DE INTERES
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La prohibición de las pantallas avanza en los colegios , se acabo el optimismo tecnológico en educación: "los dispositivos distraen"
La noticia trata sobre el avance de las prohibiciones y limitaciones del uso de pantallas en los colegios en distintas comunidades autónomas de España.
Madrid ha anunciado que prohibirá los dispositivos digitales en las aulas.
Murcia ya tiene un veto en marcha.
Cataluña está preparando restricciones basadas en un informe del Ministerio de Infancia y Juventud.
El discurso general es que “los dispositivos distraen”, lo que marca un cambio respecto al optimismo tecnológico de años anteriores.
En los últimos días me ha parecido especialmente relevante abordar el debate sobre la prohibición de pantallas en los centros educativos. Esta reflexión surge, en parte, porque en mi centro de prácticas la PDI es uno de los recursos más utilizados en prácticamente todas las aulas. Forma parte de la dinámica diaria y se integra de manera natural en las explicaciones, las actividades y la interacción con el alumnado.
Por eso, cuando me encontré con una noticia reciente que planteaba limitar o incluso retirar el uso de pantallas en los colegios, sentí la necesidad de compartir mi opinión al respecto. Personalmente, no estoy a favor de este tipo de prohibiciones generalizadas.
La verdad es que, cuanto más leo sobre estas prohibiciones, más me convenzo de que se está simplificando un tema que es muchísimo más complejo. Me da la sensación de que se está culpando a “las pantallas” en general, como si todas funcionaran igual o tuvieran el mismo impacto en el aula. Y no es así. En mi centro de prácticas lo veo cada día: la PDI no es un juguete ni un distractor, es una herramienta de trabajo. Ayuda a explicar mejor, a visualizar contenidos que de otra forma serían abstractos, a mantener la atención del grupo y a hacer las clases más dinámicas. No tiene nada que ver con un móvil o una tablet usada sin control.
Por eso me cuesta entender que se plantee retirarla bajo el mismo argumento de “evitar distracciones”. Me parece una medida poco matizada, casi impulsiva, que no tiene en cuenta cómo se vive realmente la enseñanza en el día a día. Si algo funciona, si aporta, si facilita el aprendizaje… ¿por qué eliminarlo? Creo que el problema no es la tecnología en sí, sino cómo se usa. Y prohibir por prohibir no soluciona nada; al contrario, puede limitar muchísimo el trabajo del profesorado y empobrecer la experiencia del alumnado.