¿Qué es el amor romántico?
El amor está relacionado con otros sentimientos como el apego, la querencia, el deseo, el cariño, la pasión, la amistad, la búsqueda, el erotismo, la sexualidad, los cuidados y la atención, la intimidad y el compromiso. A nivel etimológico, por ejemplo, el amor se relaciona con el deseo: querer procede de quarare, «buscar».
Hoy en día es uno de los principales temas de las narrativas posmodernas. El amor de la pareja impregnado de romanticismo es el gran tema de todos los productos culturales de una sociedad de masas de carácter ya planetario, y podemos afirmar que esta inundación emocional comenzó con el inicio de la industria cinematográfica estadounidense. Principalmente a través de Hollywood (y cada vez más Bollywood), se ha producido una expansión de amor heterosexual y monogámico en el imaginario occidental en general, y estadounidense en particular). A todos los rincones del planeta. La Tierra está conectada a través de las antenas parabólicas y de internet, es esencial tener en cuenta que los grandes conglomerados culturales no solo exportan entretenimiento, sino también ideología.
Veremos que el amor suscita en las personas sentimientos de altruismo, generosidad, sacrificio, felicidad intensa. Pero también es un sentimiento en el que aflora nuestro lado oscuro: el egoísmo, el miedo y las inseguridades, los complejos, los deseos de venganza y dominación, la crueldad extrema. Por eso a menudo el amor romántico nos muestra la peor cara de nosotros mismos, nuestro lado más sombrío e inconfesable.
Qué son los mitos
La palabra "mito" proviene del vocablo griego “mythos”, comúnmente interpretado en nuestra lengua como "narración" o "relato". Los mitos ayudaron a los seres humanos a explicar los fenómenos naturales y poseyeron siempre un poder de trascendencia, una dimensión emotiva, religiosa y espiritual que se expresaba simbólicamente a través de relatos.
Mitos amorosos
El principal mito que encontramos en el romanticismo es la frase que concluye los relatos de amor: “y vivieron felices, y comieron perdices”. La estructura mítica de la narración amorosa es casi siempre la misma: dos personas se enamoran, se ven separadas por diversas circunstancias, obstáculos (dragones, bosques encantados, monstruos terribles) y barreras (sociales y económicas, religiosas, morales, políticas). Tras superar todos los obstáculos, la pareja feliz por fin puede vivir su amor en libertad. Evidentemente, como mito que es, esta historia de obstáculos y superaciones está atravesada por las ideologías patriarcales, que ponen la misión en manos del héroe, mientras que la mujer espera en su castillo a ser salvada: él es activo, ella pasiva (el paradigma de este modelo es la Bella Durmiente, que pasó nada más y nada menos que CIEN!!!!! años dormida esperando a su príncipe).
La mayor parte de los mitos amorosos surgieron en la época medieval; otros han ido surgiendo con el paso de los siglos, y finalmente se consolidaron en el XIX, con el Movimiento Romántico. De ellos nos quedan, según Carlos Yela García (2002), unos cuantos que configuran nuestras estructuras sentimentales en la actualidad:
Mito de la media naranja, derivado del mito amoroso de Aristófanes, que supone que los humanos fueron divididos en dos partes que vuelven a unirse en un todo absoluto cuando encontramos a nuestra “alma gemela”, a nuestro compañero/a ideal. Es un mito que expresa la idea de que estamos predestinados el uno al otro; es decir, que la otra persona es inevitablemente nuestro par, y solo con ella nos sentimos completos. El mito de la media naranja sería una imagen ingenua y simplificada del mito platónico que intenta transmitir esa búsqueda de la unidad perdida, pero su principal defecto es, que uno más uno termina resultando uno, lo cual es un grave error, no sólo aritmético, que es asimilado mayoritariamente por mujeres.
Mito de la exclusividad: creencia de que el amor romántico sólo puede sentirse por una única persona. Este mito es muy potente y tiene que ver con la propiedad privada y el egoísmo humano, que siente como propiedades a las personas y sus cuerpos. Es un mito que sustenta otro mito: el de la monogamia como estado ideal de las personas en la sociedad.
