INTRODUCCIÓN
I. Límites de este trabajo
Las siguientes páginas están planteadas como la colaboración del Departamento de Latín y Griego al proyecto CTIM (también llamado, en inglés, STEM) de este Centro para 2019.
El objetivo, por tanto, es ofrecer a los alumnos de enseñanza secundaria y bachillerato (y al público en general) un primer acercamiento a la historia de cómo se descubrieron los elementos químicos, y, por tanto, cómo llegaron a llamarse así.
La profundidad y amplitud con que se trata la cuestión pretende estar adaptada al nivel de un IES, no más, no se busca exhaustividad. Eso sí, lo que aquí se puede leer se ha tratado con todo el rigor que cabe esperar de la Filología Clásica.
Dejamos para otra ocasión los términos y denominaciones que nunca llegaron a entrar en la Tabla Periódica, aunque son numerosos e interesantes.
II. Sobre cuestiones de ortografía
En este trabajo se ha optado, en general, por respetar las denominaciones de elementos consagradas por siglos (a veces, milenios) de tradición cultural española, sobre todo en los términos heredados directamente de Grecia y Roma, y teniendo en cuenta las particularidades de nuestra fonética y prosodia. Este Departamento no puede evitar preferir las variantes que se adaptan mejor a las normas tradicionales que se vienen aplicando a los helenismos y latinismos; así hablamos de astato, no de ástato.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que buena parte de los nombres de los componentes de la Tabla Periódica proviene de otras tradiciones, otros idiomas, y además son relativamente recientes, por lo que se aplican las reglas generales de ortografía (transliteración, transcripción, acentuación, prosodia) para extranjerismos o barbarismos; por ejemplo, aquí se prefiere laurencio a lawrencio.
Por lo demás, no se han respetado a veces los criterios de la RSEQ (y otros organismos e instituciones); remitimos a las fichas de cada elemento cuyo nombre está o estuvo sujeto a controversia. Así encontraremos hassio en vez de hasio, pero oganesón en lugar de oganessón.
En resumen, entre las variantes formales, este trabajo emplea:
30 zinc, en lugar de cinc
36 kriptón, en lugar de criptón
40 zirconio, en lugar de circonio
61 prometio, en lugar de promecio
73 tantalio, en lugar de tántalo
74 volframio, en lugar de wolframio o tungsteno
85 astato, en lugar de ástato
97 berkelio, en lugar de berquelio
103 laurencio, en lugar de lawrencio
108 hassio, en lugar de hasio
118 oganesón, en lugar de oganessón
III. Agrupaciones temáticas y cronológicas
Las tendencias en la nomenclatura de los elementos siguen las reglas de la modas, de manera que han ido variando a lo largo de la historia. Sin embargo, más o menos en cierto orden cronológico, se podrían dividir en:
a. Propiedades: los primeros nombres se dieron en función de alguna propiedad física o química característica del elemento (color, olor, reactividad, &c.); por ejemplo argón, bromo, rubidio.
b. Obtención: la forma característica en que aparecen, la dificultad de su extracción; por ejemplo, litio, disprosio, lantano.
c. Topónimos: países, regiones, ciudades, y ríos; por ejemplo, galio, erbio, moscovio.
d. Astronomía: planetas y otros cuerpos celestes; por ejemplo, uranio, cerio,mercurio.
e. Mitología: especialmente la grecorromana, pero también de otras tradiciones; por ejemplo, tantalio, prometio, vanadio.
f. Antropónimos: científicos (y alguna científica) relevantes inspiran las denominaciones de los más recientes elementos; por ejemplo, roentgenio, meitnerio, oganesón.
Otra observación interesante es que los distintos métodos de análisis, obtención, aislamiento y observación de los elementos (reducción, destilación, electrólisis, espectrografía, intercambio de iones, ciclotrón, acelerador lineal, fisión, fusión), fueron produciendo tandas de nuevas aportaciones a la Tabla Periódica:
a. hasta finales del siglo XVIII se conocían 34 elementos (hierro, calcio, boro…)
b. hacia 1870 las primeras tablas incluían ya 60 elementos conocidos (helio, cesio, indio…)
c. hacia 1900, 84 elementos (neón, flúor, germanio…)
d. hacia 1937, 99 elementos (renio, praseodimio, protactinio…)
e. hacia 1961, 103 elementos (fermio, plutonio, mendelevio…)
f. hacia 2016, 118 elementos (dubnio, bohrio, teneso…)
La historia de la creación artificial de elementos en laboratorio, más allá de los límites de la naturaleza, se inició en 1937, cuando faltaban cuatro elementos por descubrir: el tecnecio ese mismo año, el francio en 1939, el astato en 1940 y el prometio en 1945.
Como complemento, se pueden encontrar en la interred numerosos enfoques históricos en los que los elementos quedan agrupados de varias maneras, según los distintos autores, en determinadas fases de descubrimiento. Estas agrupaciones resultan necesariamente arbitrarias, pero, por su valor orientativo y como botón de muestra, incluimos aquí la propuesta disponible en www.herramientas.educa.madrid.org/tabla/
Otro enfoque, en el que visualmente se distinguen con colores las diferentes fases de descubrimiento (aquí los grupos son: antes de 1800 / 1800-1849 / 1850-1899 / 1900-1949 / 1950-1999), es el que se puede observar en old.iupac.org/reports/periodic_table/index.html, pero esta tabla no está actualizada ni completa.
IV. España y los elementos químicos
El papel de la ciencia española en el descubrimiento y correspondiente denominación de elementos químicos no es precisamente destacable, comparado con países como, por ejemplo, Reino Unido o Francia.
De hecho, sólo tres elementos (aparecen a continuación por orden cronológico) han sido descubiertos por españoles:
1. el 78 platino fue descubierto por A. de Ulloa (comandante, científico y explorador sevillano) en 1735
2. el 74 volframio por los hermanos J.J. y F. Elhuyar (químicos vascos) en 1783
3. el 23 vanadio por A. M. del Río (científico y naturalista madrileño) en 1801