La emergencia de nuevos valores, a menudo arraigados en la diversidad, la igualdad y la sostenibilidad, desafían las estructuras y las normas tradicionales.
El sentimiento de nostalgia por tiempos pasados o una resistencia a las transformaciones en curso, serán el caldo de cultivo de una serie de movimientos reaccionarios que han surgido en respuesta a estos cambios sociales, políticos y culturales significativos que han ocurrido en las últimas décadas.
Trump en Estados Unidos, el Brexit en UK, Meloni en Italia o Milei en Argentina, son algunos de los mejores escenarios que pueden explicar estas olas reaccionarias que azotan las sociedades contemporáneas.
Hoy charlamos con Asbel Bohigues, profesor de Ciencia Política en la Universitat de València, sobre el fenómeno del cultural backlash, cómo este está sacudiendo la sociedad actual y cuál es su impacto en la política.
A leer.
En los últimos tiempos se suele hablar con frecuencia de una ola reaccionaria que azota nuestras sociedades actuales, sin embargo, pocos saben de donde viene esto o desconocen que se debe a un fenómeno muy característico… ¿Nos podrías comentar, de manera breve o no, lo que es el “cultural backlash”?
La traducción más aproximada es la de retroceso cultural, pero no cultural de tener más conocimiento o no, sino una reacción conservadora, de tintes autoritarios-populistas, frente a un cambio de valores que se ha producido en las democracias contemporáneas.
Ronald Inglehart, un sociólogo/politólogo clásico en nuestra área, identificó que a partir de mediados del siglo XX se estaba produciendo un cambio cultural en el sentido de la cultura política que tienen las sociedades. Es decir, las nuevas generaciones no habían vivido crisis económicas o guerras, sino todo lo contrario, solamente habían conocido periodos de prosperidad, bienestar, seguridad y democracia.
Lo que identificó en este cambio cultural, que llamó “la revolución silenciosa”, era que poco a poco estaban cambiando las actitudes, las preferencias y las preocupaciones de la ciudadanía. Se reflejaba en que, por ejemplo, surgían partidos políticos verdes en ciudades industriales.
Esto ha ido derivando en que estas sociedades postmateriales (así lo denominaba Inglehart) tienen unas necesidades lejanas de las materiales. Hemos pasado de sociedades más preocupadas por la seguridad física o la defensa de las fronteras, a nuevos derechos como la conciencia ambiental, la nueva oleada del feminismo, más tolerancia… Lo que ocurre es que este cambio cultural que se ha dado, ha acabado creando una reacción a ese cambio. Entonces, este backlash cultural es una respuesta de una parte de la sociedad que no acepta estos nuevos valores.
Es decir, una parte de la sociedad que no consigue digerir estos nuevos valores que han aparecido en la sociedad y reacciona, ¿no?
Exactamente. Pensemos que vivimos en una sociedad globalizada e interconectada donde hay perdedores y ganadores, es decir, hay sectores que se han visto beneficiados por la globalización y otros que todo lo contrario… Los trabajadores industriales de países que se están desindustrializando tienen una sensación de agravio, de que la globalización y estas nuevas instituciones que están intentando reflejar esos nuevos valores que están apareciendo, se han olvidado de ellos.
El ejemplo clásico es la idea de los “Rednecks” en EEUU, del trabajador industrial blanco que tiene la sensación de que todas las instituciones, la agenda política y la atención pública, están centrados en las minorías, las mujeres, los afroamericanos… Y no se preocupan por su sector. Esta sensación de agravio provoca que se creen candidaturas exitosas, como por ejemplo Trump.
Ahora te vamos a poner encima de la mesa una reflexión que tuvo hace unos días el presidente de los hosteleros, leo; “La población joven no se incorpora a trabajar… Es que estamos viendo el teletrabajo, los milenial, la población Z, y no te cuento trabajar a tiempo partido… ¡Hacemos 10 horas! (que se note la ironía). Cuando aquí siempre hemos trabajado media jornada, de 12 a 12”. ¿Qué te sugiere esto? ¿Podríamos estar ante un claro ejemplo de Cultural Backlash?
Lo primero, media jornada no es de 12 a 12… ¡Eso que vaya por delante! Bueno, no sé hasta qué punto esto formaría parte del backlash cultural, aunque, en el fondo, está muy relacionado con las diferencias generacionales que hay.
Las nuevas generaciones han vivido un contexto distinto, se han socializado en condiciones diferentes y con ello, han desarrollado valores distintos. Esto genera ciertas tensiones generacionales. Por tanto, este ejemplo, más que cultural backlash, que se refiere más a la parte cultural de la sociedad que a la socioeconómica de esta, podríamos relacionarlo con una fractura de edad o etaria. El ejemplo que te he puesto antes de los “Rednecks” no fija su agravio únicamente en su salario o sus condiciones, sino en el olvido de su sector por parte de las nuevas instituciones. Si bien es cierto que existe una parte socioeconómica, pero no solo es eso, sino en mayor medida cultural.
