LA ATENCIÓN TEMPRANA Y EL MODELO DE ATENCIÓN CENTRADO EN LA FAMILIA.
La Atención Temprana es una disciplina joven, con apenas seis décadas de historia e inmersa en una continua evolución y transformación. Actualmente estamos experimentando un cambio en la manera de entender esta disciplina, por lo que se está realizando un cambio de mirada hacia la utilización de prácticas centradas en la persona y la familia, en su entorno natural, frente al tradicional tratamiento ambulatorio y clínico.
Desde el inicio de la Atención Temprana en los años 60 en Estados Unidos y en los 70 en Europa la intervención en atención temprana tenía una perspectiva esencialmente rehabilitadora y centrada en los menores con alguna discapacidad (estimulación precoz). El profesional ejercía como único “experto” en el desarrollo de ese niño/a, adoptando la familia un rol pasivo sin apenas participación. Esto es lo que se ha venido denominando “modelo de terapeuta-experto”.
Pronto se hizo evidente, años 80-90, que dejar al margen a la familia no era conveniente, entre otras razones porque ésta es una pieza clave en el desarrollo del niño/a en todos sus ámbitos, especialmente a nivel emocional y social y además porque como responsables legales son el único elemento estable en el futuro del niño/a. Es lo que se conoció como “Intervención Temprana”.
Pero esta evolución no acabó ahí, ya que desde los años 90 a la actualidad se introdujo una nueva variable: el entorno. Es lo que ya conocemos como “Atención Temprana”, la cual se lleva a cabo en la Comunidad Autónoma Aragón desde tres ámbitos interrelacionados: sanitario (pediatría); social (IASS a través de los CDIAT) y educativo (a través de los EOEAT).
Por todo ello, como adelantamos en el primer párrafo, se ha procedido a realizar un cambio de mirada en la atención temprana, lo que actualmente denominamos “Modelo Centrado en la familia”
Este modelo parte del convencimiento de que, en la familia del niño/a con necesidades de Atención Temprana y en su entorno inmediato, podemos encontrar y potenciar los recursos y las competencias necesarias para construir un entorno para facilitar el desarrollo del niño/a. No consiste en llevar a cabo una intervención rehabilitadora, que reproduzca en el hogar los patrones de intervención terapéutica que hemos venido llevando a cabo a nivel ambulatorio; sino que busca asegurar oportunidades de aprendizaje en actividades plenamente contextualizadas, con lo que se consigue aumentar el tiempo de oportunidades de aprendizaje para el niño/a con respecto a lo que podemos conseguir en el tratamiento ambulatorio.