Paquito
* 09 oct 1980 + 01 jul 2004
Cuando declinaba el día y en la oración de la tarde se escuchaban las siguientes palabras: el alzar de mis manos Señor, suba, mi oración, como ofrenda a tu presencia y Tú, Señor, me llamas diciéndome: ven de prisa… Era un día de júbilo distrital y para todos los que habíamos vivido esos momentos emocionantes de generosa entrega, en la ceremonia de renovación de los votos y la Profesión Perpetua; habíamos compartido los alimentos con las familias de nuestros Hermanos, con los jóvenes formandos y con Hermanos de las comunidades, convocados por este acontecimiento.
Al inicio de la tarde comenzó el regreso a las comunidades; los novicios se van a Lagos y, los Hermanos Escolásticos salen al Distrito Federal para estudiar… y, en ese viaje, el Señor de la Historia se hace presente y, desde su amor, llama a nuestro Hermano Paquito. De la región del altiplano mexicano, donde el hombre, con sudor y esfuerzo, arranca de las entrañas de la tierra la plata y el oro, y donde el dolor se hace presente cuando el infortunio se vive en las entrañas de la mina; el lema de su escudo refleja el carácter y la idiosincrasia de su gente: “Orat atque Loborat ab Urbe Condita”, que en castellano se traduce: “Un pueblo que ha orado y trabajado desde su fundación” y bajo la protección de la Santísima Virgen, en su advocación de la Candelaria; de esa tierra pródiga en metales, llamada Fresnillo, Zac., son originarios los Señores Manuel Sánchez y María Guadalupe del Socorro Martínez, que formaron el matrimonio Sánchez Martínez y a quienes el Señor bendeciría con cuatro hijos: tres varones y una mujercita, siendo el segundo en llegar Francisco Javier, que nace el 9 de octubre de 1980 en la ciudad de sus padres.
SUS PRIMEROS AÑOS Después del nacimiento y, habiendo gozado de la atención y asistencia de su abuelita, Francisco Javier es trasladado a la ciudad de Guadalajara, donde residirá la familia. Inicia su escolaridad en el Colegio Febres Cordero, donde se distinguió por su responsabilidad en los estudios y sus excelentes calificaciones, su tranquilidad y sus buenas relaciones con maestros y compañeros. Inició su preparatoria en esta misma institución y, al final del primer año decide entrar con los Hermanos, al Aspirantado de Gómez Palacio, Dgo. donde lo encontramos ya en julio de 1996.
Francisco Javier ingresa al Aspirantado y, a los dos días de su llegada, va con todos los recién ingresados a un retiro a Parmenia, en el Paraíso de la Sierra, en Durango. Son días de integración y de clarificación de motivaciones y conocimiento de formas de ser y hacer para ser un buen aspirante; cuatro días después se integraban al grupo de los nuevos los antiguos aspirantes y se iniciaba el campamento; campamento que Paquito gozaba en grande, por su amor a la naturaleza y por su espíritu de aventura.
Las actividades de este tiempo de formación, como son los tiempos de oración y retiros, el contacto con los alumnos del colegio, los paseos semanales, los trabajos en casa, el deporte y el trabajo en lugares muy pobres, como los centros de catecismo, son elementos que forjan al aspirante y, a la vez, son una oportunidad de iniciarse en el apostolado y trabajar con los más necesitados.
En el Instituto Francés de la Laguna, Paco fue muy apreciado por sus maestros y, pronto, sus compañeros descubrieron en él al amigo siempre dispuesto a ayudar, a dar una explicación o a aclarar conceptos no entendidos. Fue una etapa feliz para Paquito, nombre que le dieron sus compañeros, por cariño y, a la vez por respeto. Formarse para el seguimiento de Jesucristo según el estilo vivido y propuesto por San Juan Bautista de la Salle, fue el ideal que siempre abrigó en su interior.
