Últimamente andaba diciendo que le quedan seis años. Con esa risa suya de me río de todo y sobre todo de mí mismo, sin más explicación. Quizás ya sean cinco. Ya no lo dice tanto. No sé si es una broma, o un plan oculto que sigue su curso. Pienso en él. Me pregunto si él tendrá los mismos recuerdos cuando piense en mí. Tardes infinitas. Infinitas tardes de jazz, de jugar tirados en el suelo, la música que lo envuelve todo y nuestro silencio cómplice. Hoy mi padre me ha dicho que me quiere, por teléfono, por primera vez.