HNO. PEDRO VELA RODRÍGUEZ
Hno. Andrés de la Cruz.
*27 Abril 1934 (Irapuato, Gto.) + 28 Julio 2006 (Saltillo, Coah)
“Adoro en todo la voluntad de Dios para conmigo”.
Pedro Vela Rodríguez fue el quinto y penúltimo regalo que Dios hizo al matrimonio de Don Pedro Vela y Doña Eustolia Rodríguez de Vela, en la ciudad de Irapuato, en el Bajío guanajuatense; vio la primera luz el 27 de abril de 1934. La familia Vela Rodríguez dio a la Iglesia tres de sus miembros: su hermana mayor fue religiosa Franciscana Eucarística, otra de sus hermanas es Carmelita, ambas dedicaron su vida al apostolado de la enseñanza como nuestro Hermano.
Pedro fue un niño alegre, travieso, cariñoso, piadoso; una de sus hermanas recuerda que en casa tenían un cuadro del Sagrado Corazón y cuando Pedrito llegaba de la escuela, antes de saludar iba y le daba un beso al cuadro y después los saludaba. Su papá trabajaba en el ferrocarril, en la sección del Express; habiendo muerto trágicamente el responsable de este departamento, en la ciudad de Acámbaro, Gto., gran centro ferrocarrilero en esa época, Don Pedro es llamado a ocupar el puesto vacante y, con ello, la familia cambia de residencia a esta ciudad, donde inicia sus estudios de Kinder y Primaria en el Colegio de las Madres Carmelitas; un nuevo cambio de lugar de trabajo lleva a la familia a León, Gto. y Pedro es matriculado en el Colegio de la Srita. Urbina, donde cursó el sexto grado y la secundaria
Fue en el seno de esta familia donde aprendió que el Señor Dios tiene la primacía en todo y que Él debe ser el primer servido, por eso cuando en su adolescencia sintió el llamado del Señor a servirle en la vida consagrada respondió con generosidad y, a sus 16 años entró a la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, distinguiéndose, desde el inicio, por la claridad de su compromiso y La Región del Bajío era visitada por el Hermano Ángel Gálvez en busca de vocaciones para la vida consagrada; entre las poblaciones que visitaba se encontraba León, Guanajuato y, fue en esta ciudad donde el futuro he rmano Pedro tuvo contacto, por primera vez, con los Hermanos, iniciando su proceso vocacional que, pronto lo llevaría a decisiones importantes en su vida. “El Noviciado Menor de Tlalpan recibió a Pedro el 20 de noviembre de 1950 junto con otros dos jovencitos, bastante más chicos que él, por lo que, algunos pensamos que él era el papá de alguno de los chicos, pues tenía la apariencia de un joven mayor de los de su edad, grande y robusto, sencillo y gran amigo y, hasta que por la noche lo vimos en el dormitorio acostándose, caímos en la cuenta de nuestro error. Era un muchacho buena gente, amable, entusiasta, sabía tocar algo de piano y, en su primera presentación, ante todos, tocó las “Mariposas” llamando mucho la atención de sus compañeros, tocando con gran entusiasmo y buena ejecución, pero se le olvidó cómo terminar y siguió tocando hasta que todos aplaudimos. Tenía alma de artista pues, además de la música, tenía gusto y aptitudes para la pintura” (1).
Su ingreso al Noviciado de Nuestra Señora de Guadalupe, en Tlalpan, fue el 25 de noviembre de 1950 y, meses más tarde toma el Hábito el 25 de enero de 1951 recibiendo el nombre religioso de Hermano Andrés la Cruz. El tiempo de formación del Noviciado duró dos años, emitiendo su primera profesión el 26 de enero de 1953, iniciando de inmediato su preparación para el ministerio de la enseñanza en el Escolasticado de Coyoacán. “Los domingos por la tarde, el Hermano Director, Miguel Martínez, alentaba a los Hermanos a jugar futbol, formando algunas veces el equipo de los “Buenos y el de los Maletas”, a fin de que mostraran el esfuerzo de vencer a los más hábiles en el dominio del balón. Tanto el Hermano Pedro como a “mí” nos escogían en este último” (2).
La comunidad educativa del Colegio Benavente de Puebla fue la primera en beneficiarse del juvenil entusiasmo del novel apóstol, a la que llegó para hacer sus primeras experiencias docentes, como maestro de cuarto de Primaria. Era la época de los “prestados” a comunidad, en que los Hermanos escolásticos hacían el 5º B o sea un año de servicio en dos comunidades. Para el hermano Pedro fue sólo un semestre en la cuna del lasallismo mexicano.
Colegio Guadiana: (Fundador)
"Con el trato de los niños y adolescentes fui descubriendo la importancia de la educación y que Dios está muy dentro de mí. La obra que realicé es la obra de Dios por mi medio".
1955, titular de 6°. grado. Después de terminar su formación de normalista fue escogido como el Hermano joven de la comunidad que iniciaría el Colegio Guadiana, en la ciudad de Durango;
ahí sus cualidades de optimismo, atención, refinada cortesía y ardor en el trabajo le permitieron ganarse el corazón de todos los que tuvieron la oportunidad de tratarlo. Dejó en sus primeros alumnos un recuerdo imborrable que se notaba por el gusto con que ellos se encontraban con él cuando el Hermano Pedro volvía a su querido Guadiana, ya fuera para un aniversario o para participar en misiones de Semana Santa o en sus correrías como responsable de la Pastoral Vocacional. La comunidad fundadora estuvo integrada por el Hno. Leopoldo Angulo, como director y lo acompaña un joven de 20 años, lleno de ideales y entusiasmo, el H. Pedro Vela, cuyo nombre es recordado aún con gran cariño en Durango. Cinco años permanecerá al frente del grupo fundador de sexto año acompañándolo hasta su graduación de Secundaria. Los otros Hermanos fundadores fueron Ricardo Sánchez y Gabriel Caballero.