PRESENTACIÓN PERSONAL Y GÉNESIS DE SU VOCACIÓN.
Inicia su Postulantado el 8 julio de 1998. Su director fue el Hermano Guillermo González, quien ha sido formador de numerosas generaciones de Hermanos, tanto en el Aspirantado, como en el Postulantado y en el Noviciado. Son 12 jóvenes que inician un proceso de discernimiento, para descubrir, en este año, si realmente es el Señor quien los ha llamado, y si ellos mismos se ven con la entrega necesaria para el servicio de Dios. En la presentación que hacían los Postulantes al Distrito, sobre ellos mismos, nuestro Hermano escribió el relato de su vida: “Mi nombre es Francisco Javier Sánchez Martínez. Mis papás son originarios de Fresnillo, pero viven en Guadalajara.
Yo, al igual que ellos, nací en la ciudad de Fresnillo, Zacatecas, pero al poco tiempo de esto, me llevaron a Guadalajara, donde ha trascurrido casi toda mi vida; soy el segundo de cuatro hermanos.
Entré a segundo de Preescolar al Colegio Febres Cordero; cuando entré, sus instalaciones estaban todavía en la calle de República, pero al pasar a tercero de Kinder cambió a sus instalaciones actuales, en la calle La Salle, en la colonia Lomas Independencia y aquí mismo continué mis estudios hasta primero de Preparatoria.
Cuando yo era pequeño, fue una vez a nuestra casa un amigo de mi papá que trabajaba de misionero en Brasil y me llamó la atención ser misionero, pero al pasar el tiempo ya no le presté importancia a ello. Fue hasta primero de Preparatoria, cuando, una vez, el Hermano Enrique Vargas nos dio una plática y, al final entregó una hoja en la que nos preguntaba acerca de nuestra opción vocacional: si queríamos ser misioneros, formar un matrimonio, solteros o Hermanos Lasallistas, en la cual yo marqué que me gustaría ser Hermano pero, en realidad, yo no tenía mucha noción de lo que esto significaba.
Después de uno o dos meses, el Hermano Guillermo García López platicó conmigo y me invitó a un retiro y en éste decidí entrar con los Hermanos, al finalizar la Preparatoria. Esto lo comenté con mis papás. Mi papá me hizo reflexionar sobre la idea de que al Señor no se le hace esperar, y entonces decidí entrar al Aspirantado, a 2º de Preparatoria. Al terminar la Preparatoria he entrado al Postulantado con el deseo de continuar mi formación. Mis papás han aceptado y me han brindado mucho apoyo, por lo cual doy gracias a Dios” (1).
Participó activamente en las diversas actividades de esta etapa, como son: la Misión en Ojo de Agua, la gira por los colegios, como parte del conocimiento de las obras de los Hermanos en el Distrito, el campamento de los Club la Salle, en Sierra de Lobos, actividades que los ponían en contacto con los niños, durante una semana, además de las reflexiones dadas semana a semana en el Colegio.
Los retiros mensuales y la y Ante la naturaleza. y vida de oración diaria, fueron forjando en Paco, al hombre espiritual y, por estos medios fue descubriendo la voluntad de Dios para su vida. Sus compañeros, en una evaluación comunitaria, al final de esta etapa, tenían esta apreciación: “un Hermano sencillo, sincero, sano, tierno y ecuánime. Se da a respetar. Austero en el uso del dinero. Exigente consigo mismo. Ordenado, respetuoso. Responsable de sus obligaciones. Un poco tímido, pues le cuesta relacionarse con gente nueva”.
En sus cualidades intelectuales, como estudiante, lo consideraban como: “alguien que dedica mucho tiempo al estudio y al trabajo. Lee bien y tiene buena ortografía. Hábil para esquematizar contenidos”.
