Advertencia sobre el contenido visual: Esta nota incluye fotografías de fauna silvestre encontrada muerta. Las imágenes forman parte del registro y monitoreo territorial realizado y pueden resultar sensibles para algunas personas. Recomendamos discreción al continuar con la lectura y la visualización del material fotográfico.
Monitorear los encuentros entre infraestructura y vida silvestre en el Caribe Sur
El monitoreo de un territorio también implica observar a quienes lo habitan. La presencia de fauna silvestre permite reconocer que los caminos, puentes, quebradas, tendidos eléctricos y espacios urbanos no existen separados de los ecosistemas: forman parte de territorios que distintas especies utilizan para alimentarse, desplazarse, descansar y reproducirse.
En el Caribe Sur, los procesos de urbanización y transformación del territorio generan encuentros cada vez más frecuentes entre las actividades humanas y la fauna silvestre. Estos encuentros no siempre terminan de la misma manera. Algunas veces los animales logran adaptarse y permanecer en espacios intervenidos; en otras, encuentran obstáculos que pueden provocar lesiones o incluso la muerte.
Desde hace varios años, Philippe Vangoidsenhoven mantiene un monitoreo constante de distintos puntos del territorio. Sus recorridos le han permitido registrar la presencia de especies silvestres, identificar lugares utilizados por los animales y documentar situaciones en las que la infraestructura o las acciones humanas afectan sus posibilidades de desplazamiento.
Los siguientes casos muestran tres situaciones diferentes: un cocodrilo que ha encontrado refugio en una quebrada urbana, un congo muerto aparentemente por contacto con un tendido eléctrico y un segundo caso de electrocución registrado en Sixaola.
Más que episodios aislados, estos registros permiten formular preguntas sobre cómo estamos construyendo nuestros espacios y qué lugar estamos dejando para la fauna que continúa habitando estos territorios.
Caso 1: Un cocodrilo en la entrada de Puerto Viejo: cuando la ciudad comparte territorio con la fauna
Desde hace varios años, un cocodrilo juvenil habita en una quebrada ubicada en la entrada de Puerto Viejo.
Philippe ha seguido su crecimiento durante este tiempo y señala que el animal aparenta encontrarse en buenas condiciones. También ha observado que mantiene distancia frente a las personas: cuando intenta acercarse para grabarlo mientras descansa sobre un tronco, el cocodrilo suele lanzarse al agua.
Esta reacción resulta importante. La presencia de un animal silvestre en un espacio urbano no significa necesariamente que esté buscando el contacto con las personas. En este caso, el comportamiento observado muestra que el animal conserva una respuesta de evasión frente a la presencia humana.
Sin embargo, la convivencia no siempre ha sido sencilla.
Según el relato de Philippe, algunos vecinos han intentado matar al cocodrilo en distintas ocasiones, debido a la creencia de que se alimentaba de sus gallinas. Los intentos, por fortuna, no tuvieron éxito.
El animal también enfrenta otra condición particular: habita una quebrada que recibe aguas provenientes de distintas viviendas y comercios del centro de Puerto Viejo. Su capacidad para sobrevivir en estas condiciones resulta llamativa y vuelve a poner sobre la mesa la calidad ambiental de los pequeños cursos de agua que atraviesan los espacios urbanos.
Cuando desaparece un lugar de descanso
El problema más reciente identificado por Philippe no está directamente relacionado con el animal, sino con la transformación de una parte de su hábitat.
Los troncos que se encontraban en la desembocadura de la quebrada fueron retirados. Philippe señala que, según la información que recibió, la intervención habría sido realizada por JAPDEVA o CONAVI, aunque este dato requeriría confirmación institucional.
La justificación habría estado relacionada con la necesidad de evitar que el agua se estanque durante períodos de lluvias intensas.
Philippe cuestiona la necesidad de retirar estos troncos y recuerda que, durante los aproximadamente 25 años que lleva viviendo en la zona, no había observado que estos elementos provocaran problemas de desagüe o afectaciones a los cimientos del puente.
Pero los troncos cumplían otra función: formaban parte del espacio utilizado por el cocodrilo para descansar y tomar el sol.
Su eliminación modifica, por tanto, una parte del pequeño hábitat que el animal había incorporado a su rutina.
¿Dónde descansará ahora?
La pregunta parece sencilla, pero tiene implicaciones importantes.
Si el cocodrilo ya no dispone de los troncos donde acostumbraba descansar, podría utilizar las orillas de la quebrada u otros espacios más cercanos a los lugares de tránsito de las personas.
Esto puede aumentar las posibilidades de encuentro entre el animal y quienes caminan por la zona.
Por eso, el monitoreo también cumple una función preventiva. Mientras el animal permanezca en el lugar, es importante que las personas mantengan distancia y eviten acercarse innecesariamente a la quebrada. En particular, quienes pasean perros deberían impedir que estos se aproximen al borde del agua.