Estando en la comunidad de Durango, el Hermano Pedro realiza su retiro de treinta días, en la Casa La Salle, de la ciudad de México, al final del cual hacer su Profesión Perpetua el 25 de agosto de 1958; entre sus compañeros de votos perpetuos se encontraban los HH. Genaro Magallanes y Miguel Agustín Hernández.
En esta comunidad de Durango, el Hermano Pedro se manifestó como un gran amante de la naturaleza y un buen explorador y, sus pies, un poco deformes (sus jeannettes, es decir. juanetes) recorrieron los parajes de Mexiquillo, El Madroño, Las Ventanas, El Cañon de Catedral, Miravalles, Las Agujas y muchos otros lugares que le hicieron soñar… hasta se atrevió a bautizar una poceta de un río con el nombre de 'Poceta La Salle'. No gozaba del sentido de orientación, por lo que, en ocasiones se disgustaba con quienes, con mejor sentido de orientación, se negaban a seguirlo pero, esta falta de orientación lo llevó a descubrir nuevos paisajes y lugares no imaginados, pues, en realidad estaban perdidos, muy lejos del lugar de regreso. “Nuevamente, el Hermano Pedro es escogido para ser fundador de una nueva y novedosa obra, en la geografía y en el horizonte del Distrito de México Norte. Se trata de la Misión de El Salto, Durango. En el Acta del Consejo de Distrito se lee lo siguiente: ”esta obra quiere ser un gesto de entrega al necesitado, en este año del Tricentenario del Voto Heroico” Los tres Hermanos designados fueron el Hno, Pedro Córdoba, Pedro Vela y Juan Francisco Barba, inaugurándose el “Centro Cultural y Social la Victoria” el 15 de agosto de 1992, cuya misión era favorecer el surgimiento de comunidades de vida cristiana, tanto de adultos como de jóvenes, formar agentes de pastoral para la Prelatura, proporcionar educación cristiana, especialmente a los jóvenes. Más tarde se involucran como profesores del Seminario de la Prelatura y, poco a poco, van definiendo su labor apostólica al conocer la realidad local e ir respondiendo a necesidades planteadas, tanto por la Iglesia como por la población. Algunas de las realizaciones del Hno. Pedro van ha ser: el trabajo con los Catequistas de la sierra, los cursos para los Ministros extraordinarios de la Eucaristía, la organización de las Misiones de Semana Santa y la de verano, así como los cursos bíblicos en colonias de El Salto y temas doctrinales, tanto para matrimonios como para jóvenes de diversos grupos juveniles ya establecidos en la Prelatura” (3). El Hno. Pedro va a estar en esta obra dos años, pues luego fue enviado como director de Tijuana, en 1994.
El Hermano de Comunidad.
La vida es un diálogo misterioso de fe y gracia entre el creador y la creatura. Cada persona es una respuesta original y única. “Como Hermano en Comunidad fue un elemento muy positivo, buen amigo, con quien daba gusto vivir; era muy participativo en todas las actividades comunitarias, aportaba sus ideas, muy entregado, profesional y, sobre todo, muy comunitario en todo lo que eran momentos de esparcimiento: paseos, momentos de descanso comunitario los fines de semana .Siempre se distinguió por su piedad y espíritu de Fe. Sabía formar equipo, siempre muy optimista, con deseos de ayudar en todo lo que la comunidad necesitaba; luchaba por quitar asperezas, buscando siempre el buen entendimiento entre los Hermanos” (4). Amante de la pintura, era buen copista, realizó varios cuadros, entre ellos un autorretrato; igualmente gozaba mucho de la música de diversos géneros. El estudio de los idiomas fue un reto para él y llegó a dominar muy bien el francés, el cual hablaba con fluidez y gusto y lo traducía perfectamente. Muchas veces jugaba con las palabras y hacía traducciones libres, como Santiago Papasquiaro, Dgo. que para 'Peter' era: “Saint Jaques, pommes de terre, je veux” y frases por el estilo, que ayudaban a crear un buen ambiente y provocaban hilaridad.
Su amor a la Salle fue siempre muy grande; era una delicia oírle hablar de él, lo hacia con verdadera unción, dejaba entre las personas que lo escuchaban un deseo y la inquietud por conocer más a De La Salle. Realizó y presentó la exposición Lasallista en todos los colegios del Norte, con gran entusiasmo y, fue a la vez una forma de realizar su trabajo vocacional.
Fue un excelente catequista y la promovió, en forma extraordinaria, tanto desde su estancia en la Casa Central, como en el Colegio, como Coordinador, preparando mamás catequistas y, más tarde, apoyando en la Casa Hogar de los Pequeños San José, de Saltillo, tanto a las voluntarias como a las catequistas.
“En el Hermano Pedro era un hombre de oración, de una piedad firme, quizá un poco austera; rezaba en comunidad y personalmente, trasmitía el gusto e invitaba a que sintieran la necesidad de orar. Uno de sus exalumnos, hoy Hermano, nos dice: “Siempre en su clase rezaba la siguiente oración: María madre de gracia, dulce Madre de clemencia, líbranos del enemigo, y recíbenos a la hora de la muerte A ti, Jesús, que naciste de una Virgen sea la gloria y al Padre y al Sumo Espíritu, por los siglos de los siglos. Amén” (5).
