El Área de Humanidades del Colegio Técnico San Cristóbal Sur presenta el segundo número de su revista digital Cristobalíneas. Para ustedes una muestra de la vida cotidiana del colegio, en la pretención de representar la Identidad Institucional: Tres sedes, tres jornadas, cerca de dos mil estudiantes activos y más de 50 años de historia. Miles de espiritus que convergen en las aulas, tejiendo narrativas de comunidad.
Entendida la magnitud de lo que significa hacer parte de este proyecto, las Cristobalíneas quieren ser una pequeña muestra de las historias y saberes que suceden en un colegio a la orilla de los cerros imponentes y junto a un río que resiste en su caudal, desde la cuarta localidad de Bogotá.
Esperamos disfruten el contenido que hemos preparado para ustedes.
Equipo editorial Cristobalíneas
Cuando fui invitada a escribir para el primer número de la revista Cristobalíneas, sentí una mezcla hermosa de orgullo y responsabilidad. Era la oportunidad de poner en palabras el espíritu de una comunidad que sueña, que crea y que insiste en florecer, incluso en los suelos más difíciles. Imaginé este texto lleno de luz, de celebración y de nuevos comienzos. Sin embargo, la vida —que a veces sorprende con sus giros más profundos— me condujo inesperadamente a un lugar de silencio y de recogimiento: el fallecimiento de mi padre.
Mi padre fue mi primera escuela. Desde pequeña me enseñó que la vida se construye día a día, que la mejor forma de habitar el mundo es cuidarse y cuidar a otros, y que la generosidad es una manera de permanecer. Hoy, que él se encuentra en un nuevo lugar, comprendo que el mayor homenaje que puedo ofrecerle es continuar su legado a través de mis actos, de mi compromiso humano y de mi responsabilidad profesional. Escribo estas palabras con el corazón en tránsito, pero también con la certeza de que su enseñanza vive en cada paso que doy.
Y es allí donde Cristobalíneas cobra aún más sentido: esta revista digital nace para recordar que la existencia se teje entre la presencia y la ausencia, entre el amor que se queda y el que nos sostiene, incluso cuando no vemos sus manos. Aquí celebramos la memoria, la comunidad, la palabra y la transformación.
Que esta segunda edición sea un abrazo que nos encuentre, nos acompañe y nos invite a seguir creando, incluso cuando la vida nos tiemble por dentro.
Me asombra el poder que tiene la palabra y las imágen para convocar a la comunidad. Esta fue la reflexión que me surge luego de la dura tarea de compilar estas Cristobalíneas en su segunda edición.
Si bien el primer número pasó discreto entre la jungla de proyectos que se producen en el colegio, sí permitió que la difusión que se tuvo incidiera en la convocatoria para este segundo compilado. El tsunami de información que recepcionamos superó felizmente las expectativas que se tenían, tristemente no todo lo que llegó se logra publicar en este número, por diferentes razones y pedimos excusa por ello.
Es así que las Cristobalíneas toman su forma, de la fuerza colectiva que convoca. Estudiantes, profesores, exalumnos, exempleados, administrativos, directivos y familias que con valentía y desprovistos de egoísmo compartieron sus ideas e hicieron posible construir nuevas secciones y evolucionar el proyecto de la revista digital a esta versión que hoy se presenta.
Esta publicación intenta ser una modesta vitrina, transitoria y desapercibida entre la proliferación de publicaciones que aparecen a cada instante en las redes, que demuestra que ante el apocalipsis que nos muestran las pantallas, hay una comunidad dispuesta a resistir.
En el colegio se hace música, deporte, ciencia, literatura, tecnología, artes. Profes, niños y niñas, que pintan porque quieren, que cantan y escriben porque les brota del de alguna parte; que saben sinconizar una maniobra inexplicable con un balón y hacer goles imposibles; que caen en el tiempo y en la nota perfecta en el piano, la guitarra o el violín. Genios de la matemática que disparan fotos, amantes de los números que cantan afinados, gustosos por las formulas químicas que hacen deliciosos espaguetis; curiosos por el cine, los idiomas, la cultura; portentos en los sistemas esperando oportunidad. No son todos, es cierto, pero sí suficientes para llenar estas páginas que presentamos y las que vendrán, que esperamos sean inspiradoras para los que se atrevan a explorarlas.
Serán entonces las Cristobalíneas una suerte de mensaje en la botella, arrojada al basto y decadente mar de la Internet y del mundo absurdo del capitalismo salvaje, en el discreto intento de capturar para la posteridad las historias, las voces, los rostros y los talentos que transitan este espacio geográfico, en este momento de la historia del colegio, que no se volverá a repetir.
Dedicada a todas las personas que le dieron forma a este proyecto.