En su aspecto religioso y espiritual destacan las siguientes características, que sus compañeros postulantes vislumbran en él: “Sabe descubrir la mano de Dios en los acontecimientos. Gusta de tomar notas de los Retiros espirituales. Prepara bien sus oraciones. Participa en la oración comunitaria. Se le ve atento en la oración”. Y en la vida comunitaria ya sobresalen las cualidades que se afianzarán, tanto en el Noviciado, como en el Escolasticado, manifestándose como un joven: “alegre, atinado para llamar la atención al que falla. Sabe escuchar y aconsejar. Servicial. No habla mal de nadie. Conciliador. En los conflictos comunitarios sabe mantenerse neutral. Responsable de sus obligaciones comunitarias, sabe invitar al trabajo”.
En el aspecto apostólico, sus compañeros entrevieron a un futuro Hermano entregado y generoso. Ellos se expresan así: “Notable su responsabilidad por sacar adelante a sus niños. Buena relación con los niños. Sabe adaptarse a los diferentes grupos. Tiene paciencia. Ha ganado en soltura al dar el catecismo”
También descubren algunas áreas de oportunidad, que nacen de su forma de ser medio retraído: “Aunque prepara sus clases con esmero, le falta creatividad. Se tensa en las reflexiones en secundaria y preparatoria” (2). El tiempo del Postulantado terminó y algunos de sus compañeros se retiraron, pero él, generosamente, dio el paso a la siguiente etapa y, a principio de junio de 1999 lo encontramos en el Noviciado.
NOVICIADO (1999-2000)
“Los novicios tienen necesidad de ejercitarse en la práctica de la oración prolongada, de la soledad y del silencio y encontrar un clima propicio para un arraigo, en profundidad, en la vida con Cristo”. Centesimus Annus, Juan Pablo II
La llegada al Noviciado fue una nueva realidad; dos grupos se unen en lo que será el Noviciado Interdistrital. En esta casa se encontrará nuevamente con su primer director de Aspirantado, el Hno. Alberto Flores Cantú, ahora subdirector de la casa, y con un Hermano sereno, espiritual, catequista entusiasta y preocupado por los más necesitados, el Hermano Julián Espejel, como Director del Noviciado.
La Toma de Hábito del grupo del Hermano Paquito fue el día 10 de julio de 1999: ocho nuevos novicios para el Distrito de México Norte y 15 para el Distrito de México Sur; una bella promesa y una bendición de Dios fue este grupo de 23 novicios. “La ceremonia se realizó en la parroquia de la Inmaculada Concepción, del pueblo de Moya, que lució plena al asistir a ella gran cantidad de Hermanos y familiares de los nuevos novicios” (3).
El tiempo del Noviciado transcurrió dentro de la normalidad y fue, sin duda, un tiempo maravilloso de tranquilidad y de contacto con Dios, a través de la oración, la meditación, el canto del oficio y los estudios propios del Noviciado. Los diferentes módulos, los cursos cortos y los retiros especiales, dentro de este tiempo de retiro se fueron sucediendo y, a la vez, ayudando al discernimiento, a la madurez y a la decisión plena de consagración al Señor por la primera profesión.
Santísima Trinidad, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, postrado con profundo respeto ante vuestra infinita y adorable majestad yo …me consagro. Con estas palabras, los labios y los corazones juveniles de nuestros Hermanos consagraron su vida al Señor el día 29 de julio de 2000, viéndose acompañados por el Hermano Adalberto Aranda en su retiro de preparación.
EL ESCOLASTICADO SU FORMACIÓN PERSONAL
Su paso al Escolasticado de Monterrey se realizó el día 31 de julio, siendo 6 Hermanos los que iniciaron esta nueva etapa. El tiempo de su Escolasticado (2000-04), fue una época feliz en su vida. Su Hermano director ha escrito: “Paco ha sido un don, un regalo de Dios para cada uno de nosotros; lo he acompañado en sus años de formación y, vivir en comunidad, con él, estos cuatro años, fue algo maravilloso. Prosigue diciendo: entre nosotros, que mucho lo amamos, le llamábamos ‘el santo Hermano Paquito’, un poco, por semejanza con el Hermano Miguel, a quien Paco tenía gran devoción. Todos bromeábamos con él, haciendo referencia a cierto parecido físico entre él y el Santo Hermano Miguel, patrono del Colegio donde estudió” (4).
