Las metas globales de la educación inspirada en el paradigma humanista son las siguientes:
a) Ayudar a desarrollar la individualidad de las personas.
b) Apoyar a los alumnos para que se reconozcan como seres humanos únicos. e) Contribuir a que los estudiantes desarrollen sus potencialidades. Se describen cinco objetivos educacionales que promulgan los programas de tipo humanista:
Centrarse en el crecimiento personal de los estudiantes (las ideas de autoconciencia y reflexión sobre su identidad se encuentran englobados de un modo importante en este objetivo).
Fomentar la originalidad, la creatividad y la imaginación en los estudiantes.
Promover experiencias de influencia recíproca interpersonal entre los estudiantes (experiencias de procesos de grupo y comunicación interpersonal).
Provocar en los estudiantes sentimientos positivos hacia las asignaturas o los cursos escolares.
Inducir aprendizajes de los contenidos vinculando los aspectos cognitivos y vivenciales.
Estas metas amplias son los puntos que comparten las distintas propuestas escrito de los teóricos humanistas. Sobre la cuestión de plantear los objetivos
Y era moldear, adaptar y modificar la conducta de los alumnos «en forma humanista» se señala lo siguiente:
Dudo que el profesional de la «tercera fuerza» pretenda modificar humanísticamente el comportamiento de nadie, como meta principal. No lo intentará, porque precisamente en este punto es donde entiendo que se marcan las diferencias -enormes y cualitativamente distintas- entre un empeño educativo terapéutico «modificador» y otro «fomentador» (p. 90).
Por último, y en concordancia con lo anterior, en torno a la forma de plantear los objetivos de un curso o de una lección determinada, Rogers y Freiberg (1996) señalan que éstos deben confeccionarse sin privilegiar el resultado conductual que se desea conseguir en los alumnos al término del proceso de enseñanza (tal y como se plantearían desde la perspectiva conductista); más bien, según ello, se debe poner cierto énfasis en la(s) condición(es) vivencial(es) y el contexto que los alumnos experimentarán en el proceso de enseñanza. Así, desde esta perspectiva, el profesor debe tener como propósito rector (durante la planeación y luego en la enseñanza propiamente dicha) algo más que conseguir ciertos resultados o conductas preestablecidas; debe guiar o propiciar que los alumnos se aproximen a ciertas situaciones y experiencias de suyo valiosas para su crecimiento y su formación pedagógica, en el contexto educativo particular de que se trate.