GABRIEL SANTIAGO CABALLERO ELIZALDE
(Hno. Bernabé Agustín)
* 19 de julio de 1919 (Mixcoac, Col. del Valle).
+ 9 de julio de 1998 (Monterrey, N.L.)
“Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos”.
El Hermano Gabriel fue un alma sencilla, de niño.
Al leer y escribir sobre el Hermano Gabriel, se comprende que la humildad fue la virtud central de su vida, que le brindó una perspectiva apropiada de su vida moral, base y fundamento de todas las virtudes. Por eso fue fácil vivir con él, ya que supo tener una dedicación y entrega a sus hermanos y a su prójimo pobre y necesitado. Bien se le pueden aplicar las siguientes palabras del gran San Agustín, su santo patrono, “Para llegar al conocimiento de la verdad hay muchos caminos: el primero es la humildad, el segundo es la humildad y el tercero, la humildad.” Otra virtud del Hermano Gabriel fue sin duda la sencillez, “saber hacer todo tan sencillo como es posible, es característica de los grandes hombres: ser sencillos.” [1]
La familia Caballero Elizalde era originaria de San Martín de las Pirámides, donde nació su hermano Emilio, pero ya Gabriel nace en la zona de Mixcoac, en la región llamada Tlacoquemécatl, hoy, Colonia del Valle, a donde su familia se trasladó. Sus padres fueron los señores Manuel Caballero y Francisca Elizalde, quienes se vieron bendecidos en su hogar por diez hijos, ocho varones y 2 mujeres; Gabriel Santiago ocupó el octavo lugar.
[1] Albert Einstein (1879-1955) Científico alemán..
Sus padres educaron a su familia cristianamente, en cuyo hogar florecieron dos vocaciones para el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas: Emilio, el mayor y Gabriel.
Fue un niño tranquilo, un poco tímido, era sencillo en su forma de ser pero, no por eso no fue un chico travieso y juguetón, gustaba de los dulces y de otras golosinas, fue amiguero, pero siempre obediente a sus padres.
Desde su primer año de primaria fue alumno en la escuela gratuita de
San Borja, de la Cd. de México, de donde decide ingresar a la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas el 25 de enero de 1933, siguiendo los pasos de su hermano mayor, Emilio, a quien siempre admiró.
Su primera casa de formación fue el Noviciado Menor de San José, en Tacubaya; eran tiempos difíciles, en los que no se podía vivir abiertamente la vida religiosa y, en que el gobierno no aceptaba la existencia de seminarios o casas religiosas, así que sus primeras experiencias fueron positivas, pero siempre vividas con prudencia y cierto temor de una posible clausura de la casa o, de represión.
La situación política en México estaba muy difícil, en expresión del Hermano Grousset “la obra lasallista en 1934 y los años sucesivos estuvo al borde del desastre”; en ese año se confisca San Borja y las casas de formación corren grave peligro, en 1935. en una nota de ese tiempo, escrita por el Hermano Netelmo, se lee: “Nuestra casa figura en una lista de casas religiosas de hombres, Es necesario largarse”[1]. Se mantiene el Noviciado Menor de Tacubaya.
Postulantado y Noviciado
A inicios de 1937 le tocó al joven Gabriel Santiago obtener el permiso de sus padres para expatriarse y, pronto tomará el tren que, junto con otros compañeros los llevará hasta la pequeña ciudad de Luisiana, sencilla población rodeada de bosques, entre grandes llanos, que se llama Lafayette, donde ya funcionaba el Noviciado mexicano, en una gran finca llamada Magnolia, que los Hermanos expulsados de México en 1914 habían adquirido para sus casas de formación. Gabriel y sus compañeros llegan el 12 de mayo de 1937, como postulantes. Pronto pasan los casi tres meses de esta etapa previa al Noviciado y, el día 14 de agosto de ese mismo año recibe el Hábito de los Hermanos, así como también su nombre religioso de Hermano Bernabé Agustín. Entre sus compañeros de Noviciado se encontraban Guillermo Alba, Ignacio Navarro, entre otros.
[1] La Salle en México II página 131
Su estancia en el Noviciado fue de año y medio, ya que el 2 de febrero de 1939, lleno de juvenil generosidad se consagra, por medio de sus votos religiosos a la Santísima Trinidad, como Hermano de las Escuelas Cristianas, consagración que, siendo la primera, poco a poco llegará a su consagración definitiva, en que se consagró por toda la vida el 21 de diciembre de 1944, en el Colegio Simón Bolívar de Mixcoac.
Escolástico en Las Vegas, Nuevo México
El Escolasticado estaba dirigido por el sabio Hermano Fernando Anzorena y le ayudaban algunos de los Hermanos escolásticos que tenía más estudios, entre ellos los HH. José Elcoro, Pedro Córdoba, Rafael Martínez y Javier Bordes.
Los estudios para algunos era completar su secundaria y adquirir nociones de pedagogía y didáctica, así como la lengua inglesa; para otros eran ya estudios de bachillerato, pero pronto este tiempo en los Estados Unidos se terminó, ya que la situación en México había cambiado y, ahora, va a tener la oportunidad de estudiar su carrera de Profesor de Educación Primaria.