Durante su Escolasticado tuvo la oportunidad de asistir a una reunión de Hermanos jóvenes, en San José de Costa Rica y cuando los Hermanos jóvenes, que lo habían conocido, se enteraron de su deceso, escribieron lo siguiente: “Sus Hermanos jóvenes del distrito de Centroamérica, nos hemos enterado del triste fallecimiento de nuestro Hermano Francisco Javier, con quien tuvimos la dicha de poder compartir momentos de reflexión, alegría y sueños conjuntos, como consagrados. Recordamos con sentimiento, su sencillez, su transparencia, su compromiso con los más necesitados su búsqueda de Dios, como el absoluto de su vida” (5)
En la universidad se destacó por su trabajo colaborativo, su cercanía con los compañeros, su espíritu de servicio y, a la vez, por buscar la excelencia en sus estudios, logrando un alto rendimiento que le hizo acreedor al mejor promedio de su generación. Al terminar su Escolasticado fue asignado a la Comunidad de Saltillo, la cual lo esperaba con los brazos abiertos y tenía muchos planes de apostolado para él.
La fiesta de graduación de Licenciado en Ciencias de la Educación, fue un triunfo para nuestro Hermano y una gran alegría para sus padres, en especial para su papá y para su hermano mayor, que asistieron, tanto al acto académico, donde el Hno. Paquito recibió el premio de Excelencia Académica y la medalla de oro de San Juan Bautista de la Salle, así como a la convivencia que prosiguió al acto académico que fue un momento de compartir el gozo del triunfo con sus papás, hermanos de familia y Hermanos de comunidad.
Terminada esta etapa de formación venía ya el amplio horizonte del apostolado que los esperaba. Los Hermanos escolásticos salieron a su retiro de preparación a la renovación de sus votos, en Guadalajara y a un verano de estudios religiosos en la Cd. de México, que eran las últimas etapas para ya integrarse a su nueva comunidad de apostolado.
ETAPA FINAL
“Nadie fue ayer, ni va hoy, ni irá mañana hacia Dios, por el mismo camino que yo voy. Para cada hombre guarda un rayo nuevo la luz del sol… y un camino virgen, Dios. (León Felipe).
Fiesta de Nuestra Señora del Refugio y fiesta de la generosidad para un nutrido grupo de jóvenes que renovaron ante Dios, sus familias y los Hermanos, sus compromisos religiosos; todo era alegría y esperanza. A la celebración Eucarística siguió el convivium fraterno y el fin de esta jornada.
Salieron los Hermanos en sus camionetas, rumbo a la Cd. de México. Seis Hermanos escolásticos, el Hno. Subdirector, Benjamín Cárabes y un Hermano joven de comunidad eran los viajantes de uno de los vehículos. Llevaban muy buen paso, pues deseaban llegar a la Capital a buena hora de la noche; tomaron la autopista Guadalajara México, pasaron la caseta que está cercana a
Ocotlán y, a los pocos kilómetros se dio una ponchadura en una llanta, haciendo que se perdiera el control del vehículo y vino la volcadura, dejando como resultado 7 Hermanos muy heridos y un Hermano, nuestro Hermano Paquito, que voló al cielo, de una forma instantánea, al quedar desnucado por la volcadura. Era el 4 de julio de 2004.
