La pandemia significo muchas cosas para las personas del todo el mundo, y chile no se quedó ajeno a esa realidad. Para muchas familias significo la triste realidad de perder a un ser querido, para otros, el tener la incertidumbre si su familiar vivirá o no a esta pandemia, cuestionándose cual o cuales serán las secuelas de esta enfermedad.
Muchos otros vivieron aspectos desfavorables en sus relaciones personas, laborales y emocionales, sin duda que fueron tiempos que esperamos no se repitan.
En esta lucha por el bienestar (o simplemente poder estar) muchas personas se refugiaron en actividades que tenían de lado, ya que antes de la pandemia, la familia, el trabajo, los traslados ocupaban bastante tiempo, comprometiendo muchas veces el ocio y tiempo libre.
Para algunos, lo mas seguro que no muchos, la pandemia significo una oportunidad de rencontrarse con actividades de ocio y tiempo libre que antes se realizaba, o en algunas ocasiones, el encontrar nuevos intereses que no habían podido realizar por los costos de la cotidianidad.
En mi caso, me toco teletrabajar, tele rehabilitar, tele tutorías, acompañar y apoyar a mis dos hijas en sus conexiones con el colegio, mientas mi admirable esposa se enfrentaba a los desafíos del trabajo presencial en un hospital público. Todo el día corría, dentro de la casa, pero corría, mis conexiones, las conexiones de las enanas, los almuerzos, las segundas conexiones, la casa, etc. Pero encontré un refugio en la lectura, comencé a leer de nuevo, cosa que no hacia desde la época de la universidad, y que retome con creces, ya que desde la pandemia que no paro de leer, ya sea mucho con relación a la oftalmología, que es algo que me apasiona, también leer desde la profesión y experiencias terapéuticas vanguardistas, leer escritores chilenos como Guarello y Ortega, leer sobre música, comics, de todo.