“Los valores de Fe, Fraternidad y Servicio los vivió y los supo trasmitir a los alumnos y a los grupos que animaba, logrando que los muchachos los hicieran vida” (5).
El Formador
Lograr que el futuro Hermano viva su vocación con gozo y alegría, con un hondo sentido de fraternidad, con una profunda vida interior que despierte un espíritu de servicio.
Su profunda piedad y el acendrado cariño a su vocación de lasallista, movieron a sus superiores para llevarlo a las Casas de Formación donde, con cariño, entrega y entusiasmo, ayudó al discernimiento de la llamada del Señor y al compromiso generoso en la respuesta de las generaciones de adolescentes aspirantes a ser Hermanos de la Salle.
En agosto de 1960 llega al Noviciado Menor de León, Gto. como titular de Secundaria; fue el cuarto Hermano de la Comunidad, formada por los HH. Leopoldo Angulo Dtr, Cesáreo Boillot, Salvador Pérez y, el más joven será el H. Pedro. El primer año fue titular de primero de secundaria y los siguientes cursos lo será de segundo de secundaria.
Con todo entusiasmo y dedicación asume su labor docente y formativa, dando clase de matemáticas, biología e historia.
Hombre en la plenitud de la juventud, sabe trasmitir entusiasmo y amor por la vocación de Hermano y, además, contribuye al desarrollo de actividades artísticas, como fue el dibujo, la pintura y, sobre todo, la animación de cantos, tanto para los actos litúrgicos como para las fiestas que se celebraban por la Fiesta del Noviciado Menor, Navidad, aniversarios etc ... s fiestas que se celebraban por la Fiesta del Noviciado Menor, Navidad, aniversarios etc. Siempre se hacía presente en vigilancias y momentos de trabajo y nos alegraba con música selecta que a él mismo le agradaba y trasmitía ese gusto a todos los que con él integrábamos el Noviciado Menor.
El Noviciado Menor de León debía haber tenido ya los tres grupos, cuando llegó el Hermano Pedro pero, al no estar aún terminados todos los locales, a los novicios menores de tercero de secundaria los enviaron a Tlalpan; los habitantes de la casa eran cerca de cuarenta adolescentes a los que el Hermano Pedro va a entusiasmar y a lanzar a la aventura de ser Hermano, por medio de su ejemplo, su palabra y su diario vivir, siempre alegre y, en momentos, algo soñador, con sueños de entrega, de generosidad, sueños que hacían que los adolescentes se soñaran también Hermanos ante algún apostolado. Su entusiasmo por los paseos era notable: cada jueves procuraba que hubiera algo interesante e, igualmente sucedía en los paseos de todo el día, claro está que no faltaba que alguna vez extraviara el camino y se llegara tarde a casa, o que se tuviera que desandar el rumbo que el buen Hermano Pedro había trazado, porque estaba en dirección totalmente opuesta a la que nos dirigíamos. En los campamentos de la Asunción Malacatepec, su presencia era sólo de unos cuantos días, pues las vacaciones las empleaba en completar sus estudios de Normal Superior, en la Normal Superior de la Universidad de Coahuila.
En 1963 las Casas de Formación tuvieron la visita del Hermano Visitador General, Bautista Fernando y, como resultado de la misma fueron cambiados dos de los Hermanos del Noviciado Menor de León: el Hno. Salvador Pérez y el Hno Pedro; creo que los cambios por ellos implementados eran de avanzada y, ciertamente, el trato con los novicios menores y las actividades que se realizaban ya tenía un cierto aire de “aggiormamiento”, requerido para esa época del Concilio Vaticano II.
Peter volverá a Casa de Formación, como subdirector del Escolasticado, al regreso de su estancia en Bélgica y será el fiel acompañante de los jóvenes Hermanos durante dos años.
Hermano de familia:
La fraternidad es amistad, alegría, consuelo, ayuda, delicadeza y comunión.
Sus hermanas recuerdan que, al principio de su vida religiosa, la presencia de Pedro en la familia era muy esporádica; eran tiempos en los que se visitaba la familia cada cinco años pero, con todo, cuando le tocaba ir de visita familiar llenaba la casa de alegría.
En el año de 1955 fallece su papá y, ellas recuerdan muy bien la visita de dos Hermanos, cuando su papá ya estaba enfermo, visita que les impresionó y que agradecieron mucho. Con la estancia del Hermano Pedro en la comunidad del Noviciado Menor de León, Gto. la cercanía permitió un mayor contacto familiar. La presencia filial fue muy significativa cuando se acercó el final de la Sra, Eustolia, su madre (1970) y, desde ese momento, Pedro se convirtió en el centro de la familia, siendo él el único varón, buscaba unir a sus hermanas; tenía una comunicación epistolar frecuente con ellas y, más tarde fue el teléfono el medio de unión.
La visita anual era esperada y deseada por chicos y grandes. Sus sobrinos de Acámbaro recuerdan los paseos que el tío Pedrito les organizaba a los Azufres, a la Laguna Larga, a los montes cercanos. Igualmente, su hermana menor esperaba gustosa la llegada de su hermano y amigo de infancia; recuerda una de sus hermanas que, cuando Pedro iba a entrar con los Hermanos, su hermana menor le dijo: "¿Cómo, me vas a dejar, si somos los compañeros en todo?" y Pedro respondió, que él ya lo había decidido y sería Hermano…
Pocas veces los visitó en las fiestas de Navidad, siendo la última en el año 2003 en que, de sorpresa, recibieron un telefonema, diciéndoles que estaba en Guadalajara y que fueran por él a la Casa de retiro; de inmediato fueron por él y la familia se reunión en torno al tío, celebrando una alegre y animosa Navidad.