Al terminar la etapa del Escolasticado inició su actividad apostólica que, a través de los 58 años de su vida activa la desempeñó en diferentes instituciones educativas, tanto del Distrito de México como en el Distrito de México Norte, desempeñando varias funciones, con las cuales dio testimonio de entrega al Señor, por medio del servicio desinteresado a los demás.
Un novel maestro para una naciente obra:
Saltillo, la ciudad capital de Coahuila había recibido nuevamente la presencia de los Lasallistas en 1937. La torre de la Catedral metropolitana albergó, por casi un año, la naciente Academia Comercial Nicolás Bravo que, tres años después, en enero de 1940, fue aprobada la Primaria y, el colegio naciente se instaló en el antiguo local que había ocupado el Asilo de la Inmaculada hasta 1914. Es precisamente ese año de 1941 que el Hermano Gabriel Santiago Caballero inicia su apostolado en la antigua Villa de Santiago, de Saltillo, como maestro de tercero de Primaria; su estancia en esta ciudad fue de 1941 a 1943.
Comunidad de Saltillo, Coah, 1943.
La imagen que deja el Hermano Gabriel en esa su primera comunidad fue la siguiente: “Buen religioso, de piedad sincera, regular y obediente, Co-hermano servicial y caritativo; hace todo lo posible en clase, ya que algunas veces es un poco tímido, celoso en su trabajo”. “Más tarde destaca por aplicarse a su preparación personal.
Es paciente y piadoso, muy puntual a sus ejercicios espirituales, prepara bien sus lecciones, pero no tiene el éxito deseado en sus clases”[1].
Estas cualidades siempre estuvieron unidas a su sencillez y simplicidad, así como a su buen carácter, lenguaje sencillo, siempre con su tono capitalino, que jamás perdió su sonrisa franca y su palabra jocosa que, en momentos serán notas características de toda su vida.
Nuevamente el Colegio Ignacio Zaragoza, de Saltillo, Coah.
En 1959-60 este mismo colegio lo recibirá por segunda ocasión, esta vez como maestro de primaria, durante un año y, un segundo año como maestro de la Secundaria. En este tiempo se hizo famoso por las bromas que le hicieron los Hermanos, que se aprovechaban de su buen carácter y sencillez.
Una de ellas fue: un Hermano era muy amigo del agente de tránsito que cuidaba la salida y entrada de los alumnos, por la calle Hidalgo, donde se encontraba el colegio; entonces le pidió que cuando saliera el Hermano Gabriel le pidiera la licencia para caminar. El agente entendió la broma y, así lo hizo. El pobre del Hermano Gabriel se buscó en la bolsa su licencia de conducir, creyendo que era lo que le demandaba el oficial, y se excusó de no tráela; los Hermanos, de lejos lo observaron y, con eso comenzó un buen rato de choteo por la broma sufrida. El invierno, en Saltillo, en algunos años es cruel, entonces, los alumnos llevaron leña y el buen Hermano Gabriel les autorizó para que, en un bote prendieran una fogata. Claro está que las lenguas fueron largas y lo acusaron de que había quemado los escritorios de los alumnos… así sucedieron muchas bromas, debidas a su relativo poco control que tenía de sus alumnos.
1942-1943. Después de su primera experiencia como maestro, los Superiores lo destinan a la ciudad de México; la Editorial Enseñanza fue su campo de trabajo, apoyando al Hermano Procurador, en todo lo relacionado con el trabajo de la Editorial Enseñanza. Durante ese año vivió en la casa Provincial, en Coyoacán.
El gran sueño de su vida
Al año siguiente lo encontramos en lo que sería el amor de su vida y, donde gozó mucho, tanto por sus clases, como por la gran comunidad a la que pertenecía, que fue la comunidad del Colegio Cristóbal Colón, en la Ciudad de México, donde vivió once años como maestro de primaria, durante los años de 1944 a 1954.
[1] Apuntes sobre los Hermanos jóvenes en comunidad. cuaderno que se encuentra en la Casa Central de México.
Siempre, al referirse a la mejor época de su vida salía a relucir el Colegio Cristóbal Colón, que en ese entonces era como la obra insignia del naciente Distrito de México y, la comunidad fue la más grande que ha habido en los Distritos mexicanos, lugar donde se realizaban los grandes eventos, ya que en ese centro educativo funcionaban Primaria, Secundaria, Preparatoria, escuela Técnica y la Normal, que atendían más de 2000 alumnos, una veintena de transportes escolares y, cerca de 35 hermanos que vivían un fraternidad especial.
El Hermano Pierre Lyonnet, director de ese tiempo, había ejercido una especie de encanto para con los Hermanos, además, todos los Inspectores fueron Hermanos de gran influencia, como José Elcoro, Samuel Martínez, Rafael Martínez, en la Primaria, Luis, Lozano y Salvador Pérez, en la Secundaria y, Manuel de Jesús Álvarez, en la Preparatoria entre otros. Además, le tocó convivir con su hermano, el Hermano Emilio, quien se encargó de la sección de Comercio.
