La IBERO busca formar profesionistas e investigadores con calidad humana e intelectual, comprometidos con la justicia y el servicio a la sociedad. La formación está inspirada en valores cristianos e ignacianos, integrando conocimiento, fe y responsabilidad social.
La finalidad de este modelo educativo es la formación integral de la persona a través de:
Excelencia académica.
Desarrollo emocional y ético.
Experiencia espiritual y de trascendencia.
Compromiso con el bien común.
Fe madura, diálogo intercultural e interreligioso.
Valores promovidos: amor, paz, honestidad, solidaridad, sobriedad, contemplación y gratuidad.
Justicia social como eje transversal en docencia e investigación.
Los objetivos del Modelo corresponden a las cuatro finalidades últimas de la educación de los jesuitas, sintetizadas por sus nombres latinos:
Utilitas: Formación práctica y útil orientada a resolver problemas sociales y ambientales.
Iustitia: Promoción de la justicia en todos los ámbitos universitarios.
Humanitas: Desarrollo integral del ser humano; formar personas conscientes, competentes, compasivas y comprometidas.
Fides: Fe como base para el compromiso humano y social, y para superar los miedos y servir con esperanza.
La pedagogía ignaciana es el sello y el plus que la Ibero brinda a alumnos y maestros, y los hace diferentes13 porque la formación que pretende la Ibero no se limita a la excelencia académica y profesional, sino que pretende también una formación humana integral de inspiración cristiana. Dicha característica consiste en el desarrollo de los dinamismos humanos fundamentales: creatividad, criticidad, libertad, solidaridad, integración afectiva y apertura a lo trascendente.
Principios pedagógicos clave
Magis: Búsqueda del mayor bien y excelencia.
Cura personalis: Atención personalizada y cuidado integral de cada estudiante.
Aprendizaje significativo, colaborativo y autónomo.
Formación basada en el desarrollo de competencias humanas y profesionales.
El proceso pedagógico ignaciano, inspirado en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, se realiza a través de cinco momentos en los que tanto el papel del estudiante como el del profesor resultan fundamentales:
Contextualizar la realidad.
Experimentar desde el entorno.
Reflexionar sobre la experiencia.
Actuar en coherencia con lo reflexionado.
Evaluar el proceso y sus efectos.
Ambiente universitario
Clima de libertad, participación y coherencia con los valores.
Estructura académica
Organización que facilita la interdisciplinariedad y el discernimiento.
Medios curriculares
Planes de estudio con competencias genéricas.
Áreas clave: Reflexión Universitaria y Servicio Social.
Medios no curriculares
Actividades culturales, espirituales, deportivas y de compromiso social que fortalecen el vínculo con realidades marginadas.
Si te interesa conocer más sobre nuestro modelo educativo puedes revisar el contenido en este documento.