Al fin de su vida pudieron acompañarlo en sus últimos momentos, quedando muy admiradas por la aceptación de la voluntad de Dios para con él y del deseo de vivir y luchar.
Su preparación académica y religiosa
"Souvent, nous ne discernons pas la présence de Dieu dans notre vie q´après coup quand nous rapportons nos regards en arrière". C Newman. (A menudo no discernimos la presencia de Dios en nuestras vidas sino después de los hechos, cuando miramos hacia atrás).
En el Hermano Pedro fue notable su afán por tener una excelente preparación académica, a fin de servir a sus alumnos con una pedagogía y un acervo cultural grande; muestra de eso son los títulos obtenidos: Normal Básica, Maestro en Biología y Maestro en Ciencias Sociales, por la Normal Superior de la Universidad de Coahuila, Maestría en Educación, que no completó y la Licenciatura en Catequesis y Pastoral cursada en la Universidad de Lovaina, Bélgica.
Los estudios religiosos fueron igualmente cuidados. Obtuvo el curso Fundamental del Instituto y, además, participó en varios encuentros de renovación como fueron: el C.E.L. en Medellín, Colombia, (verano de 1970), Curso de Espiritualidad de S. Juan Bautista de la Salle, Quito, Ecuador (1978). Encuentro Internacional de Pastoral Vocacional y Formación, Roma, Italia (1980), y el Encuentro para animadores de la 3ª. edad, Roma, Italia, enero febrero (1990).
Durante su estancia en Bruselas vivió en la Comunidad de Hermanos de la Rue Moris 19; un gran colegio pero, con una comunidad de Hermanos mayores. Nuestro Hermano supo infundir cariño y amistad, introdujo paseos, que ellos ya no hacían, les organizó vacaciones comunitarias, los sacó de su rutina y, fue para ellos un Hermano muy querido y apreciado. Con sus maestros, en el Lumen Vitae, también supo establecer relaciones significativas y aprovechó del saber de muchos de ellos, que eran hombres de avanzada en esos tiempos del Post Concilio y que influyeron en el pensamiento doctrinal de Peter.
El Hermano José Cervantes, en su artículo “Un homenaje a Pedro Vela” escribió lo siguiente: “en estos días ha caído en mis manos una biografía del Cardenal Newman, escrita por Charles Stepehn. Muchos críticos opinan que es la mejor biografía escrita sobre él. Lo más maravilloso, no es el libro, sino que este libro fue íntegramente leído, subrayado y anotado, de la primera a la última página por Pedro Vela” (6). “Dicen que subrayar un libro es proyectarse uno mismo. Sin pretender jugar al analista psicológico, se me ha ocurrido recoger algunos de los textos subrayados y aplicarlos a la vida de Pedro. Como él mismo diría, he hecho el “métier du glaneur”, espigador. ¡Vaya si hay trigo sustancioso! Si Pedro lo subrayó, era porque lo vivía y era sensible a ello” (6).
Los temas son interesantes y muy significativos, ya que reflejan rasgos de la espiritualidad vivida por el Hermano Pedro:
1º.- La presencia de Dios en la vida, el sentido espiritual.
2º.- Amor a la Iglesia
3º.- Celo, educación, catequesis , laicado
4º.- Personalidad, amabilidad, relación
5º.- Esperanza, ilusión, optimismo, cortesía, amabilidad Los diversos temas que trata cada uno de los apartados anteriores, reflejan rasgos característicos de nuestro Hermano, rasgos que cautivaron a chicos y grandes y que hicieron que la persona de Pedro haya sido tan cercana y significativa para muchos alumnos, padres de familia y Hermanos.
Su estancia en Europa
Estudiante, buen hermano de comunidad y excelente amigo de la cultura que aportan los viajes.
El Hermano viajero
“Yo no tengo un mensaje, mi mensaje es mi vida” (Gandhi).
El Hermano Pedro fue un viajero incansable, primero en su recorrido por el Distrito; cada comunidad recibía su visita, al menos dos veces al año y, muchas veces hasta cuatro; siempre llegaba con alegría y no mostraba el cansancio que conlleva el largo viaje y las noches mal dormidas en el autobús; cuando fue enviado a Bruselas, aprovechó el tiempo para conocer algunos rincones del Viejo Continente, a la vez que motivó a los Hermanos de Rue Moris que conocieran algo de Europa, pues jamás lo hacían, paseo que llenó de alegría a los Hermanos.
El Distrito envió a nuestro Hermano a diversos lugares: el CEL a Medellín, motivo por el cual conoció Colombia y algunos países de Centroamérica. A Europa volvió al menos en dos ocasiones: una en 1989 al Encuentro de la Familia Lasallista, celebrado en Roma, viaje que compartió con los maestros Pedro de Isla y María Elena Arrese y dos matrimonios.
En esta ocasión le tocó participar en la canonización del Santo Hermano Muciano María y, en otra ocasión fue cuando participó en una reunión, como representante del Distrito, para la pastoral de los Hermanos mayores. Estos viajes le dieron un horizonte amplio y comunicaba con sencillez sus experiencias y el gozo con el que había conocido lugares y lo que había descubierto; sus vivencias invitaban a soñar en aquellos parajes, ciudades por donde había pasado. Estos viajes quedaron ampliamente ilustrados en sus álbums de fotografías.
El Hermano Reclutador
Capaz de ser significativo y despertar el ánimo para la entrega y el servicio generoso de Dios y sus hermanos, en una entrega total.