Gozó mucho los paseos y las estancias en Cuernavaca, la convivencia con los Hermanos y el conocer nuevos rincones de la Patria, aunque nunca se aficionó por las colecciones de plantas
que, en ese tiempo muchos Hermanos realizaron; él gozaba al caminar, explorar y, muchas veces descubrir algo que le llamaba la atención en la vegetación y mostrárselo a alguno de los Hermanos coleccionistas, pero él no tuvo ese don o curiosidad por la naturaleza.
El estudiante
Una de sus preocupaciones era su continua formación, dedicando tiempo y esfuerzo a ello. Regresando de Saltillo a la ciudad de México, pronto se inscribió como alumno regular en la Normal Superior de México, en la carrera de Maestro en Matemáticas, terminando con éxito este estudio, del cual obtuvo su cédula profesional en la dirección de Profesiones. Se inscribió, igualmente, en la escuela de Bellas Artes, o sea, San Carlos, dependiente de la UNAM, estudiando pintura.
Posteriormente se dedicó al estudio de Ciencias religiosas, por medio de cursos, en la Universidad la Salle, México, donde obtuvo la Licenciatura en Teología, después de haber llevado con paciencia y constancia los estudios y, sobre todo, la elaboración de la Tesis pues, ya mayor, le costaba mucho trabajo seguir los lineamientos requeridos y, tres veces le rechazaron el trabajo, pero él, con delicadeza y, con la sonrisa en los labios, preguntaba y volvía a realizar el trabajo, hasta que se lo aprobaron y, se tituló[1].
[1] Testimonio del Hermano Adalberto Aranda, Director de Ciencias Religiosas en ULSA México.
1948. Visita del Hermano Superior General al renacido Distrito de México. Es la primera reunión de la mayoría de los Hermanos, como Distrito de México.
El Hermano Caballero es el 6º., de izquierda a derecha, en la última fila.
Estudió, además, Ciencias Religiosas, a distancia, por correspondencia. En los veranos era muy constante en seguir cursos de formación religiosa y, estudió Pedagogía de la Oración, con los Carmelitas y, espiritualidad religiosa. Además, frecuentó cursos en el INDOSOC.
Dentro de su pensamiento sencillo fue un Hermano inquieto por el saber y, sobre todo, al final de su vida por fundamentar su fe y cultivar su espiritualidad y oración. Su camino espiritual fue el de la sencillez y de la fe humilde y confiada en el Señor.
Un largo peregrinar por los Colegios
Después de sus once felices años en el Cristóbal Colón, va iniciar un peregrinaje de, año tras año, en diversos colegios; la causa de esa no permanecía fue sin duda el poco y efectivo control que tenía de sus alumnos, no por falta de preparación, pues era meticuloso en la preparación, pero no lograba mantener la disciplina.
En el Colegio Simón Bolívar, en la Ciudad de México, el primer semestre del curso escolar 1955 fue maestro de 5º año de Primaria, niños bien portados, ciertamente, y disciplinados, pero su falta de órdenes claras le provocaban desordenes “organizados”, como en alguna vez dijo.
En agosto de 1955 el Hermano Gabriel forma parte de la Comunidad Fundadora del Colegio Guadiana, formada por el Hermano Leopoldo Angulo, Pedro Vela, Ricardo Sánchez y el Hermano Gabriel Caballero, como maestro de 4º año de primaria. Solo ese curso escolar estuvo en el Guadiana, aunque vuelve a la Ciudad de Durango, Dgo. en el curso 1958-1959, trabajando en primaria. Estando en el Noviciado fue a colaborar nuevamente al Guadiana, durante un semestre, en reemplazo de un Hermano, durante el primer semestre de 1970. Siempre fue un Hermano bien dispuesto a trabajar en lo que la obediencia le indicara o una necesidad lo requiriera.
1956. El joven Instituto Laguense, con tres años de existencia, recibe al Hermano Agustín, nombre con el que se le conoció, como maestro de quinto año de Primaria; eran niños que había iniciado en el colegio en 3º de primaria y lo quisieron mucho, apreciaron sus clases y dejó en ellos un cariño y un respeto que perduró; no hubo problemas de disciplina, pero con todo, duró poco tiempo. Más tarde regresó a Lagos como maestro de la Secundaria, en el curso 1962-63. El curso 1963–64 lo inició en Instituto Laguense pero, “A principio del mes de octubre de 1964, tuvo el Noviciado el cambio del Hermano Alfredo Guadalupe, Gabino, por el Hermano Gabriel Caballero. Fue una permuta entre el Instituto Laguense y el Noviciado”[1].
Antes de entrar a la etapa del Noviciado seguimos en su recorrido anual de varios Colegios: Instituto Francés de La Laguna, en Gómez Palacio, Dgo, el curso 1957-1958, como maestro en primaria.
El Hermano Gabriel en el Noviciado
Diez años, salvo la ausencia que tuvo para apoyar en Durango, fue compañero de los Hermanos Directores Bernardo Grousset y Víctor Bertrand, amigo de los novicios y fiel chofer, primero del “Águila Montañera” y, después, del camión Ford.
[1].Histórico del Noviciado página 61. Hermano Bernardo Grousset.
Su vida era tranquila: compras, ver por las necesidades de la cocina y de alguna reparación en la casa, no le asignaron clases.
