Los primeros indicios del movimiento independentista en Nicaragua surgieron en 1811, especialmente en las ciudades de León, Granada y Rivas, donde se gestaron rebeliones populares encabezadas por criollos que anhelaban el fin del dominio español. En ese momento, Nicaragua formaba parte de la Capitanía General de Guatemala, una entidad colonial bajo el control de España.
El 15 de septiembre de 1821, esta Capitanía declaró su independencia de la Corona Española, y con ella también lo hizo Nicaragua. Un año más tarde, el territorio se anexó brevemente al Imperio Mexicano de Agustín de Iturbide, un proyecto monárquico que resultó efímero. Tras la caída del emperador en 1823, Nicaragua pasó a formar parte de la Federación de las Provincias Unidas del Centro de América, junto a Guatemala, Honduras, El Salvador y Costa Rica.
En 1826, Manuel Antonio de la Cerda fue elegido como el primer Jefe de Estado de Nicaragua dentro del sistema federal. Sin embargo, la convivencia política fue difícil. Se intensificó el conflicto interno entre los liberales, cuyo bastión era León, y los conservadores, con centro en Granada. Esta lucha entre facciones se convirtió en un rasgo persistente de la política nicaragüense durante las décadas siguientes.
Los liberales, que defendían una Nicaragua completamente independiente, lograron un avance crucial en 1838, cuando la Asamblea Nacional reunida en Chinandega proclamó la independencia absoluta del país, separándose de la federación centroamericana. A pesar de ello, los conflictos internos continuaron.
En 1855, el aventurero estadounidense William Walker aprovechó las divisiones internas y, aliado con los liberales, encabezó sus fuerzas militares. Ocupó Granada el 13 de octubre de 1855, y en 1856 se proclamó presidente de Nicaragua, siendo incluso reconocido por el gobierno de Estados Unidos.
Sin embargo, Walker cometió el error de expropiar una propiedad perteneciente a una compañía de transporte vinculada al influyente empresario estadounidense Cornelius Vanderbilt, lo que le valió la enemistad del magnate. Vanderbilt apoyó entonces a los conservadores nicaragüenses y promovió una coalición militar regional contra Walker.
Finalmente, en marzo de 1857, tras una guerra sangrienta en la que participaron tropas de otros países centroamericanos, William Walker fue expulsado de Nicaragua, marcando el fin de una etapa caótica y violenta en la historia del país.