La siguiente encomienda que se le confió al Hermano Pedro fue la de recorrer todo el Distrito de México Norte en la búsqueda y acompañamiento de los muchachos y jóvenes con inquietud de vida consagrada, especialmente para la vida de Hermano Lasallista.
Su trabajo de Pastoral Vocacional fue en tres épocas: la primera fue de 1965 a 1973, una segunda de 1977 a 1981 y, la tercera y última, de 1987 a 1992, residiendo en estas dos últimas etapas en Monterrey, N.L.
Iniciador, en Chihuahua, junto con el Hermano Gilberto Lozano del CLUB SAN BENIDO para rezar por las vocaciones a la vida consagrada y sacerdotal
Este entusiasmo y celo por las vocaciones que lo distinguieron, lo acompañarán toda su vida; para él la insistente oración para pedir al Señor buenas vocaciones y la entrega generosa de las ya existentes, se convirtió en algo vital.
“Sabía conquistar a los jóvenes para hacerles conocer su vocación; durante el largo período como reclutador se distinguió por su celo en la búsqueda de vocaciones para nuestro Instituto y conocía muy bien a las familias de los que estaban en proceso vocacional. No era para él un obstáculo la distancia, ni las largas noches de autobús, para ir en busca de una vocación” (7).
Algunos testimonios sobre el trabajo de Pastoral Vocacional del Hno. Pedro nos dan alguna idea de su trabajo:
“La inocencia de la inquietud vocacional de un niño de 11 años puede convertirse en una vida consagrada cuando encuentra la acogida oportuna de un Hermano. Ese fue el Hermano Pedro; su bondad, su cariño, su vida espiritual era su mejor lenguaje para hacer sentir en el corazón de un vocacional que ser Hermano vale la pena. 'La vocación es como una llama pequeña, una chispita que hay que cuidarla para que llegue a ser una gran llama'; recuerdo esas palabras textuales del Hermano Pedro en la primera entrevista.
Unos meses después citaba a mis padres en la casa de los Hermanos del Instituto Regiomontano. De ida, mi padre, renuente a dejarme entrar al Aspirantado le decía a mi mamá, que no se iba a dejar convencer. No sé en realidad qué le dijo el Hermano Pedro, pero su convincente diálogo provocó que regresaran haciendo planes para mi ingreso.
Esa generación que acompañó vocacionalmente, el Hermano Pedro, dio a la Iglesia dos vocaciones religiosas y dos sacerdotales; en 1990 la obra educativa de la Salle de San Nicolás se dejaba en manos de seglares; como exalumno y, entonces Hermano escolástico, tenía la inquietud de apoyar el proceso de transición.
El Hermano Pedro retornaba la Pastoral Vocacional distrital, por eso, confiando plenamente en su visión pastoral, tuvimos varias reuniones un tanto “secretas”.
El Hermano Pedro se encargó de hacer las gestiones necesarias para que los Hermanos escolásticos visitaran a la comunidad educativa de San Nicolás. Dos escolásticos íbamos a dar clase de Formación de Valores y otros dos, los sábados, para atender el Club La Salle y para abrir y mantener el grupo juvenil en la secundaria. Sus visitas y acertadas intervenciones lograron que esos primeros años de vida escolar, sin la animación directa de los Hermanos, se viviera, en la comunidad educativa de San Nicolás, una renovación espiritual y se viera el surgimiento de vocaciones al Aspirantado y al Seminario” (8).
Uno de los Hermanos reclutado por él y que emitió sus primeros votos el día en que Pedro llegó a la casa del Padre, nos dice lo siguiente:
“Durante mi preparatoria siempre estuvo muy pendiente de los que pertenecíamos al grupo Parmenia y éramos sus alumnos; con frecuencia participaba en las sesiones y estaba dispuesto a platicar con quienes se lo pedían.
Él fue mi padrino de Toma de Hábito y, cuando me estaba revistiendo del Hábito Religioso, en la sacristía, yo veía cómo otros Hermanos les decían consejos o bendiciones a los novicios.
El Hermano Pedro permanecía en silencio y, ya cuando me ayudaba a ponerme el rabat me dijo: “Paco: ahora te revistes como Hermano de las Escuelas Cristianas, que sea para siempre”. Ya estando enfermo me decía: “le ofrezco a Dios todos mis dolores por las nuevas vocaciones” (5).
En el libro de entradas del Noviciado Menor de Nuestra Señora de la Luz se registran 186 muchachos reclutados por el Hermano Pedro; entre los primeros frutos de su reclutamiento están los Hermanos: Guillermo González, Marco Antonio Moreno, José Ramón Cubillas, Rodrigo Sandoval y, de la última etapa: Guillermo García, Héctor Ramírez, Tarsicio Larios, Daniel Novelo, Manuel Camou y algunos más (9).
Nuestro Hermano, aún no siendo responsable directo de la Pastoral Vocacional, siempre trabajo a favor de la misma; sabía hacer una invitación, motivar una inquietud y acompañar a un muchacho en el camino del discernimiento vocacional . Ésto lo realizó hasta poco tiempo antes de su muerte. Fue un sembrador incansable, no cejaba en esta labor y esparcía la semilla del llamado del Señor a manos llenas.
Tras largos años de correrías en este apostolado, la obediencia le asigna nuevamente el trabajo de docencia en varias comunidades educativas.