El histórico del Noviciado sólo anuncia su cambio del Instituto Laguense al Noviciado:
“Fue una permuta entre el Hermano Gabriel y el Hermano Alfredo, Gabino, que había trabajado en los quehaceres domésticos y ahora nos llega el Hermano Caballero, como chofer y encargado de compras”[1].
Su ida al CEL de Medellín:
“El Hermano Gabriel Caballero fue designado para seguir la renovación del CEL y, a su regreso será cambiado a Durango, lo que privará al Noviciado de su ayuda como ecónomo y chofer”[2]
[1] Histórico del Noviciado págin
a 61
[2] Ibid página 222
Las historias de “Chevalier”, como se le conocía, fueron muchas, tales como: una vez fue al mercado de la Soledad, en León, a las compras de la semana, metió la camioneta a un estacionamiento, llevó ahí las compras de fruta y verdura y fue a alguna otra compra al centro,
vio su lista de pendientes y, todos estaban ya cubiertos, vio un autobús ‘Flecha amarilla’, que se dirigía a Lagos, le hizo la parada y se subió, llegó muy feliz y sonriente al Noviciado.
Una vez llegado le preguntó un novicio, o el Hermano Director: ¿Hermano Caballero y, la camioneta? Y, con su simplicidad y, sin alterarse dijo: “pues se me olvidó en León” y, a regresar a León por la famosa Águila Montañera, o sea, la camioneta… Otra vez le encargaron palillos de dientes y, como los vio en oferta, se emocionó y aprovechó la rebaja comprando palillos para 3, o más años… Muchos pequeños incidentes le fueron sucediendo, fruto, más de sus distracciones y de su sencillez que de alguna malicia.
GRUPO DE NOVICIOS: Hincados Hnos. Gerardo Martínez, Ramón Pérez, Raúl de la Torre, Hno. Alberto Flores y el Hermano Leopoldo Angulo. Atrás, Hnos. Antonio Aguilera, Juan Manuel Blanco, Gustavo Ramírez, Rodrigo Treviño, el Hermano Gabriel Caballero y el Hermano Bernard Alphonse.
Un trabajo siempre loable que realizó el Hermano Caballero fue el de formación de Centros de Catecismo, lo cual era una de sus preocupaciones y prioridades; en Lagos formó el Centro de Catecismo de “Granadillas”, una ranchería cercana al Noviciado, a donde podía desplazarse perfectamente a pie. “El día 10 de mayo de 1971, fiesta de las Madres, tuvo un rasgo muy peculiar: la Primera Comunión en el centro de Catecismo del Hermano Caballero, en Granadillas. Misa cantada por los novicios, participación eucarística y a la mesa común, para el desayuno, todo muy bien organizado por el Hermano Gabriel y sus mamás catequistas”[1].
El Hermano Gabriel fue un catequista convencido; siempre los Hermanos en fines de semana, tuvieron catecismos en barriadas, sostenidos esos centros por los Hermanos y por alumnos, que hacían de esa enseñanza su apostolado. Para el Hermano Gabriel esta enseñanza podría entenderse como una nostalgia de Dios, como algo que debían tener y, no tienen los niños y, es el Hermano Caballero quien se presta a hacer presente a Dios a las tiernas almas. El debió haber sido una bendición para esos niños y sus familias, que estaban llamadas a vivir la vida de Jesús en sus familias y, en su se,r como personas. El Hno. Gabriel fue catequista en el Cristóbal Colón, en colonias de la Cd, de México, en la comunidad de Lagos, después, en el Noviciado y, en Hermosillo, en la colonia de Sahuaro.
Julio de 1974. Noviciado Menor de León
Tres cursos escolares estuvo el Hermano Gabriel trabajando en la formación de los novicios menores. Sencillo y tranquilo aguantó las bromas que le hacían los chamacos, por su tono de capitalino, que nunca perdió, su hablar era cantado, como lo hacen en los barrios de la ciudad de México; su misma sencillez y su simpleza, en momentos lo hacían divertido e interesante.
[1] Hermano Bernardo Grousset en el Histórico del Noviciado página 273
El Hermano Director, José Luis Casillas, agradece a él y a los otros Hermanos que con él estuvieron en la formación, por “su generosidad, entrega, colaboración y abnegación a tan importante labor de formación de los futuros hermanos”[1].
[1] H. José Luis Casillas en la Salle en México Norte septiembre de 1975
En sus tres años de estancia en el Noviciado Menor, tuvo tres Directores: los HH. José Luis Casillas, Alejandro Bünsow y Francisco Hernández. El segundo año de estancia en el Aspirantado Menor, del Hermano Gabriel, fue año de crisis: el cambio de Hermano Director causó desencanto en algunos de los novicios menores y, el nuevo Hermano Director traía buenas ideas y muchos cambios que, quizá realizó sin consultar o, sin preparar, que causaron también malestar entre los Hermanos, que algunos pidieron cambio. El buen Hermano Gabriel permaneció firme, en medio de la dificultad e, inició su tercer año con un tercer Hermano Director.
