Capítulo 3: Fuera de lugar

Encuentro inesperado

En medio de la noche, un destello enceguecedor iluminó una oscura calle desolada en lo que parecía ser una ciudad, una mezcla extraña entre tecnología y desastre.

Un rayo rompió el cielo y una grieta en el espacio se abrió, como si el cielo mismo estuviera desgarrándose. De pronto, Álex fue arrojado fuera del portal, aterrizando pesadamente en el suelo, aún aferrado a su plumilla, como si fuera su salvavidas.

 El destello fue como un flash de cámara gigante con una intensidad cegadora, dejando manchas de luz danzando en su visión. Un estruendo, como un rugido, sacudió sus huesos y le taladró los oídos, dejándolo aturdido.

La grieta como un portal a otra dimensión se cerró tras él con un chasquido, dejando un rastro de humo azulado y un olor a ozono en el aire, atrapándolo en un mundo desconocido.

—¡Ah, maldita sea, qué rayos acaba de pasar! —exclamó, intentando ponerse de pie mientras masajeaba su espalda, sintiendo el dolor punzante en cada vértebra y en cada hueso.

Su chamarra de color vibrante destacaba como un grito de protesta en el gris monótono del entorno, convirtiéndolo en un objetivo fácil.

Sentía en el cuerpo un dolor agudo, que le recordó que no estaba soñando, que esto era real.

Parpadeó violentamente, intentando recuperar su visión y comprender dónde estaba, esforzándose por enfocar la vista.

A su alrededor, edificios de formas extrañas y luces rojas parpadeantes llenaban el paisaje, proyectando sombras alargadas y perturbadoras.

Además del gris reinante, una atmósfera rojiza, casi sanguinolenta, envolvía el entorno. Pantallas holográficas proyectaban mensajes extraños, con símbolos parpadeantes e incomprensibles, mientras máquinas zumbaban en el aire como moscas mecánicas, trazando patrones erráticos.

Los edificios, como monstruos de metal, se elevaban hacia un cielo oscuro y rojizo, amenazantes. Las luces eran ojos vigilantes que lo observaban desde la oscuridad, siguiendo cada uno de sus movimientos.

Extraños seres, como insectos metálicos, zumbaban a su alrededor, cada vez más cerca, creando una sinfonía de tecnología y opresión, un coro de zumbidos y chirridos.

—¿Qué rayos es este lugar? ¿Acaso esto es… el infierno? —murmuró, confundido, con la voz ahogada en la garganta. La pregunta, resonó en el vacío, perdiéndose entre el zumbido de las bizarras máquinas voladoras y el parpadeo de las luces rojas.

Antes de que pudiera observar más, un fuerte zumbido llamó su atención, haciéndolo girar sobre sus talones.

Un imponente robot avanzó hacia él, emergiendo de una calle lateral. Era una máquina intimidante de gran altura, no humana, con una carcasa fría como el acero pulido, ojos rojos brillantes que escaneaban el entorno, y una voz robótica que resonaba como una sentencia de muerte, profunda. Anunciaba la llegada de un peligro inminente, de un depredador tecnológico.

Mientras Álex intentaba comprender dónde estaba, el robot avanzaba con una velocidad intimidante y por el color de las luces que emitía parecía ser una especie de policía mecánico de pesadilla.

Comenzó a hablarle en su idioma, pero con un acento un poco extraño.

—Atention, ciudadano no registrado detected, presenta ID.

Álex arrugó la frente, confundido por el acento y la jerga desconocida, y casi sin pensarlo, murmuró para sí mismo:

—¿Qué rayos está pasando aquí?

El robot, al captar sus palabras, emitió un sonido extraño, como si estuviera ajustándose, recalibrando sus sistemas. Su voz cambió ligeramente, ahora en un idioma totalmente comprensible, aunque con un tono aún más desafiante y carente de empatía.

—ATENCIÓN. CIUDADANO NO REGISTRADO DETECTADO. IDENTIFÍCATE.

Álex retrocedió instintivamente, levantando las manos en señal de paz, pero olvidando que en su costado aún traía colgada la guitarra, su fiel compañera.

El robot escaneó la guitarra con un láser rojo, era una línea de luz que recorrió el instrumento de arriba a abajo, y un chillido agudo salió de sus altavoces, un sonido estridente que hizo eco en la calle.

—ARTEFACTO PELIGROSO DETECTADO: INSTRUMENTO. OBJETO PROHIBIDO POR EL RÉGIMEN. ROPA EXTRAVAGANTE: VIOLACIÓN DEL CÓDIGO DE CONFORMIDAD.

Álex se rio nerviosamente, intentando aligerar la tensión, aunque su corazón latía con fuerza en su pecho.

—¿Objeto peligroso? Amigo, es solo una guitarra. ¿Quieres que toque algo de Santana para relajarte?

Su risa, sonó hueca y forzada ante el peligro inminente.

El robot no respondió al intento de humor, permaneciendo impasible. Una de sus extremidades se transformó con un chasquido metálico, revelando un cañón que apuntaba directamente a Álex, listo para disparar.

—ENTREGUE EL ARTEFACTO Y SOMÉTASE. CUALQUIER RESISTENCIA SERÁ PENALIZADA.

El instinto de supervivencia de Álex entró en acción, una descarga de adrenalina recorriendo sus venas.

—¡Ni loco te doy mi guitarra! —gritó, y echó a correr tan rápido como pudo, zigzagueando entre los escombros y las maquinas voladoras, intentando evitar los disparos de energía que el robot le lanzaba, rayos de luz que incineraban el asfalto a su paso.

—ESCAPE EN PROCESO. ACTIVANDO MODO DE PERSECUCIÓN —anunció la máquina con su voz amenazante.

El monstruoso robot avanzó de forma implacable, destrozando obstáculos en su camino, aplastando contenedores de basura y derribando señales de tráfico. Álex, jadeando y con el corazón latiendo a mil por hora, encontró refugio tras una pila de escombros, un montón de metal retorcido y concreto destruido, intentando pensar en un plan. Vio una enorme tubería suelta, oxidada y cubierta de polvo, la levantó, esperando poder usarla como un arma, un último recurso. El refugio improvisado, lo protegía momentáneamente de la persecución, pero sabía que no duraría mucho.

Cuando el robot lo localizó y se acercó, irrumpiendo entre los escombros con un estruendo, Álex dio un salto desesperado y golpeó con todas sus fuerzas lo que supuso que era su cabeza, la parte superior de su carcasa, con la tubería. Aunque no lo destruyó, el impacto hizo que el robot se tambaleara lo suficiente como para que él, pudiera correr hacia un callejón estrecho, un pasaje oscuro donde el robot no podía seguirlo debido a su forma y tamaño. El callejón, como un laberinto de sombras y desechos, lo ocultaba momentáneamente de la vista del robot, pero sabía que era solo cuestión de tiempo antes de que lo encontrara.

Agotado, con el pulso a mil por hora y la respiración entrecortada, se detuvo, abrazando su guitarra como si fuera un niño asustado.

—¡¿Qué diablos está pasando?! —exclamó, con la voz temblorosa, mirando hacia atrás, temiendo ver al robot entrar al callejón.

De repente, escuchó pasos acercándose, no era el zumbido del robot, sino el sonido de pisadas, y una sombra aparentemente humana apareció al final del callejón, recortada contra la luz rojiza de la ciudad. Álex se puso alerta máxima, con el corazón latiendo con fuerza, sin saber si su situación podía empeorar aún más.