Promotor del Club de Oración San Benildo, si bien la fundación del mismo a nivel nacional se debe al Hermano Gilberto Lozano (+) el gran propagador, promotor y animador de este grupo de oración por las vocaciones fue el Hermano Pedro; en sus visitas a las comunidades fundaba los club de oración, animaba sus reuniones y promovía la reunión distrital del mismo grupo, aprovechando las fiestas del 21 de noviembre fiesta del Aspirantado.
El Maestro
“Ayúdame a entender las etapas de tu designio, hazme Señor, que conozca mi camino. Ayúdame a entender las etapas de tu designio, los momentos de luz y los momentos de sombra. Dame a conocer en qué punto estoy en el camino y dónde me encuentro”. (Cardenal Carlo María Martini).
Cuatro colegios se beneficiarán de la presencia del Hno Pedro como maestro: el Guadiana, como primer campo de apostolado, el Noviciado Menor de León, el Regiomontano, el Colegio Regis de Hermosillo y el Instituto Francés de la Laguna. En los tres últimos su estancia fue muy corta; en ellos fue maestro de los bachilleres y supo crear y cultivar una relación afable y amistosa. Si bien es cierto, no tenía una gran autoridad dentro del aula, pero sí poseía una gran autoridad moral y se ganaba el corazón de sus alumnos.
Sus clases estaban muy bien preparadas, los pizarrones en que exponía conceptos estaban escritos son una letra muy bonita y clara; los esquemas de biología que presentaba estaban hechos con arte, así como los cuadros sinópticos en que resumía su clase, eran un dechado de buen orden, claridad de conceptos; aún así, algunos de los que fuimos sus alumnos abusamos de su bondad para hacer travesuras o un poco de bullicio en clase.
El Hermano cercano a sus exalumnos.
La cosecha del mañana depende de la siembra de hoy.
En un álbum fotográfico de 1981, realizado con ocasión del 25º aniversario de la salida de la primaria de su primer y único grupo que tuvo en Durango, como titular, ya que los siguió de sexto a tercero de secundaria, se organizaron varias reuniones de celebración: cena, retiro familiar en la sierra, etc.. se lee lo siguiente:
“La cosecha del mañana depende de la siembra de hoy” y, los testimonios que le entregaron, después de un retiro familiar, que nuestro Hermano organizó, con ocasión del aniversario, dan buen testimonio de esa cosecha:
“Señor Vela, no encuentro palabras para decirle lo que siento, pero quiero expresarte todo el amor y gratitud que siento por usted, al tenerlo y sentirlo tan cerca de nosotros” ( P. de Cosío e hijos)
“Que Dios nuestro Señor te conceda vivir muchos años más sembrando la semilla de la fe y del amor” (Francisco Castañeda) “Encontrarme de nuevo con mi maestro me motivó a pensar en todo lo que de él aprendí y me invitó a darle gracias a Dios por los amigos que, como Él, han formado parte de mi vida” (Emilio).
Los testimonios son muchos, sólo veamos dos más: “que tu vocación te siga dando tantas satisfacciones de descubrir nuevos soldados de Cristo… son los deseos de tu amigo” (Alberto Chacón N.).
“Al estar reunidos todos en la tranquilidad de la sierra y, escuchando nuevamente sus palabras, hemos realizado un grato reencuentro con Dios. Esperamos que sea el inicio de una vida cristiana más plena. Así mismo, deseamos verlo cuantas veces sea posible, en éste Durango, donde siempre lo recordarán sus exalumnos, con el cariño de siempre” ( Contreras).
La vocación del Hermano Pedro fue una entrega a Dios, a través de los alumnos que el Señor le fue confiando; su sencillez, su cercanía, el amor y preocupación desinteresada por ellos fueron el medio para ganarse los corazones.
El Hermano amigo
Pedro, a través de sus álbums fotográficos dejó una historia ilustrada de sus múltiples amistades: alumnos exalumnos, Hermanos, personas que en el camino de la vida cruzaron sus vidas y, a todas las impactó e hizo florecer el afecto mutuo que llevaba a la amistad. En uno de sus álbums se lee lo siguiente:
“Muchos hechos, signos y experiencias me ligan a ti como amigo y Hermano. Me alegro mucho de ti, como persona y de compartir contigo el mismo ideal y toda nuestra vida” y, prosigue, en otra misiva: “Por fin pude conocer un poquito de lo que tú viviste ¡cómo te recuerdan los Hermanos! El Hermano Gabrielle nos ha platicado mucho de ti…” y, en otro pequeño escrito, el Hermano Humberto le decía al Hermano Pedro: “Pedro pasaste por aquí y se quedó con nosotros la huella de tu persona, amable, entusiasta, sencilla y eficiente, como Hermano y como amigo. Que el Señor Jesús te siga bendiciendo y acompañando en tu comunidad y en tu apostolado. !Gracias por darte a nosotros como el pan y el vino”…Humberto. Esto lo escribió después de una de sus estancias con los postulantes.
Las Misiones de Semana Santa, de las cuales fue uno de los Hermanos fundadores, fue un medio muy importante para establecer amistades con un gran número de jóvenes de los que fue compañero de camino en esta hermosa aventura de servir al Señor llevando su palabra.
El Hermano Director
“Dos son los problemas, dos: los demás y yo. El difícil otro, el difícil yo, El duro nosotros de la comunicación”.
Su fructífera misión lo llevó también a las responsabilidades de la dirección de las obras lasallistas de Monclova y de Tijuana.
Monclova, una ciudad industrial que ha sufrido las crisis financieras que ha vivido el país, al grado de haber vivido, en momentos, situaciones muy difíciles y de incertidumbre, pues Altos Hornos sufrió paros y despidos de sus trabajadores, reflejándose en la economía de la ciudad y también del colegio La Salle de esta ciudad.