El Hermano Caballero, amigo del arte:
En su juventud aprendió y amó el violín, instrumento que tocó, pero que nunca llegó a lograr a dominar y ser un concertista pero, bien que alegraba la comunidad con su instrumento y era motivo de guasas, por parte de los Hermanos.
Decía que su violín era un ‘Stradivarius’, calificativo que quedaba en su ilusión y, siempre tocaba ‘Estrellita’, de Ponce, Un viejo amor y, otras más….pero, siempre, muy desafinadas… y eso hacía reír y, más de alguno hacia bromas con el famoso violín de Caballero.
Otra de sus habilidades fue el dibujo y la pintura que sí estudió en San Carlos; era hábil pero, no se le daba la estudió en San Carlos; era hábil pero, no se le daba la perfección, ni lograr la capacidad de admiración de su arte, por parte del público. Estas habilidades fueron instrumentos que le facilitaron sus clases de dibujo, en la Primaria.
Famoso cuadro pintado en Hermosillo, que fue lo que los Hermanos llamaron “El Reno sediento”, un cuadro realizado al óleo, en que representaba el Arco de los Cabos, punto donde termina la península de Baja California.
En la redacción y poesía no dejó escritos, pero sí a la muerte del Hermano José Arrieta, su compañero en Saltillo le escribió unos versos:
AL HERMANO JOSÉ ARRIETA:
Eres tú, Hermano José Arrieta, sembrador de lumínicas estrellas, al ofrendar tu vida en la patena de la sagrada vida religiosa.
Te entregaste con denuedo, valeroso, a la amorosa voluntad divina, para salvar las almas juveniles mostrándoles el sendero de la vida.
Les mostraste caminos de virtudes, iluminando su loco desvarío. Forjaste hombres de grandes ideales,
Caminaste haciéndote el camino, camino tuyo, único y divino; nadie anduvo ni caminará jamás, por esos tus caminos personales.
Estas almas sinceras, infantiles, de corazón divino y alma de querube, de azulados ojos, negros, y ambarinos, de dulce ternura inmaculada.
Te llevan idolatrado, en su arrebato, a las cumbres eternas de la gloria, para cantar por siglos infinitos la ternura gentil que les brindaste.
Bien vale la pena, noble Hermano, de dar mil y mil vidas, si tuvieras, por estas almas de ternura llenas, conservándolas para la vida eterna.
Tu sublime holocausto no termina, tu gigantesca obra no se acaba, pues a zaga de tu huella luminosa, el celo de las almas nos devora.
Y el querer divino nos enciende para seguir por la sublime senda por donde han ido, los pocos sabios que por el mundo han sido.
CON RESPETO Y CARIÑO
Hno. Gabriel Caballero
Es una expresión valiosa de sus sentimientos ante la desaparición de un Hermano querido por todos que, ciertamente, caminó un camino muy propio de él y, que con su vida, su entusiasmo y su entrega, marcó profundamente generaciones, en las comunidades en que vivió. El Hermano Gabriel quiso hacer un homenaje a la memoria del amigo que se le adelantó; quizá su poesía no sea, para nada clásica, pero sí tiene su pensar y su cariño.
Última etapa 1977 a 1998, Sonora:
En junio de 1977 recibió su último cambio de comunidad. Las áridas llanuras sonorenses lo reciben. Será un largo caminar de 21 años por esas tierras de la danza del venado, de la carne asada, del cálido desierto, que se convierte en vergel, cuando tiene agua y trabajo humano en la agricultura, de gente noble, sincera, quizá un poco bronca, pero siempre leal.
El Colegio Regis, de Hermosillo, Son. lo recibió y, durante 21 años desempeñó el trabajo de auxiliar, hasta que, ya gastado por los años y por la enfermedad, se fue atender a tierras regiomontanas. Desde su sencillez, su labor principal fue servir y, servir a los pequeños y, a los que menos tenían… se hizo niño con los niños y pobre con los pobres, sencillo con los sencillos y, humilde con los humildes.
En estas tierras pasó su estancia más larga en una comunidad: 21 años de vida sencilla y entregada a sus pequeñas labores pero, importantes, que se reducían prácticamente a cuatro: Catecismo en los grupos de primaria, actividad que realizaba con gran celo y entrega, lo clasificaron como un Hermano sumamente inocente y amable; en algunos temas era lago obsesivo, como era el tema de las postrimerías, sobre todo el infierno, que les pedía a los niños que lo evitaran, teniendo una vida recta y, según los Mandamientos de Dios.
Su segunda labor era de chofer, para llevar y traer mandados al Banco; se hizo experto en estos menesteres aunque, no faltó el día en que algo olvidará y, al llegar a la comunidad, los Hermanos tuvieran tela de donde cortar y chotearle, cosa que no le importaba, pareciera como que le divertía.
Para el Hermano Gabriel, el sábado era un día muy especial: su catequesis en la colonia del Sahuaro, a donde acompañaba a los jóvenes del grupo juvenil del Colegio Regis. En esta colonia hacía un trabajo extraordinario, gracias a su buena relación con los papás de los niños, en especial con Doña Margarita, abuelita de Eréndira, una de las lideresas de la colonia, a quien interesaba en todo lo de la catequesis, en especial en las Primeras Comuniones y Confirmaciones, que él mismo preparaba con esmero e, igualmente, la recepción del Sacramento de la Reconciliación. Esta era su tercera labor pero, quizá, la que más amaba y en la que más se sentía realizado.
