Se conoce como energía mareomotriz a la que se obtiene del aprovechamiento de las mareas. A través de plantas mareomotrices se aprovecha de distintos modos el agua del mar para generar, mediante un sistema de alternadores, una carga eléctrica que pueda ser aprovechada de numerosas formas.
El funcionamiento de estas plantas es sencillo: cuando la marea sube, se abren las compuertas de la planta y se permite el ingreso del agua, que luego quedará retenida al bajar la marea, para ser liberada a través de un mecanismo de turbinas que transformarán la energía cinética o potencial del agua en electricidad.
La energía mareomotriz se utiliza como fuente de energía eléctrica para alimentar pequeños poblados o instalaciones industriales. Dicha electricidad puede servir para iluminar, calefaccionar o activar mecanismos de toda naturaleza.
Las ventajas de este tipo de energía radican en la ausencia total de materia prima consumible, ya que las mareas son infinitas e inagotables en términos humanos, lo cual hace de la energía mareomotriz una forma de energía renovable, inagotable y económica, que no fluctúa de acuerdo a los precios de un insumo en el mercado internacional, como ocurre con el petróleo.
Por otro lado, no subproduce elementos químicos o tóxicos cuya disposición suponga un esfuerzo adicional, como ocurre con el plutonio radiactivo de la energía nuclear o con los gases de efecto invernadero que libera la combustión de los hidrocarburos fósiles.
El principal inconveniente de esta forma de energía es lo poco efectiva que es, puede dar en casos ideales electricidad a cientos de miles de hogares, pero a través de inversiones colosales que tienen un efecto paisajístico y ambiental bastante negativo, ya que se debe intervenir directamente en el ecosistema marino. Esto hace que la relación entre el costo de manufacturación de la planta, el daño ecológico y la cantidad de energía obtenida no sea demasiado rentable.
Integrantes: Eliana Beninato, Charif Ale, Matias Velazquez.