Al Hermano Pedro le tocó tomar la dirección de esta escuela en 1982; la crisis estaba a la puerta, el colegio no tenía fondos y la administración era difícil; los Hermanos vivían con muchas limitaciones; las relaciones con algunos elementos de la sociedad no eran del todo fáciles.
A pesar de la gran capacidad de relación del Hermano Director, de su optimismo y de su presencia alentadora y amable, hubo que enfrentar situaciones difíciles que le agobiaron, por lo cual, los superiores juzgaron conveniente cambiarlo, cuando llevaba cuatro años y medio como director. Fue el iniciador de la sección Preparatoria del Colegio, también le tocó la celebración de 25º aniversario de la Institución, en cuyos festejos participó activamente, tanto en la organización, como de artista.
El Hermano Pedro nunca demostró resentimiento o encono ante el cambio, sino que siguió siendo el Hermano positivo, siempre atento y abierto a colaborar en las necesidades distritales.
En 1994 fue nombrado director interino de Tijuana.
En esta ciudad funciona un centro de educación, no formal, para adultos. La comunidad religiosa que animaba el Centro de Formación Integral La Salle estaba formada por Hermanos americanos y mexicanos y la formación de los mismos tenía matices diferentes, constituyendo una riqueza y, a la vez, una limitación. Para el Hermano director fue un reto conjuntar voluntades y mediar ante enfoques diferentes y llegar a una unidad en la diversidad. En el Centro, su acción fue fructífera, ganándose la voluntad y el cariño de la gente. Su estancia en esta ciudad fronteriza fue muy corta pero fecunda.
El don de mando y de administración, no fueron, ciertamente, una de las cualidades más notables en el Hermano Pedro; fue un hombre de obediencia, pero, ser él, el último responsable, le causó problemas; aunque desempeñó estos puestos con alegría y gran entrega.
El coordinador de Primaria
Lealtad, sencillez, prontitud para la relación, capacidad de inspirar y sentirse inspirado, apertura a nuevas amistades, fraternidad, servicio y amor; plenitud de su consagración hasta el sacrificio final.
El Colegio La Salle de Acapulco, Gro. lo recibe como Coordinador de Primaria en 1995 y, durante los cuatro cursos escolares que estuvo en el Puerto supo ganarse los corazones de alumnos y maestros; un gesto amable, una palabra alentadora, un apretón de manos, o la simple sonrisa, hacían que las personas se sintieran queridas.
En julio de 1999 fue enviado a realizar su labor a la 'Atenas del Norte', donde, por Providencia Divina, los Hermanos, maestros y alumnos gozaron de la decantada sabiduría de sus últimos años.
Uno de sus alumnos de la Preparatoria vespertina de Saltillo, nos brinda el siguiente testimonio: “El cariño que les tenía a los niños era muy peculiar. Por las tardes, cuando había entrenamientos y, aparecía el Hermano Pedro, no faltaban los niños que se le acercaban a saludarlo o a platicar con él”.
Como coordinador de las dos primarias que le tocó animar, se preocupó mucho por dar vida al grupo del “Club La Salle”; sus reuniones, preparadas con dedicación y hasta el último detalle, sazonadas por su calidez y entusiasmo; conocía perfectamente a cada uno de los niños, se interesaba por cada una de sus familias… era cercano a todos.
Su presencia en los campamentos de Semana Santa era esperada por chicos y grandes.
Los grandes eran los vecinos de la casa del Pinar de la Sierra, que asistían a los oficios que él presidía con toda unción, devoción y decoro; para ellos era una persona muy significaba; le contaban sus penas y alegrías en la vida y recibían una palabra de aliento.
Para los chicos era un buen hermano mayor, participaba en todo; en el último campamento ya iba mal, nos cuenta un Hermano: me tocó compartir con él la habitación, dormía poco, se levantaba muchas veces al servicio, se veía que sufría dolores, pero jamás una queja, se levantaba con en rostro cansado, pero siempre con la sonrisa en la boca y un saludo amable y acogedor.
“El Viernes Santo, último de su vida, preparó una oración matutina, motivada por signos de la Pasión del Señor; por la tarde, la vivencia del Vía Crucis, preparado con antelación, con sus muchachos de Saltillo. Cada estación nos motivó y, paso a paso, nos hizo revivir el camino del Calvario, que él también estaba experimentando en carne propia… requirió de un cirineo para caminar y sostenerse y así llegar al final. Su presencia fue una motivación, su anhelo de servir un acicate y su congruencia de vida un ejemplo” (10).
La prueba de la cruz TÚ ERES MI ESPERANZA
Aunque en nuestra vida suframos convulsiones o incluso rupturas, Jesucristo está ahí. El nos dirá siempre: cuando te encuentres en lo más duro de la prueba, yo estaré bajo tu desesperación... y también en las profundidades de tu esperanza. (Hermano Roger De Taizé).
La enfermedad se encargó de acrisolar sus virtudes y purificar por el sufrimiento los residuos de ese corazón de oro que siempre tuvo, con ojos siempre abiertos a las necesidades ajenas y a la delicada suavidad para derramar el optimismo y el bálsamo del consuelo.
Testigos y caritativos samaritanos de Pedro, en su enfermedad, fueron el Padre Miguel, sus hermanas, sobrinos, familiares, enfermeras que lo acompañaron día y noche, personal de casa, sus doctores, padres de familia, alumnos, exalumnos e innumerables amigos.