La cuarta labor eran pequeñas responsabilidades en la comunidad: compras para la cocina, correo, pagos de luz y teléfono etc.…
Los días de paseo los gozaba en grande, en especial las idas a la playa, a San Carlos, donde caminaba con el Hermano Alejandro Bünsow, desde
temprana hora del día, por la orilla de las playas; en especial, le gustaba ir a la playa de Algodones. Su Hermano Director, durante seis años, lo consideró siempre un gran Hermano (Hermano Alejandro Bünsow)
El Hermano Caballero estaba disponible a cuanto servicio le pidieran; con gusto iba al Aspirantado, en las vacaciones, o bien, a Tijuana, donde prestó sus servicios en los cursos de verano de 1983 en el periodo 2F[1].
Todos los años que estuvo en Sonora vivió con un compañero de formación, tanto en Tacubaya, como en Lafayette y Las Vegas, el Hermano Nacho Navarro y, se estableció una simpática rivalidad entre los dos, bromas iban y bromas venías… se echaban la culpa de cosas que pasaban… como buenos Hermanos vivían esas rivalidades que alegraban a los demás Hermanos de la Comunidad.
[1] Histórico de Tijuana.
Nacho le decía: ¿Caballero, te puedo hacer una pregunta? Y el Hermano Caballero le contestaba no, no… Nacho le decía: para que me dices no, si de todos modos te la voy a hacer… y, venía la pregunta, cuya respuesta era para después molestar al buen Hermano Caballero… las bromas le llovían, ya parecía, en términos actuales, un bullying, que él soportaba y aceptaba sin gran enojo…
Durante el Capítulo de Distrito, que se realizó en Hermosillo, fuimos invitados por una familia que tenía un restaurante muy elegante; comieron todos los Hermanos y, al terminar la comida, la Señora de la Casa invitó a los Hermanos de la comunidad a su casa, una lujosa residencia y, le preguntó al buen Hermano Caballero que ¿qué le parecía? Él, ingenuamente, dijo: “Normal… normalita”, cuando era una casa de grandes lujos… En otra ocasión, pasó lo mismo: los Hermanos fueron invitados a una vendimia; vieron todo el proceso y, al final la clasificación de las uvas. Cuando la persona que los invitó le preguntó a Caballero ¿cómo le pareció la Vendimia? Contestó, en su sencillez: Normal... normal… Le volvió a preguntar que a cuántas vendimias había asistido y, él contesto, con su tono característico de voz… es la primera…
El 19 de julio, día de su cumpleaños, era esperado por los Hermanos que estaban en curso de verano, en Ixcateopan, en la Cd. de México. Ese día se le hacía gran fiesta; alguna vez se le llenó su cuarto de globos, siempre había comida especial y, paseo, que gozaba, agradecía y, a toda la comunidad su presencia la hacía gozar.
También hubo Hermanos que se ensañaron con las bromas pesadas que hacían al Hermano Caballero que, aunque no lo parecía, le mortificaban y las aguantaba, sin reclamar mucho… haciendo gala de una gran paciencia y tolerancia.
Cuando las mieses están maduras:
El Hermano Gabriel llegó a la Comunidad del Instituto Regiomontano, para atenderse; venía enfermo, decaído y, sin un diagnóstico claro de su enfermedad. Eran los meses de noviembre y diciembre de 1997. Sufrió dos operaciones y, aunque se suponía que era un cáncer, que los primeros análisis y estudios realizados lo confirmaron, regresó a su comunidad de Hermosillo, para volver nuevamente a Monterrey, en abril de 1998.
EL HERMANO GABRIEL PARTICIPÓ HASTA EL FIN DE SUS DÍAS EN LOS PASEOS COMUNITARIOS, A LAS PALMAS. ESTA ES UNA DE SUS ÚLTIMAS FOTOS. CON TODO Y SUS DOLORES NO PERDIÓ NUNCA SU ALEGRÍA Y BUEN HUMOR.
De ello nos queda el testimonio del Hermano Víctor Bertrand Rangel, que escribió un artículo póstumo que intituló “Tres últimos meses de vida del Hermano Caballero, tres meses de alegría”:
“Hoy, jueves 9 de julio de 1998, a la una y media de la mañana, entregó su alma a Dios, Gabriel Santiago Caballero Elizalde, que en religión llevó el nombre de Hermano Bernabé Agustín.
Su nombre de pila era ya un presagio, pues es el de un arcángel y, nada menos que el que personifica la Fuerza de Dios, el famoso Gerbael, que sirvió de mensajero de Dios Omnipotente para el prodigio del Misterio Celestial, ante la más bella de las mujeres, la doncella de Nazareth, de quien arrancó el SÍ acentuado; el que confortó a Cristo en la agonía, tal vez el que se apareció a las santas mujeres en el Sepulcro vacío, para decirles: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo…”
El apelativo de su consagración al Señor corresponde a la simpática figura del apóstol compañero de San Pablo, siempre alegre, siempre desprendido, siempre comedido, siempre, como segundas manos, de quien se tomaba siempre la primera; aunque no haya tenido la fuerza de convivir con esa vorágine del impetuoso San Pablo, y que tuviera que seguir luego del primer viaje apostólico con él, su vida “paralela” en la isla de Chipre, su nueva patria chica…Agustín evocará al Padre de la Iglesia Occidental, al paradigma de la sabiduría, al Doctor de la Gracia, al luchador contra Pelagio y su doctrina.