También se ha planteado la posibilidad de capturar al cocodrilo para trasladarlo a otro lugar. Philippe expresa su desacuerdo con esta posibilidad y considera que, mientras el animal pueda permanecer en su hábitat sin representar un riesgo, debería respetarse su permanencia.
En este sentido, la colocación de un rótulo que informa sobre la presencia del cocodrilo constituye una medida positiva. Informar a la población permite reducir encuentros innecesarios y favorecer una convivencia más cuidadosa.
El caso recuerda algo fundamental: la presencia de fauna silvestre en un territorio no siempre es un problema que deba resolverse mediante su expulsión. En determinadas circunstancias, el desafío consiste en aprender a convivir y adaptar nuestras prácticas para reducir los conflictos.
Caso 2: Dos congos electrocutados: cuando la infraestructura se convierte en una trampa
Los casos de electrocución registrados en la zona muestran una problemática diferente, pero relacionada con la misma cuestión: las infraestructuras humanas atraviesan territorios utilizados por la fauna para desplazarse.
Paraíso Road: un congo encontrado muerto
En las inmediaciones de Paraíso Road, Philippe encontró un congo macho adulto muerto a la orilla de la carretera.
Al examinar el cuerpo observó señales de quemadura en una parte importante de la cola.
A partir de estas evidencias, plantea como hipótesis que el animal pudo haber intentado cruzar y haber entrado en contacto con cables de alta tensión, provocando su muerte.
La causa exacta requeriría una evaluación técnica para ser confirmada. Sin embargo, el registro resulta especialmente relevante porque el resto de la manada permanecía en un árbol cercano.
La escena permite reconocer un problema que muchas veces queda fuera de nuestra mirada cotidiana: los animales también necesitan cruzar las carreteras y desplazarse entre fragmentos de bosque, y en ese recorrido encuentran una infraestructura diseñada principalmente desde las necesidades humanas.
En el mismo lugar se había instalado un mecate con la intención, aparentemente, de facilitar el cruce de animales sobre la carretera.
Philippe cuestiona la efectividad de este tipo de estructuras. A partir del seguimiento que ha realizado durante más de un año mediante cámaras colocadas en dos pasos de un solo mecate, señala que no registró el cruce de animales por esas estructuras.
Su experiencia apunta hacia una conclusión importante: no basta con instalar infraestructura para fauna; es necesario evaluar si realmente está siendo utilizada y si responde al comportamiento de las especies que se pretende proteger.
Philippe plantea que estos pasos deberían contar al menos con dos mecates y una configuración similar a una escalera, de manera que los animales puedan utilizarlos con mayor facilidad.
Este punto resulta especialmente importante para el monitoreo: una medida de mitigación no debería evaluarse solamente por su existencia física, sino por sus resultados.
San Rafael 2, Sixaola: otro congo electrocutado
Un segundo caso fue registrado en Calle San Miguel, San Rafael 2, Sixaola.
Philippe encontró otro congo muerto en la zona. Según su observación, el animal llevaba varios días fallecido y había sido parcialmente consumido por zopilotes.
Más allá de las condiciones en que fue encontrado el cuerpo, este registro vuelve a llamar la atención sobre la posible presencia de puntos de riesgo para la fauna en zonas donde el tendido eléctrico atraviesa sus rutas de desplazamiento.
La aparición de un segundo caso refuerza la necesidad de identificar estos puntos y valorar medidas que permitan reducir el riesgo de electrocución para los animales que utilizan estos corredores.
¿Qué nos muestran estos casos?
Los registros del cocodrilo y los congos corresponden a situaciones diferentes. Uno muestra a una especie que ha conseguido adaptarse a un espacio urbano; los otros documentan posibles consecuencias de la infraestructura sobre animales que se desplazan por el territorio.
Sin embargo, al observarlos conjuntamente aparecen algunas tendencias.
Monitorear también es aprender a mirar la fauna
Estos casos recuerdan que el territorio no está compuesto únicamente por carreteras, casas, puentes, lotes o infraestructura. También está habitado por especies que utilizan esos mismos espacios de maneras que muchas veces no vemos.
El monitoreo de fauna permite reconstruir esa dimensión invisible del territorio: saber dónde descansan los animales, por dónde se desplazan, qué obstáculos encuentran y qué cambios pueden alterar sus rutinas.
El trabajo de monitoreo realizado por Philippe Vangoidsenhoven no consiste únicamente en registrar animales. Consiste en identificar las relaciones entre fauna, infraestructura, ecosistemas y actividades humanas. Cada registro aporta una pieza para comprender esas relaciones.
Y, sobre todo, permite formular una pregunta que resulta cada vez más necesaria en territorios sometidos a procesos de transformación:
¿Cómo construir espacios donde la vida silvestre no sea considerada un obstáculo, sino parte del territorio que habitamos?