Carlos Zorrilla desarrolla una práctica artística que interroga la memoria como territorio inestable, donde las imágenes se descomponen bajo el peso de la experiencia vivida. Su obra, articulada principalmente desde la pintura, reconstruye estos vestigios visuales para revelar las fracturas y capas ocultas de la realidad. A través de este proceso, el artista propone nuevas lecturas que desafían la percepción y expanden los límites de lo representable.