Este reporte, elaborado por Philippe Vangoidsenhoven, sistematiza un conjunto de intervenciones documentadas entre 2004 y 2026 que dan cuenta, según los registros disponibles, de una transformación acelerada de ecosistemas sensibles en el Caribe Sur costarricense. A partir de estos casos, se observan patrones reiterados de tala, relleno y construcción, así como procesos de degradación y posible destrucción de bosques, humedales y quebradas ubicadas en zonas bajo protección legal, en un contexto marcado por lo que podría interpretarse como una aplicación débil o inexistente del marco normativo ambiental.
Puerto Viejo: transformación progresiva de bosque ribereño
Este caso da seguimiento a acciones asociadas a la construcción de edificaciones en las cercanías de una quebrada. El registro fotográfico comparativo muestra que en 2017 el área se encontraba cubierta por bosque. Para el año 2023, ese mismo espacio presenta edificaciones consolidadas, evidenciando un cambio sustantivo de uso del suelo. En 2026 se identifican nuevas intervenciones mediante la corta de ramas de árboles, lo que podría sugerir una continuidad del impacto ambiental y una presión sostenida sobre el ecosistema, pese a su carácter sensible y regulado.
2004
2017
2023
Entre los años 2004 y 2013 se registra un cambio de uso casi total del territorio. Aunque la quebrada aún existe, uno de sus márgenes fue completamente desprovisto de cobertura vegetal, rellenado y nivelado, mientras que en el otro margen se levantaron construcciones. Al seguir el curso de la quebrada aguas arriba, se constata una reducción significativa del bosque y del humedal, sustituidos por infraestructura. Este caso documenta procesos que podrían corresponder a la afectación de áreas asociadas a la Zona Marítimo Terrestre (ZMT), humedal y Patrimonio Natural del Estado, en aparente contradicción con la normativa ambiental vigente.
Presunta construcción ilegal en margen de quebrada
Se documenta una construcción localizada directamente en la orilla de una quebrada. La legislación ambiental es explícita: en el caso de arroyos, quebradas y ríos, se debe respetar una franja mínima de protección de 15 metros a cada lado, en la cual no se permite ningún tipo de intervención, incluyendo tala, chapeo o construcción. El sitio cuenta actualmente con medidas cautelares administrativas, lo que implica la paralización de las obras. De haberse otorgado permisos de construcción por parte de la municipalidad de Talamanca, la situación podría implicar responsabilidades institucionales.
Paraíso Road: humedal activo intervenido
El área conocida como Paraíso Road presenta inundaciones recurrentes cuando las lluvias se prolongan por varios días, llegando a cubrir completamente los terrenos y a extenderse más de 200 metros desde la vía pública. Una visión área permitió una visión integral del sitio, confirmando que se trata de varias hectáreas de humedal activo. Históricamente, el área fue intervenida mediante la eliminación del bosque y la preparación del terreno para actividades ganaderas. Las imágenes y videos evidencian que, pese a estas intervenciones, el comportamiento hidrológico del terreno persiste. En este contexto, se plantea la necesidad urgente de aplicar medidas cautelares orientadas a la recuperación del bosque y del humedal, en lugar de permitir nuevos procesos de degradación.
Regama, territorio Keköldi: envenenamiento de árboles en Zona Protegida*
En el sector de Regama, dentro del territorio Keköldi, se documenta el envenenamiento de al menos 50 árboles ubicados dentro de una Zona Protegida y de la ZMT. Imágenes satelitales de Google Earth del 26 de abril de 2023 muestran que no existía ningún árbol muerto en esa fecha. Posteriormente, se evidencia el daño deliberado. Todos los árboles afectados se encontraban dentro del Patrimonio Natural del Estado. El patrón observado sugiere una presunta acción intencional para despejar vista al mar desde terrenos vecinos. El caso ya fue denunciado, subrayando la gravedad de una práctica que vulnera múltiples normas ambientales.
Los casos presentados no son hechos aislados, sino expresiones reiteradas de una misma lógica de intervención territorial. Su lectura conjunta permite identificar patrones comunes y prácticas que se repiten en el tiempo, más allá de cada situación específica. A partir de ello, el monitoreo agrupa estas acciones en distintas formas de intervención que ayudan a comprender cómo se produce y consolida la degradación de ecosistemas protegidos en el Caribe Sur.
*Para más información pueden consultar la noticia publicada en Surcos Digital titulada: Denuncian muerte de al menos 20 árboles en Playa Chiquita dentro del Territorio Indígena KéköLdí y el REGAMA Publicada 05/02/2026
Formas de intervención territorial documentadas en el monitoreo
1. Tala directa y eliminación de cobertura boscosa: Consiste en la corta total o parcial de árboles en zonas protegidas, humedales o márgenes de quebradas. En algunos casos se trata de talas visibles y abruptas; en otros, de procesos graduales que avanzan por etapas. Esta intervención elimina la función ecológica del bosque, debilita la protección del suelo y facilita acciones posteriores como relleno o construcción.
2. Tala encubierta y degradación progresiva: Incluye prácticas como la corta selectiva de ramas, el envenenamiento de árboles o el “secado” inducido de la vegetación. Aunque menos evidente que la tala total, esta modalidad produce el mismo resultado: la muerte del bosque. Su carácter paulatino permite evadir controles y presentar el deterioro como un proceso “natural”.
3. Relleno y nivelación de terrenos: Tras la eliminación del bosque o humedal, se procede al relleno con material externo para elevar y “secar” el terreno. Esta práctica altera de forma irreversible la dinámica hídrica, especialmente en humedales y zonas inundables, y crea condiciones artificiales para justificar usos productivos o constructivos.
4. Construcción en zonas de protección: Se documentan edificaciones levantadas en márgenes de quebradas, humedales y áreas donde la ley establece franjas de protección intocables. Estas construcciones consolidan el daño previo y transforman la ilegalidad en un hecho consumado, dificultando procesos de restauración ecológica.
Tendencias que se vuelven norma
Las formas de intervención documentadas no son hechos aislados ni excepcionales. Constituyen un patrón sistemático de transformación territorial basado en la degradación progresiva de ecosistemas protegidos, el uso estratégico del tiempo y la debilidad institucional. Tala, relleno y construcción operan como una secuencia encadenada que convierte bienes comunes —bosque, humedales, quebradas y Patrimonio Natural del Estado— en soporte para intereses privados.
El monitoreo sostenido demuestra que la destrucción ambiental no ocurre solo por grandes proyectos visibles, sino también mediante prácticas fragmentadas, silenciosas y acumulativas. Frente a este escenario, la documentación territorial se vuelve una herramienta clave para disputar la narrativa de “desarrollo” y para evidenciar cómo la legalidad ambiental es erosionada desde dentro, por acción u omisión del propio Estado.