Hace algunos años atrás los comics o historietas como suele llamárseles, se creía que estaban enfocados únicamente a un reducido grupo de personas llamadas en tono de burla: Nerds o Frikis, a los que les gustaba estar pendientes de simples “dibujitos de personajes inventados”.
Hoy en día las cosas han cambiado mucho respecto a cómo vemos los comics y los superhéroes al grado que ya es toda una cultura con millones de personas alrededor del mundo que se emocionan al escuchar frases como “En unos días es el estreno de Batman V Superman”, “Yo soy Ironman”, “Spiderman salió en el Trailer”, etc.
La cultura del comic podría explicarse como ese sentir de alegría, gusto, pasión por aquellas historias plasmadas en apenas 25 páginas, historias tan variadas y tan complejas que logran atrapar al lector en emociones que van creciendo conforme se conoce más acerca de determinados personajes que se comienzan a admirar.
Los fans afirman que no solo se trata de Batman o Ironman, sino que hay una cantidad de superhéroes tan variados como interesante y las personas pueden darse cuenta que personajes como Las tortugas ninja, los cazafantasmas, la liga de hombres extraordinarios, watchmen, tienen su origen en los comics. También existe el comics japonés llamado manga, donde nacen historias de todo tipo, hay comics que tocan temas políticos o aun temas más profundos como el racismo (Ejem: X-men).
Actualmente, tal es el crecimiento de la cultura del comic que no se queda solo reducida a leer sino que también se ha logrado ir expandiendo a series, cine, artículos de colección, figuras, camisetas y convenciones donde padres e hijos, jóvenes y adultos pueden converger para adquirir productos, conocer personas con el mismo gusto y tener un poco más de acceso al mundo comic que ya tiene más de 75 años entre nosotros y parece no detenerse.
Supongamos que empezamos a leer una novela y encontramos estas frases: “Juan salió de la habitación. María se quedó sola”. Cualquier lector supondría inmediatamente una habitación en la que Juan y María están juntos, de la que sale Juan y en la que María se queda sola. Sin embargo, en esas frases no hay nada que apoye esa interpretación. En ningún momento se dice que María y Juan estén juntos, ni que María esté en una habitación, ni siquiera que sean humanos. De hecho, esa interpretación es sólo una suposición del lector que la emplea para entender el texto. Este pequeño ejemplo nos sirve para mostrar que leer es una actividad compleja en la que el lector aporta mucho para la interpretación final de la obra. Es más, leer es algo que se aprende, y no se lee de la misma forma una novela de ciencia ficción, que hace ciertas suposiciones sobre lo que el lector sabe, que un libro de poesía, que hace otras.
Lo que se aplica a la literatura también sirve para el cómic. La forma, despreciada durante mucho tiempo, podría considerarse como algo simple que no requiere de mayores explicaciones. Después de todo, son sólo dibujos sobre una página, y no debe ser muy complicado leer eso, ¿no? Pues no. La lectura de un cómic es un proceso complejo y este libro se encarga de demostrarlo
Cómo se hace un cómic (que, debido a lo inadecuado de su título en español, suena más a manual que a ensayo) nos propone un viaje fascinante en el que nos adentramos en la profundidades de esa forma artística. Aprendemos así la importancia del espacio entre las viñetas, de la relación entre palabras e imágenes, de las formas y colores, de la caricatura, de la relación entre el artista y la obra, hasta acabar adentrándose en el estudio mismo de los signos y en la teoría estética. Todo contado desde el amor más absoluto al cómic, pero también desde el rigor, la seriedad y la inteligencia.
Sólo por eso este libro sería importante, pero su importancia se multiplica cuando se sabe que Cómo se hace un cómic es también un cómic.
El autor confía tanto en la forma que ha elegido que está dispuesto a apostar que con el cómic también se puede hacer ensayo. La prueba de que tiene razón está en que lo consigue. El resultado es un cómic que trata sobre el cómic con el rigor de cualquier otro ensayo. Si Watchmen demostró que el cómic podía tener la densidad narrativa de una novela, Cómo se hace un cómic, demuestra que con el cómic también se puede reflexionar sobre los fenómenos artísticos. Un libro imprescindible para cualquier persona interesada en el cómic, o simplemente en el arte.