La noticia corrió como regadero de pólvora; la alegría vivida unos momentos antes se convirtió en tristeza y no quedó más que exclamar “adoro en todo la voluntad de Dios, el día de hoy”, palabras del Hermano Director del Escolasticado, parafraseando al Santo Fundador, y agregó: “Doy gracias a Dios, con todo mi corazón, por conservar la vida de mis otros siete Hermanos”…
El funeral se realizó en el Postulantado de Guadalajara y la Eucaristía fue en el mismo recinto donde, el día anterior, se había celebrado la renovación de los votos religiosos que, para nuestro Hermano Francisco fue su profesión perpetua, aunque no canónicamente, pero si vivencialmente.
Durante la Misa de exequias se preparan palabras llenas de fe y entre ellas se destacan tres bienaventuranzas: “Dichosos los que son muy amados, porque repartirán amor en su derredor”. Paco es nuestro Hermano, por el verdadero vínculo del amor cristiano. Él nos amaba a nosotros y nosotros a él. Él sabía amar porque había sido muy amado. Desde su hogar fue siempre muy amado.
Nos basta ver a sus papás y familia, para darnos cuenta que había recibido tal amor y tal cariño, que le permitía confiarse totalmente en Dios, en los demás, en sus Hermanos, amigos y amigas, entregarse y confiarse con transparencia y sencillez; tenía uno de los dones más altos del amor: sabía decir con claridad y caridad aquellos puntos que nos dolía escuchar, pero que a través de él no dolían.
“Dichosos los que no ponen su atención en sí mismos y se hacen transparentes, porque Dios se hace presente a través de ellos”. Paco cultivó la austeridad, la sencillez y la humildad, que provocaban ternura en aquellos que se le acercaban…
“Dichosos los que desean la santidad cotidiana, porque serán fuente de alegría para los que vivan con ellos”. Paco deseaba la santidad, pero la santidad de todos los días, la santidad en las labores y en las responsabilidades cotidianas; santidad en el platicar y escuchar al Hermano, la de empeñarse en sus tareas, como maestro y en los servicios sencillos de la casa, como barrer, trapear, levantar la mesa… vivir con Paco era fuente de alegría, paz y gozo… (6).
Al definir a nuestro Hermano como religioso, se puede decir que fue un Hermano que supo escuchar con fe. Al escuchar con fe, se dio cuenta de que era Él, Cristo, quien le hablaba, y así pudo poner en práctica lo que escuchaba, y trató de vivir el Evangelio con sencillez. No fue el lenguaje, quien dio testimonio de su fe, fueron sus acciones, su trato lleno de simplicidad, de paz, de apertura, que trasmitía bondad.
TESTIMONIO DE SU TÍO
Creo, Señor, en tu presencia; Creo, Señor, en tu fidelidad. Creo que eres el Dios de la vida; creo que eres un Dios de amor.
Por eso te doy gracias por la vida de Francisco, y porque en él me diste no sólo un sobrino, sino alguien con quien compartir un trecho del camino.
Gracias por sus padres, gracias porque me compartieron su paternidad, al hacerme su padrino.
Gracias, Señor, por la Salle, quien lo invitó a compartir un proyecto de vida, en el amor y la entrega. Gracias a Paco, quien, al responder, quiso hacerse también mi Hermano. Gracias Señor porque fue fiel a su vocación y por su vida, testimonio de bondad y fidelidad
Gracias, porque siempre fue muy independiente en su proceso vocacional y me invitó a compartirlo cuando Tú ya habías madurado la decisión en él.
Gracias por su sencillez, por su bondad, por su sonrisa. Porque su timidez no le impedía decir la verdad de forma clara y directa. Gracias por su persona, que al ser un testimonio claro y creíble, fue su más grande enseñanza.
Gracias, porque al llamarlo contigo, nos has recordado que Tú eres lo único importante. Gracias al pensar en él, junto al desconcierto y tristeza, nuestro corazón se ha elevado en alabanza, agradecimiento y admiración. Gracias, Señor, porque tus obras son maravillosas. Gracias, Señor, porque tu fidelidad es eterna. Creo que eres el Dios de la vida; creo que eres el Dios del amor.
Hno. Julián Roberto Martínez Sánchez