El apellido, ni hablar, pues el Hermano Gabriel fue siempre un Caballero, fiel a su palabra, nítido en su proceder, sencillo y, a la vez grande, en todo lo pequeño que le tocó hacer, pues nada grande se le encomendó, siendo como el apóstol Bernabé “segundas manos” en el humilde quehacer cotidiano de ochenta largos años de existencia.
No voy a tratar más de su vida, sino de los últimos tres meses que nos tocó la gracia de atenderlo, como enfermo terminal de un voraz cáncer, pues nos llegó invadido de todo el sistema óseo de ese gran mal. El 15 de abril de este año; venía para el encuentro de Hermanos de la tercera edad pero, visto su estado de salud, tuvo que encerrarse en el lugar destinado a los enfermos de gravedad, en la Comunidad del Instituto Regiomontano. Venía al solemne encuentro con el Señor.
Anteriormente ya había estado aquí para dos operaciones, tras las cuales regresó a su comunidad de Hermosillo. En esa ocasión fue objeto de múltiples agasajos, que correspondía con la sencillez y bueno humor parejo, que tanto nos atrajo, de modo que, a su vuelta, lo acogimos como motivo de fiesta y alegría.
Pero ahora nos llegaba ya minado por el mal, que había desarrollado un alevoso avance, cambiándose de lugar e invadiendo todo el sistema óseo. En las intervenciones anteriores de cirugía, le habían cortado todas las raíces al mal pero, éste se afianzó en los huesos y allí nadie lo pudo sacar, pese a los severos tratamientos que la quimioterapia ha inventado modernamente.
Imaginamos lo que habrá sufrido, pero en los cincuenta días yo solamente le oí un lamento de dolor el día anterior de su muerte cuando, ya inconsciente, no era dueño de tener un férreo dominio que lo impidiera. Ayer todavía se prestó a chistes, hasta las diez de la mañana; luego enmudeció y, hasta las nueve de la noche, el Doctor pudo decirnos que ya no tenía ningún síntoma de consciencia, conservando solamente algunos de vida vegetativa. Horas después, cesaba todo y, entregaba su Alma al Creador, a la edad de ochenta años y veintidós días de vida.
Pero, volviendo al título de la nota: “Tres meses de alegría”. Porque siempre y, en todos los lugares en que vivió el Hermano Gabriel, su modo humilde de ser, su carácter apacible y su sencillez de alma, se avenían perfectamente con muchas cualidades intelectuales y morales, que adornaron su persona.
Bien dice San Francisco de Sales que, cuando Holofernes contempló la figura de Judith, sus ojos quedaron arrobados por la hermosura de la mujer judía y que, bajando la vista por el respeto que le infundió su recatada personalidad, fijó los ojos en las sandalias y quedó profundamente enamorado de ella. Este mismo Santo aplica su reflexión bíblica a la Virgen María, que en el Cántico del Magníficat dice: “Miró la pequeñez de su Sierva y exaltó a los humildes”.
Lo más palpable del Hermano Gabriel era su humildad, su sencillez, diríamos que hasta su ingenuidad. Nosotros nos aprovechamos un poco de esta última y le propinábamos bromas, que iban desde su modo de ser, de hablar, de tocar el violín “Stradivaruis”, que dejó en su Comunidad, de la calidad de sus pinturas, etc.…etc.… Nunca sentimos enojo, molestia, fastidio, por ese trato cariñoso, aunque seguramente algunas veces cargado, que siempre recibió con serenidad, con respuestas justas, opiniones valiosas, contrapartidas jocosas, que siempre eran celebradas. No creo que haya herido a nadie, sino servido más bien de ejemplo a todos.
Hablemos ahora de los casi cinco meses que, en dos etapas, estuvo en nuestra compañía, especialmente los casi tres de su segunda etapa terminal: era un gusto visitarlo, charlar con él, acompañarlo, dejarlo descansando, verlo en la Capilla largas horas rezando, asistir a su diaria Comunión, llena de ferviente amor[1].
El funeral del Hermano Gabriel fue sencillo, la Santa Misa celebrada el mismo día que falleció, el 9 de julio de 1998 y, al día siguiente, la Misa solemne en la Iglesia de La Salle de Monterrey, N. L., con la asistencia de las comunidades cercanas y sus familiares, entre ellos el Hermano Emilio Caballero, su hermano mayor; fueron depositado sus despojos mortales en la cripta de los Hermanos, en el Parque funeral Guadalupe.
Oración fúnebre por el Hermano Caballero
“Creo que el secreto de la paz y felicidad duradera está en mostrarse agradecido siempre y, por todo. Es natural sentirse agradecido por las cosas buenas, por el éxito.
