Carlos DeLuna, un joven de 20 años de origen latino, fue acusado por un crimen que nunca cometió. Recibió la pena de muerte y años después un profesor de Derecho y su clase dieron con el verdadero asesino.
El caso de Carlos DeLuna es un ejemplo trágico de los riesgos inherentes al sistema de justicia penal, especialmente en casos que involucran la pena de muerte. DeLuna fue condenado por un crimen que no cometió y, lamentablemente, fue ejecutado antes de que se pudiera demostrar su inocencia.
Este caso destaca varios problemas en el sistema legal, como la posibilidad de errores judiciales, la falta de recursos adecuados para la defensa de personas de bajos recursos y la presión para resolver casos de manera rápida en lugar de buscar la verdad.
La historia de Carlos DeLuna ha sido utilizada como un ejemplo impactante para abogar en contra de la pena de muerte, ya que ilustra los graves riesgos de condenar a una persona a muerte basándose en pruebas insuficientes o testimonios poco confiables.
El caso de Joe Arridy es un ejemplo desgarrador de un hombre con discapacidad mental que fue condenado y ejecutado injustamente por un crimen que no cometió. Joe Arridy, un hombre con discapacidad intelectual, fue acusado de participar en un asesinato en Colorado en 1936. A pesar de su inocencia y su discapacidad, fue condenado en un juicio injusto y ejecutado en 1939 mediante la silla eléctrica.
Después de su ejecución, surgieron pruebas que demostraron que Arridy era inocente. Testimonios de otros reclusos y una nueva investigación sugirieron que Arridy no tenía conocimiento ni participación en el crimen. Además, otro hombre confesó ser el responsable del asesinato por el que Arridy había sido ejecutado. Estas revelaciones llevaron a la revisión del caso y a la conclusión de que Arridy había sido víctima de un error judicial trágico y profundamente injusto.