Mito de la fidelidad: creencia de que todos los deseos pasionales, románticos y eróticos deben satisfacerse exclusivamente con una única persona: la propia pareja.
Mito de la perdurabilidad (o de la pasión eterna): creencia de que el amor romántico y pasional de los primeros meses puede y debe perdurar tras miles de días (y noches) de convivencia.
Mito del matrimonio o convivencia: creencia de que el amor romántico-pasional debe conducir a la unión estable de la pareja, y constituirse en la (única) base del matrimonio (o de la convivencia en pareja). Esto nos crea problemas porque vimos que la institucionalización de la pasión, y el paso del tiempo, acaban con ella. Por eso nos divorciamos y buscamos nuevas pasiones que nos hagan sentir vivos, pero en seguida la gente vuelve a casarse, cometiendo el mismo error que la primera vez.
Mito de la omnipotencia: creencia de que “el amor lo puede todo” y debe permanecer ante todo y sobre todo. Este mito ha sujetado a muchas mujeres que han creído en este poder mágico del amor para salvarlas o hacerlas felices, pese a que el amor no siempre puede con la distancia, ni los problemas de convivencia, ni la pobreza extrema.
Mito del libre albedrío: creencia que supone que nuestros sentimientos amorosos son absolutamente íntimos y no están influidos de forma decisiva por factores socio-biológicos-culturales ajenos a nuestra voluntad.
Mito del emparejamiento: creencia en que la pareja es algo natural y universal. La convivencia de dos en dos ha sido, así, deificada en el imaginario colectivo, e institucionalizada en la sociedad.
Mito del sufrimiento: creencia de que el amor comporta discusiones y sufrimiento. Mitos como los de que "Una pareja que no discute, es que no se quiere", o "los que se pelean se desean", alimentan la idea de que a veces hay que “aguantar” situaciones que nos causan sufrimiento como faltas de respeto, humillaciones o discusiones, solo por amor.
Mito de la unidad: creencia de que ambos miembros de la pareja deben ser uno. Arrastrados por esta creencia, muchas personas dejan de tener su propio espacio cuando se emparejan, perdiendo espacios para dedicar a sus amigos, sus hobbies, o para ella misma, sin que su pareja este presente.
Los mitos amorosos crean unas expectativas desmesuradas que luego causan una intensa decepción, más hoy en día que no tenemos tolerancia al no; nos frustra todo enormemente porque nos ilusionamos con las promesas que nos venden en los relatos de la sociedad globalizada. El modelo de amor idealizado y cargado de estereotipos aprisionan a la gente en divisiones y clasificaciones perpetuando así el sistema jerárquico, desigual y basado en la dependencia de sus miembros en el que vivimos.
Además, provocan dolor en la gente porque el amor no es eterno, ni perfecto, ni maravilloso, ni nos viene a salvar de nada. La utopía del amor romántico, con sus idealizaciones, es la nueva religión colectiva que nos envuelve en falsas promesas de autorrealización, plenitud, y felicidad perpetua. De ahí la insatisfacción permanente y la tensión continua entre el deseo y la Realidad que sufrimos los habitantes de la posmodernidad.
Lo lógico debería ser poder transformar los relatos, contar nuevas historias, cambiar los modelos idealizados que han quedado obsoletos, construir héroes y heroínas de carne y hueso, crear nuevos mitos que nos ayuden a construir unas sociedades más justas, igualitarias, ecologistas, cultas y pacíficas. Encaminar nuestros esfuerzos al bien común, trabajar para proponer otras realidades, luchar por construir otras nuevas en lugar de huir de lo que hay mediante paraísos emocionales y promesas de salvación individuales.
[1] Coral Herrera. https://haikita.blogspot.com/2010/08/los-mitos-del-amor-romantico.html
[1] Carmen Ruiz Repullo (2016): Voces tras los datos. Una mirada cualitativa a la violencia de género en adolescentes. Sevilla, Edita: Instituto Andaluz de la Mujer.
Escalera de la violencia. Carmen Ruiz Repullo.