La extremidad superior humana es altamente móvil y especializada en funciones que requieren precisión, fuerza y estabilidad. Esta movilidad es posible gracias a la interacción entre diversas articulaciones, que trabajan en conjunto para permitir movimientos coordinados y eficientes. En este documento se abordará la estructura y movimientos de las articulaciones de la cintura escapular, el hombro, el codo, la muñeca y la mano, destacando su relevancia biomecánica y clínica. Además, se identificarán las acciones musculares y las sinergias entre los grupos musculares estabilizadores y los que contribuyen al movimiento y coordinación de estas articulaciones.
La cintura escapular está formada por las siguientes articulaciones:
Articulación esternoclavicular: Une el esternón con la clavícula y permite movimientos en tres planos.
Articulación acromioclavicular: Conecta la clavícula con el acromion de la escápula y proporciona estabilidad a la articulación del hombro.
Articulación escapulotorácica: Aunque no es una articulación sinovial, permite el deslizamiento de la escápula sobre la parrilla costal y es esencial para la movilidad del hombro.
La articulación glenohumeral es de tipo esferoidea, permitiendo un amplio rango de movimientos.
El codo está compuesto por tres articulaciones:
Humeroulnar: Permite flexión y extensión.
Humerorradial: Participa en la flexión y extensión.
Radioulnar proximal: Responsable de la pronación y supinación.
La muñeca está formada por la radiocarpiana y la mediocarpiana, permitiendo movimientos en múltiples direcciones.
La patokinesiología es el estudio del movimiento anormal o alterado debido a disfunciones musculoesqueléticas, neurológicas o estructurales. Se relaciona con la kinesiopatología, que estudia cómo el movimiento anormal puede generar daño estructural en los tejidos. Mientras que la kinesiopatología se enfoca en cómo una alteración en la mecánica del movimiento puede generar una lesión, la patokinesiología analiza cómo una lesión o disfunción preexistente impacta la calidad del movimiento.
El reconocimiento de ambas perspectivas es esencial en la evaluación y el tratamiento de las disfunciones musculoesqueléticas. En el enfoque terapéutico, abordar solo la patokinesiología sin considerar la kinesiopatología puede llevar a la reincidencia de la disfunción, ya que no se trataría la causa primaria del problema. Por ejemplo, un paciente con un pinzamiento subacromial puede experimentar dolor y movilidad reducida debido a la inflamación de la bursa y el tendón del supraespinoso (patokinesiología), pero la disfunción primaria puede estar en una alteración en la movilidad escapular o en la activación muscular ineficiente (kinesiopatología). Para poder etiquetar una disfunción del movimiento como patokinesiología o kinesiopatología, es necesario vincular la lesión o deterioro (pato) con la disfunción del movimiento (kinesio). Por ejemplo, una epicondilitis es una patología. Relacionarla con el sobreuso o movimientos repetitivos como su causa nos permite etiquetarla como una kinesiopatología.
El hombro es la articulación más móvil del cuerpo humano, lo que la hace altamente susceptible a disfunciones por inestabilidad, desbalances musculares y alteraciones biomecánicas. La mayoría de las lesiones del hombro ocurren debido a un déficit en la coordinación escapulohumeral o una alteración en los patrones de activación muscular.
Debilidad del serrato anterior: La ineficiencia en la activación del serrato anterior reduce la rotación superior de la escápula durante la elevación del brazo. Esto provoca una mayor dependencia del trapecio superior y un acortamiento compensatorio del elevador de la escápula y los romboides, resultando en una escápula alada y predisposición al pinzamiento subacromial.
Hipermovilidad glenohumeral: En pacientes con laxitud ligamentaria o debilidad del manguito rotador, la cabeza humeral puede desplazarse excesivamente dentro de la cavidad glenoidea, aumentando el riesgo de inestabilidad y desgaste articular progresivo.
Alteraciones en la cinemática escapular: Un patrón de movimiento inadecuado de la escápula afecta la distribución de fuerzas en la articulación glenohumeral, aumentando la fricción en los tendones del manguito rotador y predisponiendo a lesiones como la tendinitis del supraespinoso.
Síndrome de pinzamiento subacromial: Se produce por la compresión de la bursa subacromial y los tendones del manguito rotador contra el acromion. En términos patokinesiológicos, se traduce en dolor durante la abducción del brazo, reducción de la movilidad activa y compensaciones posturales para evitar la exacerbación del dolor.
Lesión del manguito rotador: Un desgarro parcial o total en uno o más músculos del manguito rotador (supraespinoso, infraespinoso, subescapular y redondo menor) provoca debilidad en los movimientos de rotación y abducción, afectando la estabilidad glenohumeral y la capacidad de realizar movimientos por encima de la cabeza.
Inestabilidad glenohumeral: Puede manifestarse en diferentes grados de subluxación o dislocación, lo que genera inseguridad en los movimientos del brazo, dolor y disfunción del control motor fino.
El codo es una articulación estable, pero propensa a lesiones debido a movimientos repetitivos y sobrecarga. En la mayoría de los casos, las alteraciones en el codo son secundarias a disfunciones en la muñeca o el hombro, debido a la continuidad funcional de la cadena cinética del miembro superior.
Epicondilitis lateral (codo de tenista): Se origina por la sobrecarga repetitiva en los tendones extensores de la muñeca, afectando la estabilidad del codo y reduciendo la fuerza de agarre.
Epicondilitis medial (codo de golfista): Afecta los tendones flexores del antebrazo, generando dolor en la cara medial del codo y alterando la función de la muñeca.
Síndrome del túnel cubital: Compresión del nervio cubital en el codo, causando debilidad en la flexión y aducción del cuarto y quinto dedo, afectando la coordinación manual.
La muñeca es una articulación clave en la función manual y está expuesta a estrés mecánico constante. Su biomecánica está fuertemente influenciada por la estabilidad del antebrazo y la mano.
Síndrome del túnel carpiano: Compresión del nervio mediano en el túnel carpiano, causando debilidad en la flexión de los dedos y parestesias en la mano.
Tendinitis de De Quervain: Inflamación de los tendones del abductor largo y extensor corto del pulgar, generando dolor en la base del pulgar.
Inestabilidad escafolunar: Lesión de los ligamentos escafolunares que compromete la estabilidad del carpo y la eficiencia de la prensión.
La mano es una estructura altamente funcional, susceptible a lesiones traumáticas y degenerativas que afectan la precisión de los movimientos y la fuerza de agarre.
Dedos en gatillo: Inflamación de los tendones flexores que provoca bloqueos en la flexión de los dedos.
Lesión del ligamento colateral cubital del pulgar (pulgar del esquiador): Compromete la estabilidad del pulgar y su capacidad de agarre.
Artritis de las articulaciones interfalángicas: Desgaste del cartílago articular que genera rigidez y dolor en los movimientos digitales.
El estudio de la patokinesiología permite comprender cómo las lesiones y disfunciones afectan la mecánica del sistema musculoesquelético. La identificación de alteraciones funcionales y estructurales en el hombro, codo, muñeca y mano es crucial para el diagnóstico y tratamiento en kinesiología y rehabilitación. Comprender la relación entre kinesiopatología y patokinesiología facilita la intervención en la causa primaria de la disfunción y evita la recurrencia de lesiones, optimizando la función y reduciendo el riesgo de deterioro articular a largo plazo.