ANECDOTARIO
ANECDOTARIO
"UPAEP, mi puerta al mundo"
Danaé Sandoval Mendoza
Enlace de promoción académica del Decanato de Ciencias creativas
Mi experiencia en UPAEP comenzó hace 17 años cuando ingresé al Bachillerato Santiago. Me emocioné mucho cuando mis padres me dieron la oportunidad de estudiar ahí porque es algo que yo quería. En mi etapa de preparatoria, experimenté una competencia sana por destacar en el ámbito académico y aunque no lo sabía, esto me ayudó a ingresar a la universidad posteriormente.
Yo tenía un profundo deseo de ingresar a la Universidad en UPAEP, sin embargo, la situación económica en mi hogar, no lo permitía; mis padres me hacían hincapié en que aprovechara la educación del bachillerato porque mis estudios de educación superior los haría en una universidad pública. Estaba consciente de ello y cuando tuve la oportunidad de visitar la universidad, anhelaba poder continuar mis estudios ahí.
Dicen que debes tener cuidado con lo que deseas porque podría hacerse realidad y en este sentido, deseaba tanto estudiar en UPAEP que el camino se fue abriendo y las oportunidades fueron llegando. Me tocó experimentar el confinamiento por el virus H1N1 que no fue nada a comparación con el reciente suceso de la Pandemia, y quiero recordar este suceso porque fue el tiempo que yo tuve para hacer un proyecto de investigación para una convocatoria que vi sobre el ingreso a la Universidad.
Con toda franqueza debo confesar que no tenía ni idea de qué era hacer un proyecto de investigación y menos de qué proyecto podía presentar, pero yo vi ahí una oportunidad para estudiar en UPAEP y la tomé. Para mi sorpresa, aprobaron mi proyecto, pero el porcentaje de beca aún no era suficiente para que mis padres pudieran afrontar ese gasto. Yo estaba en paz con ello porque lo que quería era solamente no quedarme con las ganas de hacer un intento de ingreso.
Otro de mis deseos era poder dar el discurso de despedida del bachillerato y competí contra varios chicos que deseaban lo mismo, pero gracias a Dios, ese fue otro deseo materializado. En ese entonces, el Dr. Alfredo Miranda, quien fungía como rector, acudió a la ceremonia de graduación; escuchó mi discurso, le gustó y me pidió que lo llevara a la universidad para que lo publicaran en el periódico. En esa ceremonia también recibí el reconocimiento Cruz Forjada (que, en ese tiempo, se otorgaba a los alumnos que a lo largo del ciclo escolar obtuvieran un promedio igual o superior al 9.7).
No pasaron muchos días para que llevara mi discurso con el Rector y aunque ni siquiera agendé una cita, cuando llegué a dejarlo, parecía que me estaba esperando. Me preguntó sobre qué iba a hacer con mis estudios, le comenté que había solicitado una beca de investigación pero que no había obtenido el porcentaje necesario para que mis padres pudieran cubrir las colegiaturas y él de manera extraordinaria, me ofreció aumentar el porcentaje para que pudiera estudiar en UPAEP.
Recuerdo que, saliendo de la oficina del rector, le llamé a mi mamá comentándole lo que había sucedido y ella me dijo que ya sabía que algo así podía suceder, estábamos felices por la noticia y la oportunidad. Ese fue el principio de grandes experiencias y aprendizajes. Uno de los requisitos para mantener la beca que tenía era participar en ExpoCiencias, nunca imaginé que sería mi puerta para descubrir el mundo y lo que me llevaría a lograr algunas de las satisfacciones más grandes de mi vida.
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Junto con mi amiga Cecilia Meza Lima, quien también estudió Derecho, conseguimos obtener logros locales, regionales, nacionales e internacionales. Participamos en las ExpoCiencias Regionales de Tlaxcala y Puebla, logrando los primeros lugares y acreditaciones para participar en ExpoCiencias Nacionales de CDMX y Puebla, también participamos en la ExpoCiencias Latinoamericana en Paraguay y nuestro logro más importante fue llegar a la Feria Mundial que se celebró en Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos en 2013, en esta última etapa, se integró a nuestro equipo Alma Valencia Huerta, quien estudió Economía.
Conseguir la financiación para poder viajar a estos lugares, fue todo un reto y resultó toda una experiencia, ya que recibí mucho apoyo por parte de la comunidad UPAEP. Recuerdo que me faltaba un aproximado de 20mil pesos a tan solo una semana del viaje, hice una rifa y en tres días conseguí el dinero faltante, gracias al apoyo y la solidaridad de la comunidad, en especial de los profesores, quienes, sin dudarlo, me apoyaron comprándome boletos.
Ganar estas acreditaciones, me dio además la oportunidad de conocer a gente brillante, que desde sus trincheras proponían cuestiones científicas en diversas áreas del saber y que eran desde niños de 7-8 años hasta expertos en las materias que fungían como asesores. Conocí gente increíble con las que viví experiencias que “el dinero no puede comprar” como es el slogan de una reconocida marca de tarjetas, hay muchos nombres que podría mencionar, pero la persona a la que quiero reconocer es a mi amiga Cecy, quien decidió aventurarse conmigo en esta experiencia y me brindó todo el apoyo que necesité. Ambas viajamos a otros lugares del mundo, pero no solo lo hicimos como turistas, sino como representantes de nuestro país en un certamen de ciencias.
Nunca fui muy buena en los deportes, pero siempre equiparé mi participación como delegada mexicana, con participar en las olimpiadas y así me sentí, con un orgullo inmenso de poder representar a México en el extranjero. Hoy puedo decir que esa ha sido una de las satisfacciones más grandes que he tenido, porque los viajes implicaban más que conocer otra lengua, otra cultura, sino que representaba ver el fruto del esfuerzo de años de trabajo y dedicación. Hoy que miro hacia 10 años atrás, cuando pisé Emiratos Árabes, donde viví la materialización de un sueño, me doy cuenta que los límites solo existen en nuestra mente y que nuestra mente y nuestros pensamientos son tan poderosos que hacen realidad lo que creemos y sentimos.
Algo que me gustaría agregar es que la vida no es lineal: que el estar arriba, también en algún momento va a implicar estar abajo y se puede disfrutar de todas las etapas, que un premio y un reconocimiento es por demás satisfactorio pero el mayor reconocimiento que una persona puede tener es el reconocimiento propio y la mayor conquista es lograr el amor propio.
Sin ambos ingredientes (el reconocimiento y amor propios) ningún premio, trofeo, viaje, ascenso, trabajo, proyecto, nos va a llenar, porque buscamos afuera lo que está adentro y en este mundo donde a veces es importante la foto bonita para las redes sociales, es muy fácil perder de vista lo que realmente vale la pena.
Me gustaría cerrar estas líneas diciendo que siempre podemos ver más allá de nuestros horizontes y nuestros propios límites, porque las cosas extraordinarias no son más que cosas ordinarias ejecutadas de una muy buena manera y por qué no, poniendo también el alma y el corazón.
Con mucho cariño:
Danaé Sandoval
Responsable de sección Mtra. Gabriela Ramírez Narváez