de la compliance pulmonar por la compresión del contenido abdominal sobre la base pulmonar y, por tanto, mayor trabajo respiratorio. En pacientes ancianos y obesos, el deterioro de la función respiratoria puede provocar hipercapnia e hipertensión y riesgo de hemorragia cerebral por vasodilatación de los vasos cerebrales.
Riesgo de regurgitación, náuseas y vómitos en el postoperatorio.
Es necesario comprobar la correcta posición del tubo endotraqueal ya que la gravedad desplaza cefálicamente tanto los pulmones como la carina, haciendo que la punta del tubo pueda permanecer en un lugar más distal en la tráquea. Incluso estando bien fijado, puede desplazarse, introduciéndose en el bronquio derecho y provocar una ventilación selectiva e hipoventilación en el pulmón izquierdo.
Los puntos que ejercen presión en esta posición son los mismos que en la de decúbito supino:
Cabeza: occipital.
Torso: hombros, escápulas y codos.
Cadera (coxis), glúteos y talones.
Los cuidados de enfermería a realizar son:
Almohadillado y protección de las zonas de presión anteriormente citados.
Fijación con bandas y sujeción efectiva del paciente a la mesa quirúrgica para evitar su deslizamiento. Si lo requiere, se colocarán topes laterales que recuesten en el paciente sobre sus hombros (hombreras).
Comprobación de la colocación del tubo endotraqueal tras colocación final del paciente en dicha posición.
Es conveniente, ante la previsión de cirugía de larga duración, aplicar aceites hiperoxigenados en los puntos de presión y así reducir el riesgo de UPP.