En 1808, el emperador francés Napoleón Bonaparte invadió España y obligó a abdicar a la monarquía española. Posteriormente colocó en el trono a su hermano José I Bonaparte como rey. Este hecho provocó un profundo rechazo entre la población española y dio origen a un levantamiento general contra la ocupación francesa, iniciando así la Guerra de la Independencia Española.
La ciudad de Madrid, como capital del país, se convirtió en uno de los principales focos de resistencia frente a la presencia francesa. El acontecimiento más significativo fue el Levantamiento del Dos de Mayo de 1808, cuando gran parte de la población madrileña se sublevó contra las tropas francesas.
Durante aquella jornada, numerosos ciudadanos, en su mayoría civiles, se enfrentaron a los soldados franceses en las calles de la ciudad. Los combates fueron intensos y se caracterizaron por enfrentamientos directos, ataques improvisados y episodios de gran violencia que afectaron tanto a la población como a los edificios de la ciudad. Este levantamiento representó un acto de valentía colectiva y sirvió de inspiración para que otras regiones de España se unieran a la lucha contra el dominio francés.
La revuelta fue duramente reprimida por el ejército francés, que respondió con ejecuciones masivas y represalias contra la población. Cientos de madrileños fueron fusilados como castigo por su participación en la rebelión. A pesar de esta represión, el levantamiento se convirtió en un símbolo de la resistencia española.
Durante los años de ocupación, la población civil sufrió graves dificultades. La escasez de alimentos, las duras condiciones de vida y las represalias del ejército francés marcaron el día a día de los habitantes de Madrid. Sin embargo, muchos ciudadanos continuaron colaborando con la resistencia mediante redes clandestinas que ayudaban a los guerrilleros, ofrecían refugio a perseguidos y transmitían información a los ejércitos que luchaban contra Francia.
En 1812, el avance de los ejércitos aliados permitió iniciar el proceso de liberación de la ciudad. Las fuerzas españolas y británicas, dirigidas por el militar británico Arthur Wellesley, 1st Duke of Wellington, emprendieron operaciones militares para expulsar a las tropas francesas.
Tras varios meses de combates en los alrededores de Madrid, el 14 de agosto de 1812 las fuerzas aliadas lograron entrar en la ciudad, poniendo fin al control francés y recuperando la capital para el bando español.
La liberación de Madrid supuso un momento de gran esperanza para sus habitantes después de años de ocupación y sufrimiento. A lo largo de este periodo, la población madrileña demostró una notable determinación y resistencia frente a las dificultades, convirtiéndose en un símbolo de la lucha del pueblo español por su libertad durante la Guerra de la Independencia.