Por causa de los muchos errores religiosos que surgieron durante los siglos pasados y a la gran confusión que existe hoy entre las denominaciones (sectas religiosas) y las doctrinas, es difícil aprender los hechos básicos del Nuevo Testamento.
El problema se asemeja a una neblina a nuestro alrededor, que nos torna ciegos a las verdades bíblicas. Para ilustrar: frecuentemente escuchamos la pregunta:
¿A qué iglesia (denominación) pertenece usted?
Esta pregunta no se hubiera hecho en los días apostólicos. Había muchas congregaciones en los días de Pablo, pero todas seguían la misma doctrina. Había solamente una iglesia, así como solamente un reino, el de Jesús. Nadie preguntaría hoy – ¿a cuál de los reinos de Jesús pertenece usted? Pues todo el mundo sabe que Jesús tiene solamente un reino. La iglesia y el reino de Jesús son idénticos; ¡la misma intuición!
Es más, en los tiempos apostólicos nadie hubiera preguntado:
¿Cuál es el nombre del reino de Cristo? O, ¿cuál es el nombre de la iglesia que él estableció?
¿Por qué? Porque había una sola entidad en cuestión. En la mayor parte de los casos, la iglesia era llamada por nombres simples o directos. La expresión “iglesia” designaba a un cuerpo de personas llamadas del mundo, a través del Evangelio de Cristo; un pueblo sobre el cual él reinaba y en el cual habitaba el Espíritu Santo.
¿Cuáles son algunas otras expresiones bíblicas usadas en relación a la iglesia?
1. Este mismo cuerpo de personas era frecuentemente llamado “el reino” (I Corintios 15:24 y Hebreos 12:28). Algunas veces, se menciona como el reino de Dios; otras como el de Cristo (Marcos 9:1; Juan 3:3; Hechos 8:12 y 19:8; Colosenses 1:13, etc.) Por dejar aún el reino de Jesús para el futuro, muchos los separan de la iglesia, explicando que Jesús quería establecer su reino permanentemente aquí en la tierra pero por ser rechazado, él alteró su plan e instituyó, en vez de un reino, una entidad temporal, la iglesia. Tal argumento no tiene base bíblica, por el apóstol Pablo afirmó (usando el tiempo pasado):
“El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” (colosenses 1:13,14).
Es claro, por lo tanto, que el reino ya existía en los días de Cristo. Y, es además claro, que el reino se constituyó de personas salvas. Por eso, en I Corintios 1:2, leemos que la iglesia se constituye de los santificados (o los salvos) lo que significa ser el mismo grupo de personas que formaban parte de aquel reino esperado. El mismo grupo – la misma entidad – nos enseña que la iglesia y el reino de Cristo son lo mismo.
2. Esta es la iglesia de Jesucristo, o simplemente de Cristo. Jesús dijo: “Sobre esta roca edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18). El apóstol Pablo, hablando de las congregaciones en la región donde estaba en aquel tiempo, escribió: “Os saludan todas las iglesias de Cristo” (Romanos 16:16). La preposición “de” como es usada aquí, indica “propiedad” o “dominio”, o sea, que Jesús es el propietario de la iglesia, pues la compró con su propia sangre (Hechos 20:28). Por eso, cuando hablamos de “la iglesia de Jesús”, o “la iglesia de Cristo”, no nos referimos a una organización humana, sino al contrario, a aquel cuerpo espiritual, del cual Jesús es el fundador y propietario.
La Biblia se refiere también a la iglesia como la novia o esposa de Cristo (Efesios 5:23-32). Cuando hablamos de su esposa, nos referimos a la iglesia que pertenece a Jesús, exaltándola por ser su esposa y reverenciando a Cristo, su marido simbólico. Si nos referimos a la iglesia, usando nombres dados por los hombres, humillaríamos a la esposa espiritual del Seños, menospreciando al marido.
¿Y qué diremos de las iglesias de hoy? ¿De dónde vinieron? ¿A quién le rinden homenaje? Entre las denominaciones más conocidas se destacan las siguientes:
Presbiteriana – nombre dado de un sistema de organización.
Metodista – método de estudio bíblico.
Bautista – forma de bautismo por sepultura en agua.
Luterana – nombre de un hombre, Martín Lutero, dado en contra de su deseo.
Episcopal – una forma de gobierno.
Católica Romana – un sistema de jerarquía universal, que se inició en la ciudad de Roma.
Adventista – doctrina sobre la naturaleza de la venida de Jesús.
Espiritista, Umbanda, Candombe, etc. – varios niveles y sistemas de servir a los espíritus.
¿Vio usted ya, a través de estos ejemplos, el error básico de estos nombres que las identifican? ¡Ninguno de ellos está relacionado con el nombre de Cristo, el verdadero fundador de la iglesia del Nuevo Testamento!
3. Es llamada la iglesia de Dios o del Señor (Hechos 20:28) significado, en este pasaje, que el propio Jesucristo derramó su sangre por la iglesia – es el único Señor que existe. Aquí se destaca claramente un punto, a saber, que la iglesia del Nuevo Testamento es propiedad de Cristo, nuestro Señor. La iglesia es frecuentemente llamada la iglesia de Dios (I Corintios 1:2; II Corintios 1:1 y I Timoteo 3:5). Pues todo en este mundo pertenece a Dios, y por eso, todo lo que pertenece a Cristo, pertenece también a Dios (Juan 17:10). Por lo tanto, cuando hablamos del reino de Dios, o de Cristo, estamos hablando de la misma institución divina.
4. Se la llama una vez en la Biblia de los primogénitos (Hebreos 12:23). Esta es también una manera distinta de describir la iglesia de Jesús, conforme a la enseñanza en Romanos 8:29 y Colosenses 1:18.
