La palabra "credo" es latín para "creo" y significa
(1) una lista impositiva de doctrina religiosa;
(2) cualquier confesión de fe religiosa;
(3) un resumen de principios u opiniones adoptados y seguidos por un grupo de personas.
Dos credos primitivos son "El Credo de los Apóstoles" y "El Credo de Nicea" que fueron redactados por meros hombres años después que el Nuevo Testamento terminó de escribirse.
Además, hay millares de otros credos, uno en cada religión. Cada iglesia tiene sus propios manuales, disciplinas, confesiones de fe y listas de reglamentos, en adición a la Biblia, principalmente para distinguirse de los demás grupos religiosos.
Vamos a analizar las cosas. Cualquier credo religioso que contenga información adicional a la Biblia, tendría doctrinas y mandamientos fuera del plan de Dios. Mas, por otro lado, todo credo que contenga menos de lo que dice la Biblia, estaría necesariamente incompleto en sus doctrinas. Aun si tuviéramos un credo humano que dijera exactamente lo que dice la Biblia, sería innecesario porque ya tenemos la Biblia, nuestra guía infalible (infalible = no falla, nunca se equivoca). Dios nos advierte que no tenemos el derecho de añadir ni una palabra a las Sagradas Escrituras, ni sustraer ni sustituir nada!
"Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro" (Apocalipsis 22:18-19; lea también Éxodo 4:2).
Cambiar el evangelio es pervertirlo. Pablo usó las palabras "otro evangelio", " un evangelio diferente" y "adulterar el evangelio" en Gálatas 1:6-9 para enseñar este principio de respetar y conservar la Palabra de Dios como está. Sustituir su Palabra con un credo de manufactura humana es una forma de adulterar la Palabra.
Aquellos que defienden la existencia de los credos de diferentes iglesias señalan que en la Biblia tenemos credos, como la expresión de etíope en Hechos 8:37, "Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios". Es verdad - los credos son expresiones de fe. Y aquí llegamos a un punto muy importante - los credos nacen debido a que el individuo o iglesia no puede expresar su fe utilizando la Biblia o otros credos ya existentes. Por lo tanto, los credos deben su existencia a que los creyentes ya están creyendo algo que la Biblia NO dice y por eso sienten la necesidad de formular un nuevo credo.
Esta idea de progresar en la fe más allá de las sencillas expresiones bíblicas es donde los credos revelan lo que realmente son: una confesión de apostasía, un acto para justificar y afirmar el abandono del camino de Dios. Pablo dijo: "Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito" (1 Corintios 4:6). No hay nueva fe, ni nueva revelación sino el extraviarse de la fe: "Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios" (2 Juan 9). Es un deber limitarse al dominio de las Escrituras y "hablar donde la Biblia habla y callar donde la Biblia calla". El necesitar algo en adición a las Escrituras para expresar la fe, es prueba de que tal fe no es bíblica. ¿Qué es una iglesia bíblica, sino la que se basa exclusivamente en la Biblia?
Las Escrituras son completas, "Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas" (2 Pedro 1:3) De la misma manera que los cristianos primitivos encontraron en las Escrituras todo lo que necesitaban para agradar a Dios (2 Timoteo 3:16-17), las mismas pueden servir también a nosotros. Fue dada esta fe "una vez a los santos" (Judas 3) sin quedar nada para revelar en otro tiempo. Por estar completo, tenemos la obligación de hablar y enseñar solamente aquello que es conforme a sus enseñanzas. "Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios;" (1 Pedro 4:11). No hay necesidad de otros credos, leyes religiosas o guías oficiales para definir y manipular la fe de los hombres. Las Sagradas Escrituras funcionan muy bien.
La división religiosa se debe a la aceptación de doctrinas hechas por los hombres, es decir, a lo que la Biblia no dice. Algunos creen que cada secta necesita de sus propios reglamentes para poder distinguirse de las otras pero sólo se distinguen de que no siguen la voluntad de Dios.
Para salir de esta confusión existente entre las diferentes sectas cristianas, es necesario abandonar todo credo y volverse a la Biblia que es el libro que todos pueden aceptar sin dificultad ninguna. Sólo Escritura es la plataforma perfecta y eficiente para producir la unidad entre todo seguidor de Cristo.
Ella no divide sino sólo puede unir.
Afirmar la necesidad de un credo es realmente una confesión en sí de que la Biblia no sirve, que debe ser relegada a un segundo plano y considerada como obsoleta. Esta es la posición de los Testigos de Jehová, ya que, según su fundador, cualquier persona que deje de leer sus revistas y sólo lea la Biblia, pronto estará en las tinieblas. Estos sacrifican la Palabra inspirada por apoyar mejor la opinión de una imprenta. Sin embargo, su imprenta no hacía falta en la era apostólica ni hace falta hoy para formular la fe autorizada.
Algunas religiones, desconfían de la Biblia e insisten en que sus fieles sólo usen las Biblias que llevan sus apuntes y explicaciones al pie de las páginas. De manera sutil predisponen al lector a favor de sus opiniones e ideas especiales, mezclando así la palabra de hombre con las Palabra de Dios. Claro que no toda Biblia con notas es motivada por interés sectario, pero algunos son hasta más atrevidos, juntando sus credos al final de la Biblia. Más triste todavía son las Biblias como la Latinoamericana que llevan una traducción tan y tan enredada que nadie puede entender lo que quiere decir. Parece que sus "traductores" tenían en mente comprobar la enseñanza oficial de dicha secta, de que hace falta un clero autorizado para interpretar correctamente la Biblia y que la Palabra de Dios sólo no es suficiente. Citan la misma Biblia para probar que no se puede entender: "casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición" (2 Pedro 3:16). Pero el mismo texto que citan les contradice. Pedro no afirmó que no se podía entender las Escrituras, sino que hay algunas difíciles de entender, dando a entender que la mayoría de las Escrituras es fácil de entender. Por el hecho de que las Escrituras son fáciles de entender, son suficientes y no hacen falta más credos ni intérpretes oficiales. Tan fácil, que Pablo dijo de sus escritos, "leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo" (Efesios 3:4). Si no se podía entender, entonces hace falta otro credo. Si no se puede entender, entonces Dios no nos puede castigar por no obedecer, pero la verdad es todo lo contrario: "Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad" (2 Timoteo 2:15). Todo religioso debe dedicarse a estudiar minuciosa y continuamente esta guía oficial de información autoritaria sabiendo que nunca progresará ninguna apelación.
