Sofía estaba mirando por la ventana del comedor mientras su hermana ayudaba a preparar las maletas a Zoe. Athan andaba recogiendo todos los documentos necesarios para el viaje.
- ¡Ya ha llegado el taxi! - gritó Sofía.
Maia y Zoe se apresuraron a cerrar la maleta, la madre seguía dando indicaciones a la hija para que se hiciera cargo de la casa y de su hermana pequeña mientras ellos estaban fuera.
- Vamos que está cayendo una buena - Athan también se asomó a la ventana para ver si la lluvia se calmaba, pero el buen tiempo parecía no querer acompañarles.
Los cuatro bajaron a la calle y los padres se subieron al taxi. Estaban listos para su viaje al Caribe, llevaban años hablando de ello y por fin podrían cumplir su sueño.
Se despidieron todos y el taxista arrancó el coche de camino al aeropuerto, que estaba a unos 45 minutos de su casa. La tormenta no apaciguaba, lo que dificultaba la visibilidad. El taxista propuso parar un rato hasta que el tiempo se calmara un poco.
- Tienen tiempo de sobra para llegar al aeropuerto, su hija me ha dicho que su vuelo sale a la 1. Es mejor que esperemos. Por supuesto no les cobraré el rato que estemos parados.
Athan no estuvo de acuerdo, con aminorar la velocidad era suficiente, tampoco era para tanto la tormenta. Así que el taxista siguió conduciendo con mucha precaución.
A mitad de camino, en una carretera pequeña, un hombre iba con su deportivo a toda velocidad, venía de echar la última copa con los amigos con los que había salido de fiesta. La carretera estaba prácticamente inundada y el deportivo resbaló haciendo que su conductor perdiera el control del coche e invadiendo el carril contrario. Carril por el que circulaba el taxi que llevaba a Athan y Zoe a su viaje de ensueño.
El deportivo arrolló el taxi haciendo que ambos conductores fallecieran al instante. Athan, al ir detrás del conductor, también se llevó buena parte del golpe y Zoe recibió tal zarandeo que le afectó a la columna, así como a las piernas.
Con la tormenta que estaba cayendo, el accidente provocó que el tráfico se entorpeciera todavía más, por lo que la ambulancia tardó en llegar al trágico lugar, haciendo que la vida de Athan corriera peligro.
Zoe empezó a recordarlo todo y sus ojos empezaron a enrojecerse, a brotarle las lágrimas, estaba enfurecida y triste. Si simplemente hubieran parado el taxi todo eso no habría pasado. Se abrazó a sus hijas, lloraron las tres durante un largo rato. Había perdido al hombre de su vida, al padre de sus niñas. Él lo era todo.
- Papá no pudo, falleció hace dos noches. Los médicos dicen que tu estado es muy delicado y que debemos ir con mucho cuidado para que estés fuerte y te pongas bien cuanto antes. Pero todo depende de ti, mamá.
Sin embargo, Zoe no prestaba atención a su hija mayor, en su mente intentaba encajar todas las piezas de ese extraño rompecabezas que había sido su vida los últimos días. Esos sueños, esas sensaciones. No fue capaz de distinguir la realidad y eso la perturbaba.
Si tan solo pudiera hablar con su marido, despedirse, decirse lo mucho que había sido para ella, él era su vida y ahora no sabía que haría sin Athan. Cerró los ojos para recordar su cara.
- Zoe, Zoe cariño. Despierta.
Sintió sus labios acariciando su mejilla, sus manos en su tripa, el susurro de su voz en el oído. Era Athan.
Se incorporó, ahí estaba él, preocupado. Pero, ¿era un sueño? Y si era así, ¿por que lo sentía tan real? Se agarró a él con todas sus fuerzas. Sintió su calor, su olor, su latido.
- ¿Estás bien cariño?
- Athan, no entiendo nada. ¿Qué ocurre? Despierto aquí y es todo tan maravilloso, las niñas me han dicho que tuvimos un accidente...
Él suspiró, casi como con alivio.
- Salgamos fuera a hablar.
Salieron de la cabaña abrazados. Era la primera vez que Zoe veía el atardecer en la isla, ya que siempre que anochecía ella acababa durmiéndose y volviendo a sus pesadillas.
Ambos se acurrucaron en la orilla de la playa y él le puso el brazo por encima de sus hombros. Zoe disfrutó de ese momento todo lo que pudo.
- Es cierto, Zoe. - haciendo fuerza con el brazo acercó la cabeza de su mujer a la suya - Tuvimos un accidente y yo fallecí en el hospital.