Greta Reyna concibe su obra desde el encuentro con objetos que han perdido su función inicial, transformados por el abandono en portadores de nuevas narrativas. Explora la tensión entre la forma y la fractura, revelando una estética que celebra lo imperfecto como espacio de resistencia y posibilidad. Greta convierte el acto de recolectar en un ritual creativo que interpela la relación entre lo humano y su entorno, proponiendo una poética de lo reciclado como gesto político y cultural.