La verdad nos obliga a refutar la idea de que los hombres tienen la capacidad de escribir un credo de conducta religiosa igual a, o mejor que, la Biblia. Dios no concede a los hombres ni el derecho, ni la inspiración, para escribir expresiones oficiales sobre la religión. Sólo la Palabra de Dios nos guía a la salvación. Por ella seremos juzgados: "El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero" (Juan 12:48). Amigo lector, en aquél día ningún credo humano vale.
¡Qué atrevimiento!, - despreciar lo que Dios dijo para entonces decir lo que cree que Dios debiera haber dicho. Dios escribió la Biblia y sustituir lo que Dios escribió es corregir a Dios, como que no supo escribirla como mandaba. La verdad es que toda palabra que no aparece en las Sagradas Escrituras es palabra que el Espíritu Santo rechazó. No era necesario para la fe. Las únicas palabras que puede escribir el hombre ahora son palabras sin entendimiento cuando se comparan con las que escribió el Espíritu de Dios. La sabiduría del hombre no puede competir con la sabiduría de Dios. Como dijo Pablo, "Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres" (1 Corintios 1:25).
La obra principal del Espíritu Santo no es manifestarse en milagros y experiencias. Su obra principal en la era cristiana ya se hizo: inspirar los autores que escribieron la Biblia. Esta fue la promesa de Jesús a sus apóstoles, "Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber" (Juan 16:13-14). No fueron dirigidas a nosotros estas palabras de inspiración prometida, sino a los apóstoles que Cristo había escogido. El Espíritu Santo glorificó a Jesucristo inspirando a los autores del Nuevo Testamento, sin cuyo testimonio, nada sabríamos hoy en día de Cristo, su vida, palabras, sus milagros, su muerte o su resurrección. Cristo le llamó "Espíritu de VERDAD", y fuera de la Biblia, no hay verdad, sino sólo opiniones y especulaciones. Lo más que los hombres pueden decir, es "me parece" mientras que Cristo revela por las Escrituras su autoridad clara. Gracias al Espíritu Santo podemos conocer lo que dijo nuestro Señor con toda certeza hasta decir, "La Biblia lo dice y yo lo creo".
Los hombres necesitan de un credo espiritual para sus vidas, no una lista de anatemas. La Biblia es el único guía verdadero del espíritu que nos eleva a amar a Dios y al prójimo. "El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida" (Juan 6:63). Sus páginas son un manantial que sacia la sed espiritual y libera el alma (Juan 7:37; 8:32). En los credos humanos se le presenta la especulación de hombres pecadores; en las Escrituras se le presenta el Señor cara a cara. Quien conoce las Escrituras pero no conoce a Este, nada sabe. "Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mi (Juan 5:39). Los credos se escriben para manipular los feligreses y conservar privilegios, pero la Biblia eleva a uno a un nuevo nivel de vida que da gozo y descanso (Mateo 11:28). La Biblia es un credo espiritual porque habla al hombre interior y le da vida espiritual. Los credos humanos son cisternas rotas (Jer. 2:13).
La condición carnal de muchos seguidores de Cristo, la confusión doctrinal y su apoyo a las muchas divisiones del patrón sectario de la religión los expone al engaño. Como no estudian la Palabra, no pueden pensar sin prejuicio y si acaso estudian la Biblia, se limitan sólo a los textos que parecen apoyar su credo. Su empeño sectario los condena a actuar como a carnales perpetuos. La Biblia no divide sino la falsa doctrina y las especulaciones.
Dónde estos últimos predominan, la Biblia les crea "problemas" por insistir en su lugar de preeminencia (Mateo 15:13-14).
No es un libro muerto, "Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las conyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón" (Hebreos 4:12). Por llevar la palabra de Dios, la Biblia deja de ser un libro de sólo papel y tinta para convertirse en una extensión de lo que es Dios. "Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta" (Hebreos 4:13). Al leer sus letras, uno se da cuenta de que la Biblia es la que está leyendo a uno, rebuscando la consciencia, desnudando a uno al ojo divino que todo lo ve.
Procure la Biblia, amigo estudiante, para aprender la verdad sobre la salvación, la doctrina de Cristo y la iglesia bíblica. Entre tantas doctrinas e iglesias diferentes, (1 Juan 4:1), ¿cuál será la verdadera? Se podría escudriñarlas todas, una por una, pero no es necesario. El estudio de las enseñanzas de Jesús facilita el encuentro de la iglesia bíblica. En el Nuevo Testamento hay un credo completo y perfecto dado por Dios. ¿Por qué entonces someterse a otro dogma, credo teológico, autoridad o documento "oficial" de fe?
Los credos de los hombres no pueden salvar, pero Jesús dijo: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mi (Juan 14:6). Cristo es nuestra confesión; Su Palabra es la lista impositiva de doctrina religiosa y adoptar y seguir sus principios es el deber de toda persona que quiere llevar su nombre.
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