Dicho esto, creo que la postura de este hombre es terrible e ilegal.
Por tanto, la edad no va necesariamente de la mano del backlash cultural, es decir, una persona joven también puede sentirse identificado con ese rechazo de los nuevos valores.
Cualquiera puede sentirse identificado con la postura que sea. El eje principal del backlash cultural es la generación, no tanto la edad que yo pueda tener. Hay que entender que en todas las sociedades hay divisiones (norte-sur, centro-periferia..) y en muchas ocasiones, estas van por delante del backlash cultural.
Sigo el ejemplo de antes de EEUU, es probable que un joven que vive en una zona industrial del interior del país se sienta más atraído por ese discurso de rechazo de los nuevos valores, que otro que viva en un sector servicios de la zona de la costa, básicamente porque uno se siente perdedor de la globalización y el otro no.
En relación a lo que comentabas sobre los nuevos valores que aparecen, ¿Cómo se articula el backlash cultural con la identidad de género?
Todo esto hay que verlo o analizarlo desde un punto de vista generacional. Las cohortes mayores no entienden esta nueva agenda, pero igual que sus padres tampoco terminaban de entender ciertos fenómenos que aparecían en el siglo pasado, e igual que nos pasará a nuestras generaciones el día de mañana. Es decir, siempre se van a producir tensiones generacionales a partir de la aparición de nuevos valores y creencias, que no serán ni mejores ni peores, sino diferentes.
¿La educación puede tener un papel importante en la flexibilidad de la sociedad ante nuevos valores que aparecen?
Por supuesto. A esto en ciencias sociales se le llama socialización y resulta clave porque es el proceso inicial en el que adquirimos esos valores. Ahí es donde entra la educación.
Sin embargo, ahora es mucho más importante porque hay otras fuentes para socializarse, a través de internet. No digo ni una aplicación ni ningún/una influencer en concreto, pero no están recibiendo mensajes desde la educación para contrarrestar lo que se ve en redes que, en muchos casos, tiene poco que ver con la tolerancia o el respeto mutuo.
¿Cómo podemos encajar en la sociedad los nuevos valores que aparecen con un fenómeno del rechazo a estos?
Yo me inclinaría por entenderlos como una nueva división o fractura en las sociedades. Al igual que existen ejes de división en el plano izquierda-derecha, que es la que ha estructurado la mayoría de los países, posiblemente tengamos un nuevo eje de división alrededor del backlash cultural y los nuevos valores emergentes.
Siempre se cae en la confusión de atribuir este fenómeno al eje izquierda-derecha, pero son fracturas distintas que no debemos mezclar con otras. Si bien es cierto que el backlash cultural se suele relacionar con la derecha, pero no necesariamente es así.
Es muy importante esto que comentabas sobre influencers y el papel de internet en la socialización. Es más, te vamos a leer un titular visto en Twitter, de un medio de comunicación muy importante, a las puertas del 23J. Leo; “Los drag queens también pueden estar en la mesa electoral”. ¿En qué medida los medios de comunicación han influenciado en el desarrollo del cultural backlash?
En primer lugar, como periodismo (si se puede llamar así) no tiene mucho sentido. Además, es una obviedad. La imagen que transmiten los medios de comunicación siempre ha sido muy importante, es decir, si yo leo este titular se me está transmitiendo que no es normal o que no es lo correcto.
Titulares de este tipo, además de no aportar nada a nivel periodístico, normalizan ese tipo de discursos en la sociedad. El periodismo debe entrar en un proceso de reflexión sobre qué imagen están transmitiendo a la sociedad y lo que estamos transmitiendo porque estamos viendo cosas así tanto en los platós de televisión como en Twitch.
Ahora que ya hemos profundizado sobre el fenómeno, vayamos al tema de la política. Nos has comentado el caso de la candidatura de Trump en EEUU, pero, ¿cuáles pueden ser otros ejemplos de reacciones frente a los nuevos valores que hemos comentado?
Cuando nos damos cuenta de que algo ha estado pasando en nuestras sociedades desde hacía tiempo es el año 2016: Ganó la opción Brexit en el Reino Unido. Hasta ese momento, la Unión Europea se suponía que era algo que todo el mundo quería, que poco a poco Europa había superado ese pasado de guerras que siempre había tenido, y de pronto, uno de los países miembros vota que quiere salir, digamos en una reacción a contracorriente.
