La puerta del caserón estaba entreabierta. Los goznes oxidados apenas aguantaban el peso de las hojas del portón de madera, que descansaban directamente sobre el suelo de escombros, cañizos y maderos desprendidos durante tantos años de abandono. Un cartel de 'se vende' colgaba sobre el balcón principal, y otro más, de una promotora, anunciaba su inminente demolición para la construcción de un bloque de viviendas sin alma, pero que respetaba, eso sí, la ordenanza estética.
Podría ser la última oportunidad de golismear en aquella casa señorial que había presidido la plaza durante casi dos siglos. Poco a poco os fuisteis introduciendo por aquel estrecho hueco entre las puertas. Dentro todo eran sombras y polvo.
Cuando los ojos se habituaron a la oscuridad pudisteis ver que, de no ser por los puntales que aguantaban la estructura, el edificio no seguiría en pie. Tuvo que pertenecer a una familia influyente, aunque ya no quedaban muebles ni otras pertenencias que dieran fe de ello. Tan solo una gran escalera balaustrada que no parecía muy segura. Recordaste entonces la furgoneta del anticuario aparcada en la plaza hace un par de días. Sí había algo interesante, seguramente habíais llegado tarde. Decidisteis abandonar la búsqueda de un tesoro a cambio de un granizado de limón en la terraza de la heladería. Os disponíais a salir cuando alguien se percató de aquella pequeña estancia y decidisteis echar un vistazo.
Parecía la oficina de un detective o un investigador privado. Había un montón de expedientes, recortes y fotos de escenas de crímenes tirados por toda la habitación, un calendario de 1923 y lo que parecía ser una vieja cámara Kodak. De repente la puerta se cerró bruscamente por una corriente de aire. Se activó algún mecanismo y pudisteis escuchar el ruido de unos engranajes y un golpe seco al final. Al intentar abrirla os disteis cuenta de que era una puerta acorazada y que haría falta conocer la combinación para abrirla. Entonces alguien se percató de una hoja mecanografiada pegada junto a la rueda donde teníais que introducir la contraseña...
Te propongo un juego. Si quieres salir de esta cámara tienes que resolver los cuatro casos que encontrarás sobre mi mesa en sendas carpetas amarillas. Como podrás observar, colecciono noticias de sucesos que ocurrieron en Hellín y alrededores desde el siglo pasado.
Si logras responder correctamente a la pregunta que se plantea al final de cada expediente obtendrás una clave. Cuando consigas las cuatro, solo tienes que marcarlas con la rueda en el orden correcto.
Manuel Báidez
Inspector de policía de Hellín, 1929
—Podemos llamar a los bomberos o la policía para que vengan a sacarnos —dijo alguien. Cierto, todos llevabais el móvil encima, y al parecer, había algo de cobertura. Tan sencillo como contar en un tuit lo sucedido mencionando a @policia y hashtag #SOS.
—Eso sería el camino más fácil —dijiste—, ¿no os apetece jugar? —Y cogiste una de las cuatro carpetas amarillas que había sobre la mesa del inspector Báidez...