Comencé a escribir a los catorce años. Como cualquier adolescente, encontré acogida entre libros y cuadernos. Leer me hizo imaginar y pensar en todas las posibilidades que existen entre las palabras. La tinta sobre el papel me terminó de encantar por esta labor.
Escribo sobre la vida, los sueños y los miedos. La pérdida se encuentra presente, pues es una constante realidad. Pero, después de ella, aparece la posibilidad de construir algo nuevo. Detenerse a pensar y escribir sobre lo que puede ser, esclarece, orienta y calma.
Desde hace diez años encuentro sosiego entre las letras. Lo que escribo, que surge de lo más profundo, también ha podido abrigar a otras personas. Me gusta creer que les motivo a conectar con la sensibilidad de la vida, así como a buscarla dentro de cada una.
Ana Elízabeth