5. Reino de los cielos (Mateo 16:19).
6. Templo de Dios (I Corintios 3:16,17), siendo todos los miembros piedras vivas en la casa eterna de Dios (I Pedro 2:4-6).
7. El cuerpo de Cristo (I Corintios 12:27, Efesios 5:23 y Colosenses 1:18).
8. El Camino (Hechos 9:22 y 24:22), tal vez derivado de las palabras de Cristo en Juan 14:6.
9. La familia de Dios (Efesios 3:15), siendo Dios nuestro Padre Celestial.
El Rebaño de Cristo (Hechos 20:28), siendo Jesús nuestro Padre Divino.
Linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios (I Pedro 2:9).
Estos nombres, y otros más en el Nuevo Testamento, no fueron nombres de sectas religiosas de la iglesia, más bien, expresiones descriptivas, usadas para designar el pueblo elegido de Dios, en contraste con el resto del mundo. Más aún, a través de estas expresiones, “Dios ilustró para nuestras mentes mundanas la naturaleza de aquella institución divina, establecida aquí en la tierra”.
El término “iglesia” se encuentra 110 veces en el Nuevo Testamento, 92 de ellas refiriéndose a congregaciones en varias ciudades, las cuales formaban parte del cuerpo verdadero de Jesús, y no denominaciones o sectas distintas. Las otras 18 veces se refieren al cuerpo entero de Cristo, a Su única iglesia. Dos ejemplos de este caso son: “… Sobre esta roca edificaré mi iglesia.” “Cristo es la cabeza de la iglesia, la cual es Su cuerpo.” Cuando pensamos en la iglesia en este sentido, vemos que no hay lugar alguno en el diseño bíblico para denominaciones o sectas. Jesús estableció una institución, y solamente una. Se representa ella como una iglesia, un reino, una familia, un cuerpo, etc. No hay cosa alguna en este mundo comparable a la iglesia que Jesús edificó. Ninguna otra institución civil, social o religiosa, puede subsistir esta entidad divina – este cuerpo espiritual – que el mismo Jesús fundó.
Ahora, ¿cuáles son las expresiones bíblicas, para describir los miembros de esta noble institución, la iglesia de nuestro Señor Jesucristo?
1. En la iglesia, como en un cuerpo, somos llamados “miembros” (Romanos 12:4,5 y I Corintios 12:12-31), cada cual esencial a su función.
2. En la iglesia como en un reino, somos “ciudadanos” (Efesios 2:19 y Filipenses 3:20). Las palabras “ciudadano” o “ciudadanía” significan igualdad de derechos y privilegios en el reino de Jesús.
3. En la iglesia como un cuerpo de estudiantes de la Palabra de Dios, somos “discípulos” (Juan 8:31, 13:35, 15:8 y Mateo 28:19). Un discípulo es también un seguidor de Cristo.
4. En la iglesia como una familia espiritual, somos “hijos de Dios” (Mateo 6:9, Romanos 8:14-17, Gálatas 3:26,27 y 4:6). La expresión “hijo” representa la relación más íntima entre Dios y los hombres, e indica el cambio que sucede en nuestras vidas a través del Nuevo Nacimiento del agua y del Espíritu (Juan 3:3-5). Si somos hijos de Dios en esta familia espiritual, también somos “hermanos” en nuestra relación de unos para con otros (I Timoteo 4:6, I Pedro 1:22 y I Juan 3:14). Esta es, nuevamente, una relación íntima, sobre todas las relaciones sociales, carnales o cívicas.
5. En nuestra relación personal con Cristo, somos “cristianos”, que significa “de Cristo”. No podemos usar la palabra “cristiano” sin mencionar, al mismo tiempo, a Cristo. (Vea Hechos 11:26; 26:28, I Pedro 4:15,16 y Santiago 2:7).
6. En la iglesia como en una entidad purificada, somos “santos”. En los tiempos apostólicos la expresión “santo” fue usada para indicar a todos los hermanos vivos y nunca jamás para indicar a alguien en especial más puro que los otros cristianos (I Corintios 1:1,2 y los saludos a las iglesias en Efeso, Filipos, Colosas y Tesalónica). La palabra “santo” significa “santificado”, separado para el servicio de Dios y purificado, pero no una persona ya muerta con poderes milagrosos. En todas partes del mundo hubieron personas, obviamente piadosas durante sus vidas, que hoy son elevadas muy por encima de las multitudes fieles y llamadas oficialmente “santos”. Y, si en una ciudad tienen un religioso destacado del pasado, todo el mundo usa sus bienes y esfuerzos para “canonizar” la memoria de aquella persona. Leyendas surgen sobre su vida, además de milagros atribuidos a ella durante su vida, y también después de su muerte. Pero nada de eso se encuentra en la Biblia. Somos advertidos en la Palabra de Dios contra la práctica de orar a las imágenes y a los muertos, o de considerar a cualquier persona, viva o muerta, o cualquier imagen, una mediadora entre nosotros y Dios. ¡En el sentido divino, todo seguidor verdadero de Dios es un santo, dedicado enteramente a Dios hasta la muerte! Todo cristiano es digno y elevado sobre el mundo para servicio y honra especial – hijo de Dios, rey y santo.
7. En la iglesia como una entidad religiosa, somos sacerdotes, siendo Jesucristo nuestro único Sumo Sacerdote para siempre (Apocalipsis 1:6). No hay necesidad de otros sacerdotes intercediendo entre Dios y los hombres y obispos, pues todo cristiano es un sacerdote y así, responsable directamente a Dios, a través de nuestro único mediador Jesús.
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