Los primeros pingüinos llegan en septiembre y se quedan hasta mediados de marzo, pero el mayor espectáculo es a partir de noviembre, cuando nacen las crías.
Uno de los grandes atractivos de esta Reserva es que se puede ver muy de cerca a estos enternecedores animalitos.
Hay un solo requisito: nunca se debe molestar ni tocar a las aves. No hay que olvidar que uno se encuentra dentro de una Reserva, un sitio especial dedicado a preservar su hábitat natural y proteger y conservar la fauna. Además, si bien los pingüinos son inofensivos en condiciones normales, al sentirse amenazados se defienden con su pico, muy fuerte y filoso.
La reserva fue creada en el año 1979 mediante un decreto de la provincia de Chubut, con el fin de proteger la mayor colonia continental de Pingüinos de Magallanes.
El ingreso a la reserva se hace por el puesto del Guardafauna donde se abona el derecho de ingreso y se obtiene información acerca de las distintas sendas y la forma de comportarse con los animales.
El área de estacionamiento para los vehículos se encuentra ya dentro de la reserva, por lo que es necesario transitar esos metros con mucha precaución: ¡Ya es territorio de pingüinos!
Una vez en el área de sendas verá que la zona de acceso permitido se encuentra delimitada por un alambrado. ¡Respételo! Tenga cuidado también con los nidos, que son excavaciones entre los arbustos y al costado de las sendas.
Las familias de pingüinos se encuentran generalmente bajo los arbustos, pero también caminan por todos lados, en un ir y venir constante entre el mar y los nidos, para buscar el alimento y hacerlo llegar a los pichones.
Durante todo el recorrido hay carteles en español e inglés que guían y van dando especificaciones de las características de los pingüinos.