Un par de meses después, aparece Donald Trump, el cual ahora ya conocemos pero que en ese momento parecía imposible que una persona con ese discurso ganara en EEUU. Finalmente, como todos sabemos, ganó. Al final de ese año es cuando nos damos cuenta de que algo viene ocurriendo. Sin embargo, ya estaba pasando en otros países como por ejemplo Hungría o Polonia (miembros de la UE) con formaciones que podemos definir, según la literatura, como derecha autoritaria populista.
Además, en los últimos tiempos, formaciones del mismo tipo se están viendo reforzadas en diferentes países europeos. Aquí en España la idea de VOX es precisamente ir en contra de todas las medidas que se han ido aprobando en el actual gobierno, en contra de la Unión Europea… En resumidas cuentas, con una idea de ir a contracorriente de toda medida que se proponga. El eslógan de Trump en EEUU, “Make America great again”, refleja precisamente eso; América ya no es grande, hay que volver a lo que teníamos antes.
Además, estos movimientos interpelan a los partidos de derecha tradicional por no haber querido luchar contra esa ola de “progresismo”. Aquí en España, por ejemplo, cuando surge VOX, se referían al Partido Popular como la “derechita cobarde”, y ahora seguimos viendo tensiones entre estos dos partidos.
Y aparte de esa reacción de contracorriente, ¿no crees que también puede darse lo siguiente; “No se están haciendo las cosas bien, estoy muy descontento, me cambio de “bando” y voto lo opuesto porque es un discurso nuevo y atrevido en contra de lo que había”?
Aquí hay otra dinámica, según la cual lo alternativo, rebelde o antisistema es ser de derechas. Si percibes que los nuevos valores emergentes, y todo lo que conllevan, como el establishment siendo de derechas, eres una persona antisistema porque estás yendo en contra del orden establecido. Ahora, paradójicamente, los partidos de izquierda o progresistas se ven a la defensiva porque hay una percepción de que son el statu quo.
Por ejemplo, hace veinte o treinta años, lo rebelde era llevar una bandera o pulsera LGTBI, pero ahora resulta que es todo lo contrario. Ser rebelde, ahora, es quitar esa bandera y llevar otra.
En Estados Unidos, el establishment es Hollywood (Netflix o Disney), y ahora las películas que están sacando al público, son cercanas a los nuevos valores que surgen en la sociedad, como por ejemplo con más variedad y diversidad. Y lo rebelde es ir contra esto.
Para que se entienda, en aquellas elecciones de 2016 de EEUU que he comentado antes, Hilary Clinton, una mujer que aspiraba a ser la primera presidenta, era el establishment, y Trump, un hombre rico y blanco, era el rebelde. Es decir, paradójicamente hablando, con los papeles cambiados.
Noto también cierta polarización que se forma, es decir, tienes un bando que intenta ser “rebelde” y luego otro que sigue las líneas que marcan los nuevos valores… ¿Qué papel tiene la polarización? ¿En qué medida esto es viable para las democracias?
Hay que tener en cuenta que siempre va a haber polarización y ejes de conflictos en las sociedades, y es sano para las democracias para que haya debate y discusión. El problema es que estamos viendo procesos de polarización muy fuertes, ya no en términos ideológicos, sino de tipo afectivo, es decir, además de haber diferencias ideológicas considerables, vivimos de espaldas a nuestro rival político.
Esto implica, cada vez más, de no escuchar nada sobre mi rival político porque no considero que forme parte del país. No quiero saber absolutamente nada, no quiero ni relacionarme con alguien que esté relacionado con mi rival.
Pongamos dos ejemplos, el caso de Brasil es uno de los más significativos con el “antipetismo” y el “antibolsonarismo”, o en nuestro caso, hace unos días en el congreso de los diputados, Vox se marchó de la cámara por estar en contra de la reforma del reglamento del Congreso que permite hablar en catalán, gallego y euskera… Con esto, vemos que esta polarización está empezando a afectar a la convivencia democrática en los países.
Cada vez vivimos más separados y no queremos saber nada del otro bando… Hay que debatir, hay que discrepar, hay que pelear (democráticamente hablando), porque formamos parte de una misma democracia y de una misma sociedad. Al final, estamos empezando a vivir en burbujas distintas y esto puede resentir la democracia desde dentro.
Me interesa el tema de Brasil porque allí la polarización es gigante, lo comentábamos alguna vez por la cuenta…
Efectivamente. Hasta el punto de que si alguna persona se pide una cerveza Heineken en un bar, como esta lleva en el botellín una estrella roja, ya se atribuye a que votas al Partido de los Trabajadores de Brasil porque los logos se parecen… Estamos llegando a un punto en que cualquier cosa aparentemente insignificante (llevar una prenda determinada, coger el coche o no, ponerte la mascarilla o no…) genera un mensaje y distancia a unas personas de otras.
(foto de encabezado obtenida de "France24")