¿Cómo podemos agradecer a Dios en este día? Simplemente al mirar la vida y la obra del Hermano Gabriel Caballero, pues ha convertido su vida y obra en belleza.
Él, cuando lo llamó Dios para ser su consagrado, a ejemplo de Jeremías, trató de no aceptar. “Yo respondí: «¡Ah, Señor, Yahvé! Mira que no sé expresarme, que soy un muchacho.» Soy demasiado joven, soy tímido… ” son palabras del profeta. A mitad de su profecía, Jeremías apretó los puños hasta que los nudillos le quedaron blancos: “no hiciste un profeta de mí, dijo él, “hiciste un tonto de mí, yo no haré más profecías para ti; ¡Oh!, es probable que continúe y sea de nuevo tu chivo expiatorio, pero no lo deseo en realidad”[2].
Al mirar la vida del Hermano Gabriel, nos damos cuenta que el Señor Jesús nos regaló a la Comunidad Lasallista a una persona que se dejó seducir por Él, que lo amó, y que se dio a su servicio con todo el corazón; con su actitud siempre contribuyó a hacer constructiva, fácil y agradable la vida de comunidad. Que se dejó llevar por el Señor para que su amor, como su fuego ardiente, lo consumiera.
Su trabajo como educador no fue fácil, siempre batalló un poco con la disciplina de sus grupos, sin embargo, con su vida y su fidelidad siempre nos demostró el Hermano Gabriel que, apoyado en Dios, hizo que las tempestades de su vida se convirtieran en arco iris.
Siempre estuvo inquieto por seguir superándose, así lo demuestran sus incansables veranos de estudio, para seguir los Cursos de Teología en la ULSA México, sus estudios de Ciencias Religiosas por correo, sus Cursos de Espiritualidad Religiosa y de Pedagogía de la oración.
En su última comunidad, Hermosillo, en la que vivió 21 años, repartió amabilidad y amistad en su derredor. Se caracterizó por ser apóstol de la Catequesis en el barrio pobre del Saguaro, donde sábado a sábado estuvo presente, a veces con numerosos colaboradores como Catequista, a veces solo, pero siempre preocupado para que esos niños conocieran a Jesús y a su Evangelio.
Ahí también desempeñó su trabajo sencillo, siempre dispuesto a servir, siempre amable y de buen humor.
Le doy gracias a su familia en las personas de su hermano, el Hermano Emilio, y su sobrina, aquí presentes, porque lo regalaron al servicio del Señor. Él sabrá premiarlos.
En este momento en que acompañamos los despojos mortales del Hermano Gabriel, le damos gracias a Dios por haberle tenido como Hermano Lasallista y, como nuestro Hermano; por haberle hecho fiel discípulo de San Juan Bautista de la Salle.
Pedimos a Dios le otorgue el premio eterno a quien le concedió la gracia de la perseverancia y, quien supo cumplir en forma extraordinaria el llamado de Jesús: “Ven y Sígueme…”.
Te encomendamos a ti, Virgen de la Estrella, para que acudas a su encuentro y lleves al Hermano Gabriel a Jesús. A ti Madre, que deseas la renovación de nuestra Iglesia y de nuestro Instituto, elevamos confiados nuestras súplicas para que nos sigas concediendo buenas y numerosas vocaciones para Hermanos Lasallistas, como la de nuestro Hermano Gabriel.
Tú, que has hecho la voluntad del Padre y, que estuviste disponible en la obediencia, intrépida en la pobreza y acogedora en virginidad fecunda, alcánzanos de tu divino Hijo, que todos los Hermanos que hemos recibido el don de seguirlo en este camino, sepamos ser testimonio, con una exigencia transfigurada, en nuestro camino hacia la Patria Celestial y la Luz que no tiene ocaso”[3].
Algunos testimonios
Las condolencias por su muerte fueron llegando a la Casa Central. Un hermano del Japón se expresaba así: “Me uno en oración y acción de gracias a Dios, por habernos compartido al famoso Chevalier…Gratos y chistosos momentos vividos con él, con el Hermano Bernardo Grousset y con el Hermano Angulito, en el Noviciado, vinieron a mi mente”.
Otro mensaje fue el siguiente: “Agradecemos al Señor por la presencia de este Hermano nuestro entre nosotros, por su FIDELIDAD, su sencilla y alegre relación que siempre tuvo con nosotros, su compromiso de APOSTOLADO, sobre todo con los niños y personas necesitadas. Que su ejemplo sirva a otros jóvenes para entregar su vida al servicio del Señor”[4].
Su Hermano, el Hermano Emilio escribió al Hermano Visitador agradeciendo: “Por estas cuantas líneas me permito manifestarle, en mi nombre y de familiares, mi sincero agradecimiento por todas las atenciones que, con motivo del fallecimiento de mi hermano Gabriel, tuvieron con él y con mis familiares. Dios se los recompensará.
H. Juan Ignacio Alba Ornelas
[1] Hermano Víctor Bertrand Rangel en la Salle en México Norte septiembre 1998
[2][2] Pasajes del Libro de Jeremías.
[3] La Salle en México Norte septiembre de 1998.
[4] Hermanos José del Coss y Everardo Márquez P.