Pedro fue valiente en su enfermedad y muy consciente de ella, manifestando siempre un gran deseo de vivir, confiando en Dios, que lo había sacado dos veces del peligro de muerte y, diciendo a quienes lo visitaban en la última etapa: “de ésta también tengo que salir” pero, con gran aceptación de la voluntad de Dios, como lo demuestran las siguientes frases, recogidas por uno de los cohermanos de comunidad:
Pedro, me pidió, en sus últimos días, que se diera a conocer lo siguiente: Cuando el Señor me llame, decía a la enfermera, que se escriba esta frase: “Adoro en todo la voluntad de Dios para conmigo”.
Continuó expresando: gracias a mis Hermanos Lasallistas, gracias a mis familiares, los quiero a todos, gracias a todas las personas que me cuidaron durante estos días, un poquito difíciles. Gracias a cada una de ellas.
Después, descansó un momento y añadió: “En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu” y, terminó diciendo: “Señora y Niña mía” (11)
En su funeral, durante la homilía, un Hermano de la comunidad de Saltillo, expresó las siguientes palabras: “Hermanos, nos reunimos, no sólo a despedir un ser querido, sino también, para celebrar con alegría cristiana la realización del Proyecto de vida del Hermano Pedro Vela Rodríguez; venimos a proclamar, como Martha, la hermana de Lázaro, que sabemos que nuestro Hermano Pedro resucitará en el último día y que, aunque haya muerto, vivirá, por que vivió en Jesús y en Él creyó”.
“Ciertamente, sentimos que algo de ese gusto por vivir, ese optimismo empecinado nos harán falta en los momentos en que las nubes de las dificultades de los quehaceres diarios, empañen nuestro entusiasmo. Con añoranza extrañaremos sus palabras de aliento, pero esos mismos recuerdos y añoranzas serán las que estimularán, para revivir en nosotros su espíritu jovial y nos llevarán a ver con alegría contagiosa la gran oportunidad que Dios nos concede al regalarnos y conservarnos el don inapreciable de la vida….”
Termina con el siguiente pensamiento: “Creo que no hay mejor forma de concluir la celebración de esta victoria de la gracia de Dios y de la colaboración humana de Pedro en la realización de este Proyecto de Vida, que las palabras que el Señor le dijo al escriba, después de la parábola del Buen Samaritano y, que hoy, con el ejemplo de Pedro, las diría para nosotros: “Anda y haz tú otro tanto” Lc. 10.37 (11).
Testimonios: En clase era muy común que nos dijera: cuando vayan a Reims, a París, o a la Casa Generalicia…, nosotros nos reíamos y, él insistía en que teníamos todo para hacer realidad nuestros sueños; nos incitaba a que nos pusiéramos metas y luchar para alcanzarlas.
En la Celebraciones Eucarísticas del Colegio le gustaba ser el monitor y los cantos él los dirigía con su voz y sus manos.
Algo muy especial en él era, cuando hablaba del Santo Fundador; lo hacia con mucha pasión, como no he visto hacerlo a otros Hermanos. El tema De La Salle era algo que le emocionaba, se ponía de pie y acompañaba sus palabras con ademanes y se le iluminaba la mirada, haciendo que nuestra imaginación volara al tiempo de De La Salle.
Era un Hermano muy ordenado y nos exigía ese mismo orden al revisar los cuadernos: nos revisaba la ortografía, márgenes bien hechos, líneas finales y el contenido de los trabajos. Como buen maestro pedía investigaciones o algunos datos que ayudaran a profundizar el tema, y nos recompensaba con vales, los cuales, al fin del curso escolar los canjeaba por un pin, un llavero, o una biografía Lasallista.
“Hoy, es para mi, el “ángel custodio” al que hace referencia el Santo Fundador en sus meditaciones, sólo que, luego de serlo sobre la tierra, como mi maestro, padrino y Hermano, ahora lo ejerce desde el cielo, como alma buena que goza de Dios” (5).
“Si hay algún Hermano del que mi mamá hable reiteradamente es de Pedro Vela. Hay varias circunstancias, que son motivos: Pedro vivió, de pequeño, en Acámbaro Gto., tierra de mis padres y, mi tía Pera, hermana de mi papá, lo llevaba a la escuela. Lo que ganó a mi mamá fue su cordialidad y detalles que tenía para con ella. Conserva cartas que Pedro le envió, con su excelente caligrafía… un día llegó a la casa de mi mamá con un gran ramo de rosas, color salmón, que mi mamá lució muchos días en el comedor de la casa, ¡cómo le dolió su muerte!” (13).
“Tuve la oportunidad de gozar de la amistad del Hno Pedro Vela. Las virtudes que yo observé en él fueron las siguientes: su delicadeza de trato, su forma cariñosa de saludar a las personas, una gran memoria afectiva y su capacidad de hacer amigos en todas partes” (7).
(1) Testimonio del Hno. Juan Estudillo López.
(2) Revista La Salle, septiembre de 2006: “Mi compañero Peter Vela”, H. Ramiro Montaño
(3) Apuntes del H, Lorenzo González Kipper sobre el Salto,
(4) Hno. Enrique Vargas Espinosa.
(5) H. Francisco Gil.
(6) Hno. José Cervantes. Revista La Salle, octubre de 2006: “ Un tributo a Pedro Vela”.
(7) Testimonio del H. Maurilio Barriga.
(8) H. Daniel Novelo.
(9) Registro del Noviciado Menor 1958 84
(10) Revista La Salle, septiembre de 2006: “Misión Cumplida”.
Biografía del Hno. Pedro Vela Rodríguez escrita por el Hno. Juan Ignacio Alva Ornelas.